Pablo Sirvén /La Nación (Argentina), 29 Ene
Utilizan flechas de madera para cazar, se visten con tejidos de tonalidades lilas y rojas, se perforan las orejas y viven en chozas levantadas con ladrillos fabricados con paja, barro y excrementos de animales.
El siglo XXI parece no haber llegado aún para las tribus masái de Kenia y Tanzania. Seminómades, son pastores de ovejas y cabras que todavía viven a pleno un rancio machismo ritual: un hombre rico puede llegar a poseer hasta veinte mujeres.
En cambio, resultan más austeros en materia de religión: son monoteístas y creen en Ngai, el dios al que veneran porque les trae lluvias.
Empantanados en otro tiempo, sin embargo, hay algo que los masái vienen apreciando mucho desde no hace tanto: los smartphones.
¿El dispositivo llegó para trastocar la ancestral cultura masái? ¿Se occidentalizarán y dejarán de lado sus bailes tribales para mandarse mensajitos con simpáticos emojis?
Al parecer, no llegarán a tanto -por ahora-, pero cada vez más miembros de esa comunidad cuentan con su respectivo telefonito para intercambiar creciente información meteorológica, llamar al curandero, cuidarse de la fauna salvaje y localizar recursos. ¿Cuánto falta para que empiecen a bajar música y coquetear en las redes sociales?

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