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Hitler y el arte

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Es sin duda Adolfo Hitler uno de los personajes más relevantes en la historia de la humanidad, gracias a sus acciones (o desgraciadamente, según se quiera ver) el mundo cambió para siempre. Sea para bien o para mal es incuestionable su influencia en la transformación de la sociedad moderna. Estados Unidos se encargó de poner sobre él el más grande prejuicio, pero en secreto muchos de sus ciudadanos lo admiran y alaban. Los que han leído ese fantástico libro titulado “Mi lucha” no podrán negar que en muchos casos Hitler tenía toda la razón en muchas perspectivas de la vida, he incluso, después de leerlo, es fácil convertirse en fan.

Adolfo Hitler nació y pasó su juventud en Austria en una época en que el mundo artístico era casi inigualable en ese lugar, la Secesión había dejado un precedente invaluable, pues fue gracias a este movimiento que se iniciaron nuevas concepciones en el plano creativo y de ella surgieron personajes como Gustav Klimt, Sigmund Freud, Otto Wagner u Oskar Kokoshca. Es así que con una educación casi nula y una pintura influida por el impresionismo francés, en 1913 Hitler intentó ingresar a la Academia de Artes de Viena y aunque no era un mal pintor, fue rechazado. Su sueño de convertirse en artista se frustró, pero no su interés por las artes.

Con el paso del tiempo, Hitler dejo los pinceles por los discursos y la inspiración por el odio, se convirtió en un tirano y comenzó a enloquecer en el poder. Siendo líder del Tercer Reich desato una búsqueda incansable contra todo aquel artista que estuviera en desacuerdo con sus ideas y discursos, y no solo los expulsaba del país nazi, también les confiscaba su trabajo. Con todas estas obras confiscadas organizó la exposición itinerante “Arte degenerado”.

Hace poco tiempo el canal History Chanel transmitió una serie documental en donde se hacía un recuento de la vida de Hitler. En uno de los capítulos se comentaba que al final de la segunda guerra mundial, cuando Alemania estaba en franca derrota, Hitler, en un arranque de locura o quizás de claridad, comenzó a comprar a diestra y siniestra muchas obras de arte, es decir, casi al final de su vida lo único en lo que encontró sentido fue en el mundo artístico.

A mi parecer Hitler nunca dejo de sentirse artista, y aunque fue rechazado de la academia, siempre creyó que tenía la razón de las cosas. Él mismo plantea en “Mi lucha” que en todos los niveles las instituciones estaban tomadas por los extranjeros y judíos; su ego, su convicción y su odio lo hicieron rebasar esa meta de querer ser solo artista. Y es que desde una cierta perspectiva, podríamos decir que Hitler realizo la serie de performances más trascendental de la historia. Por ejemplo, nos comenta en una entrevista el artista polaco y de performance Marcos Kurtycz: “Yo prefiero cuando habló de la historia –todo se vale, todo cuenta-, recordar que yo tengo la experiencia de niño del performance más grande del mundo, ¡yo sobreviví a la segunda guerra mundial!”. Y es que estoy casi seguro que así lo vivió y sintió él mismo Hitler, pues realizó acciones que cambiaron para siempre la historia de la sociedad y nos solo el del mundo del arte, quizás en su cerebro transformado y trastornado por el rencor, Adolfo Hitler se sintió siempre el más grande artista incomprendido, y sus acciones, la más grande obra de arte de todos los tiempos.

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