Código Tlaxcala
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¿Golpe Traidor?

 

Juraste que me querías
Poniendo tu mano en el corazón…

(El golpe traidor, Los Tigres del Norte)

 

Gabriela Carvajal Rubilar, abogada y jefa de departamento del gobierno de Mariano González Zarur, tituló “La traición” su columna de esta semana.

Escribió, a propósito de las votaciones del pasado domingo: “nos dejó un muy mal sabor de boca a muchas y muchos, pero no por no saber perder, porque reconocemos el triunfo de Lorena Cuéllar, quien será la segunda gobernadora de la historia de Tlaxcala y a quien le deseo éxito en su gestión y que sea en favor de nuestro estado; sino que este mal sabor lo deja la traición de la que tanto se habla (subrayado mío) que hubo de por medio”.

Se habla, sí. Y no es de ahora.

Para no ir más lejos, la propia Lorena -a quien con no menos vehemencia deseo éxito por el bien de todos- entendió su derrota de 2016 como una traición con siglas (PRD) y rostro (el de Manuel Cambrón). Ha reiterado dicha hipótesis incontables veces.

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El caso es que, así encarrerada, la columnista tarda apenas un párrafo en darnos la ficha completa del “traidor” de moda.

Lo exhibe sibilinamente, como volviendo a hurtar el cuerpo propio al asunto, así: “quizá hoy está de más decirlo, pero escuché (subrayado mío) a personas con mucha valentía de manera clara y abierta manifestar que fue el gobernador quien traicionó este proyecto”. (Virtudes la valentía y lo claridoso ajenas, como vemos, a la articulista.)

Gabriela reconoce el triunfo de la gobernadora electa aunque lo atribuye parcial o totalmente al presunto Judas de la causa tricolor: Marco Mena. “Hoy son muchas las personas que lo vivieron directa o indirectamente y afirman (nuevo subrayado mío) que fue el gobernador de nuestro Tlaxcala el factor que inclinó la balanza de manera significativa en favor de Lorena.”

Previsiblemente, algunos párrafos después la traición deja de ser lo escuchado a Fuenteovejuna; y pasa Gabriela a considerarla un dato duro. “Fue un acto (subrayado mío) que laceró a muchas personas [que] creían en usted Señor Gobernador.”

Lo leído me retrotrajo hasta 1992, a una mesa del café Woolworth de la calle Libertad, en el mero centro de la ciudad de Chihuahua. Nos juntábamos a charlar entre tazas de café con colegas y políticos, entre los cuales dos hermanos profesores del SNTE a los que llamábamos “los Porras”. Habían transcurrido uno o dos días desde las votaciones para gobernador, ganadas por Francisco Barrio en su segundo intento con 6 puntos de ventaja (menos de 50 mil votos).

Los Porras, de suyo graciosos, divertidos, siempre bien informados, buenos amigos de sus amigos, aunque también marrulleros insuperables como buenos discípulos que eran de un famoso mapache chihuahuense de la época, estaban rabiosos. Ni el furioso sol norteño podía amansarlos.

-Baeza nos amarró las manos. Y al gobernador se las amarró el Centro. ¡Yo hubiera arreglado la elección en veinte casillas! -se lamentaba en altavoz el más gordo, el mayor.

Volví a escuchar la misma teoría ocho años más tarde, en el 2000. Cuando Fox ganó la presidencia con ventaja de poco más de 6 puntos (unos 2.5 millones de votos). Esa vez, el traidor habría sido el presidente Zedillo. Tan claro como las aguas del Zahuapan.

Por supuesto he escuchado lo mismo siempre que el partido en el poder (en la gubernatura si la elección es estatal, en la presidencia si federal) pierde. Siempre hay un Judas que limpie el prestigio de los operadores del bando perdedor.

Por todo eso pienso que el pretexto del golpe traidor es a la vez una excusa profesional y un reclamo al hombre fuerte por no proceder como antaño, o en términos más modernos, en modo “haiga sido como haiga sido”.

Lo segundo, claro, es solamente una intuición.

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