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Debate: Ganó Anaya

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Mal empezó López Obrador, hasta ahora puntero de la elección presidencial, el primer debate.

Espectacular fue dejarse acorralar por tres representantes de las dos últimas presidencias de México: Zavala, Anaya y Meade, habida cuenta de que el crimen –cuyas obras principales son flagelos tan sensibles como las desapariciones, el homicidio y el secuestro- floreció precisamente, según propias cifras oficiales, durante los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña.

Aseverar que la solución es a largo plazo por derivar dichos flagelos de la pobreza y el desempleo, equivale a una evasión.

Desaprovechó una gran oportunidad, quizás la principal.

Patético al cerrar el primer bloque: “Me están echando montón”.

Luego comenzó bien el bloque sobre corrupción, su otra ventaja habida cuenta de que no gobierna desde 2005, ¡hace ya 15 años!

“Los peores grandes criminales son niños de pecho en comparación con los políticos que roban”, asestó. Sin embargo, tampoco halló réplica convincente ante los ataques. Inútilmente huidizo ante las cámaras de la tele, permitió que le reprocharan los casos ¡de hace 15 años! que implicaron a Ponce y Bejarano.

Desaprovechó Odebrecht –trama que implica a Calderón y Peña-, la “nueva generación de priistas” (los Duarte, Borges, Medina, etc.), la extradición de Yarrington a E.U., las fugas insólitas del Chapo, la absurda aprehensión y humillación del Dr. Mireles, las estafas maestras, los escándalos de SEDESOL y la SEP, etc.

López, fallida estrategia de evasión.

Fiado –lo dijo- a su enorme ventaja en las encuestas, pareció optar por el ostracismo. ¿Esperaba que sus rivales se acabarían entre ellos? Podría quedarse esperando…

“Me traen en la punta de la lengua”, reiteró. ¿Y qué esperaba, siendo el puntero?

El caso Odebrecht fue traído a colación por los moderadores. Merker describió el ejemplo de esa “clara impunidad”.

“Acabar con la corrupción y predicar con el ejemplo. Se puede acabar con la corrupción si lo decide el presidente. Los moches de 10 millones de dólares, la mitad de ese dinero se utilizó en la campaña de Peña Nieto” –atinó a balbucear el puntero.

“Explica por qué no contagiaste con el ejemplo a Ponce y Bejarano” -lo desnudó Anaya. “Coincido con el diagnóstico, pero López Obrador propone en su libro que él designará al fiscal anticorrupción.”.

Vuelta al ostracismo, al renunciar momentáneamente a la réplica. Luego recogió la oportunidad: “Nosotros no nos oponemos a la fiscalía independiente, nombrada por el Congreso. lo que no queremos es la farsa de simular y proteger a los corruptos.” “¿Saben qué decidieron en el Instituto de la Transparencia: reservar la información del caso.”

Implacable, Anaya le volvió a recordar su propio libro, el párrafo donde dice que el Presidente nombraría al fiscal.

A Meade no le alcanzó, esta vez.

“No le respondes a los mexicanos. Eso es marrullería. No te confíes en las encuestas, la elección es hasta el 1º de julio” –le explicó El Bronco, generoso y paciente.

Paralizado, López Obrador ni siquiera supo contestar a Meade, representante del PRI, cuando le imputó poseer tres departamentos que no aparecen en la declaración “3 de 3”.

Algo ganó, López, cuando Anaya y Meade se trenzaron en reproches mutuos. No porque sea mejor, sino por ser -tal vez- el de cola menos larga.

Otro broche lo puso otra vez Anaya, al mostrar una foto del priista con él prófugo César Duarte ante un pastel. “¿De qué tamaño es la rebanada que te tocó?” –clavó el joven maravilla, a la altura de un perseguidor principal del puntero.

Lo demás sería muy secundario.

Zavala afirmó con voz balbuceante que si un hijo suyo fuera gay, sí lo dejaría casarse con otro hombre…

“El PRI, por primera vez en su historia, eligió a un ciudadano transparente, honesto y preparado” –se deslindó a su vez, poco creíble, Meade.

Muy bien El Bronco, aunque se puso mutilador.

“El INE me dio muy poquitos spots”, se quejó El Bronco al ofrecer un teléfono a los ciudadanos. No podría empero borrar su propuesta previa de cortar las manos a los ladrones.. De Mocha-Manos no lo bajan los memeros…

“Prensa libre, sociedad civil fuerte, primer gobierno de coalición en la historia de nuestro país” –resumió Anaya su propuesta.

Y así por el estilo.

Anaya ganó el primer round. No lo ganó El Bronco por la tontería de mutilar a los rateros (se vio muy bronco).

López perdió –perdido él mismo en su subcultura antidemocrática, extraviado en el deseo de no arriesgar la ventaja, metido en hallar algo inexistente debajo del podio. Atrapado en una estrategia encorsetada, francamente peligrosa.

Puso en peligro su casi segura victoria, por pusilánime.

Habrá que ver las encuestas. Seguramente Anaya descontó algo, tal vez entre 2 y 8 puntos (por decir algo). Y aún faltan dos debates.

Así, en adelante todo dependerá de López. Le queda tiempo para entender que la victoria se le puede ir si persiste en la estrategia del avestruz.

Zavala, indemne del fardo Calderón.

¿Y Meade? Creo que fue el principal perdedor. Para el gallo del PRI no había margen de maniobra. No se podía permitir un empate, iba por todo. Los priistas deberán ir eligiendo ganador entre Anaya y López.

Al cabo, el columnista me quedé con lo que ya sabía: no hay gran cosa de donde elegir. No hay buenos contra malos. Apenas hay regulares –muy regulares- contra regulares (muy regulares).

Verificado: el próximo presidente será otro hombre más bien grisáceo. Un enésimo enigma, en suma.

Pero todavía quedan dos rounds. Ya veremos. Hay pelea.

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