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Familia Munguía González: Crónica de una Injusticia Impune

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Piden que Presidente del TSJE y Procuradora Saquen las Manos del Caso

Esta mañana, Juan Munguía Huerta gritó su verdad ante el Tribunal Superior de Justicia del estado de Tlaxcala, para demandar la reparación de un daño atroz causado a su familia de campesinos hace ya 12 años, por el procurador Eduardo Medel Quiroz, su entonces subprocurador Miguel Bayardo del Villar y el comandante Nicolás Escutia.

Gudelia González Guevara, la esposa, no estuvo presente porque es quien se echó al hombro la manutención de una familia que no quiso darse por vencida ante el horrendo abuso de autoridad del gobierno de Alfonso Sánchez Anaya. En compensación, acompañaron a Juan la mañana de este lunes su madre Esperanza Huerta Mejía, de 73 años, y su padre, el hortelano José Delfino Munguía Contreras, ya casi octogenario. También su media hermana Jovana Munguía Huerta, y Yuriana y Juan Munguía González.Todos con los dientes apretados.

Todos, llorosos al evocar ante los reporteros una pesadilla que a punto estuvo de destruir a la familia de un tlaxcalteca inocente.

UN NUEVO GOBIERNO

Cuando, en 1998, el PRI le negó a Alfonso Sánchez Anaya la candidatura al gobierno de Tlaxcala, el descendiente de Emilio Sánchez Piedras fue postulado por una coalición encabezada por el Partido de la Revolución Democrática.

El entonces presidente nacional del PRD, Andrés Manuel López Obrador, negoció en la Ciudad de México una alianza con los partidos del Trabajo (PT) y Verde Ecologista (PVEM), a lomos de la cual ASA logró doblegar, por menos de 3 puntos porcentuales, en las urnas al gallo tricolor Joaquín Cisneros Fernández.

Así, el nuevo gobierno puso fin al predominio del PRI, e inició la era de la alternancia del poder en el estado de Tlaxcala, considerado por entonces un bastión del partido oficial.

En 1997 el PRD había ganado la elección de Jefe de Gobierno del DF con Cuauhtémoc Cárdenas; en 1998, por vez primera le fueron reconocidos sendos triunfos de gobernador, en Tlaxcala con Sánchez y en Zacatecas con Ricardo Monreal. Había, pues, motivos para el regocijo y la esperanza.

A la sazón Sánchez Anaya había contraído segundas nupcias con Maricarmen Ramírez García, una reportera oriunda del Estado de México a quien había conocido, siendo legislador federal del PRI, en los pasillos de la Cámara de Diputados. Dicen los que saben que durante una de las primeras reuniones con su equipo de colaboradores, el nuevo gobernador de Tlaxcala puso en claro su propósito de instaurar un “proyecto” de 30 años, en cuyo centro había decidido colocar a su joven esposa.

Maricarmen Ramírez no perdió tiempo. Una de las primeras decisiones de la primera dama de Tlaxcala fue importar a un ex ex inspector de la División Antidrogas de la Policía Federal, Miguel Bayardo del Villar.

A sabiendas de que el recomendado de su consorte acababa de ser despedido bajo sospechas de corrupción, el flamante gobernador neoizquierdista no puso objeción al deseo de la avispada periodista súbitamente encaramada hasta la cúspide del poder local.

Así, Bayardo fue designado como subprocurador de Tlaxcala, convirtiéndose en el brazo derecho de Eduardo Medel Quiroz, el hombre elegido por Sánchez Anaya para hacer justicia a los tlaxcaltecas.

OLA RÉCORD DE SECUESTROS

Sin embargo, a pocos meses del arranque del mandato de ASA, una espesa sombra cayó sobre el primer gobierno tlaxcalteca surgido de la oposición al PRI. Los que tienen edad y memoria suficientes dicen que por entonces hubo récord de secuestros en Tlaxcala. Recuerdan que en el lapso de un año y medio se denunció una veintena, y especulan que en realidad la cifra superó el centenar.

Alguien estaba secuestrando a manos llenas a hijos y parientes de familias acaudaladas. Y peor: la tónica de tan grave delito era la impunidad.

Aldo Calva Reyes, el abogado de Juan Munguía Huerta, asevera haber hablado con algunas de las víctimas y sus familiares.

“Durante mis investigaciones acerca del caso de mi cliente, hablé con muchas personas. Un día, cuando los secuestros habían sembrado el terror por todo Tlaxcala, un familiar de una de las víctimas me contó que un grupo de representantes de las víctimas encaró al procurador Medel.

“Le dijeron: ‘Si usted es el Procurador, ¿por qué no están defendiendo a la gente?’. Según ellos, en respuesta Medel Quiroz les pidió el dinero del rescate para que su propia gente negociara, a través de Bayardo, con los secuestradores”.

“Algunos le dieron el dinero que pedían los secuestradores, pero siempre pasaba que tras entregarlo, los supuestos secuestradores desaparecían con el rescate. El dinero nunca o casi nunca era recuperado”, plantea el abogado defeño.

LA ACUSACIÓN CONTRA MUNGUÍA

El 14 de julio de 2002, un preso que purgaba condena por homicidio desde 1997, Guadalupe Ríos Martel, acusó a Juan Munguía Huerta de estar implicado en el secuestro de Jorge González Guevara. Munguía había sido detenido poco tiempo antes en Puebla, acusado de un robo menor, de donde fue trasladado a Tlaxcala.

Entonces comenzó la pesadilla. Cuenta que Bayardo, el recomendado de Maricarmen Ramírez, trajo a Tlaxcala a un torturador experto de nombre Nicolás Escutia. La especialidad de este comandante era el ahogamiento.

Luego de golpearlo durante varios días, someterlo a humillaciones indecibles y amenazarlo con matarlos a él y su familia, un día el torturador de Bayardo ordenó que lo desnudaran. En ese estado lo ató a una cama, y durante las siguientes horas lo puso en varias ocasiones al borde de la muerte, al meterle una manguera con chorro de agua a presión en la boca.

Dispuesto a morir antes que “confesar” un crimen que no había cometido, Munguía resistió.

Doce días después de la acusación de secuestro urdida por Medel y Bayardo, un juez ordenó su liberación por falta de pruebas y bajo reservas de ley. Sin embargo, tras una apelación de la Procuraduría de Tlaxcala, siete meses después, a principios de 2003, se giró una orden de aprehensión en su contra.

“Si le fallamos tantito, te vas a pudrir en la cárcel”, se sinceró con él el abogado Aldo Calva, tras conocer la mala nueva. Entonces Munguía decidió huir. En consecuencia, la Procuraduría de Tlaxcala lo boletinó y la PGR lo colocó en la lista de los delincuentes más buscados de México. No por mucho tiempo anduvo a salto de mata, pues nueve meses después fue reaprendido.

Esta vez, sin embargo, el destino de Eduardo Medel dio un giro que favorecería de rebote a José Munguía.

En efecto, mientras se reiniciaba el proceso en su contra, el 13 de octubre de 2003 el Procurador citó a rueda de prensa para comunicar, obviamente molesto, su decisión de dejar el cargo. El motivo: la decisión de Sánchez Anaya de apoyar a Maricarmen Ramírez y a su secretario de Gobierno, Gelacio Montiel, en la recta final de la definición de la candidatura perredista para gobernador.

Algunas semanas antes, durante una visita al DF, Medel fue victima de un atentado por el rumbo de Santa Marta. Alguien intentó asesinarlo. No quedó claro por qué razón o sinrazón.

Paralelamente a la derrota de la consorte del gobernador en 2004 y el ascenso de Héctor Ortiz a la gubernatura, el juicio contra Munguía fue llevado por el juez Joaquín Juárez Cacho. En ese tiempo, el abogado defensor y la familia buscaron entrevistarse con Sánchez Anaya para demandar justicia. El resultado, según el hortelano José Delfino Munguía Contreras, fue “hostigamiento a toda la familia, a las hijas, a mi esposa, a mis papás, todo para que no movieran ni un dedo”.

“El propio juez Joaquín Juárez Cacho fue hostigado”, sostiene.

Finalmente, idos ya Sánchez Anaya y Maricarmen Ramírez, dicho juez resolvió en 2005 la absolución del acusado.

TESTIGO PROTEGIDO Y FABRICACIONES

Tras la caída en desgracia de Eduardo Medel, la fortuna sonrió a Bayardo del Villar, a juzgar porque llegó a convertirse en uno de los brazos derechos de Genaro García Luna, cuando éste fue designado por Felipe Calderón como secretario federal de Seguridad Pública.

Sin embargo, una investigación secreta de la PGR documentaba por entonces que Édgar Enrique Bayardo del Villar se había venido desempeñando nadie sabe desde cuando como intermediario del crimen organizado, entre el cartel de Sinaloa que comandaba el “Mayo” Zambada y los de El Señor de los Cielos y los Arellano Félix.

La bomba estalló tres años después del término de la administración sanchezanayista. En 2008, Bayardo confesaría su colaboración con el crimen organizado, y de hecho se convirtió en testigo protegido de la justicia federal hasta el día en que fue asesinado en un café Sarbucks, en la colonia Del Valle de la capital del país.

La prensa nacional volvió entonces sus ojos hacia Tlaxcala y escudriñó en torno al boom de secuestros observado bajo el mandato del gobernador neoizquierdista de Tlaxcala.

En 2011, una reportera de Excélsior, Verónica Mondragón, describió uno de muchos otros casos de “fabricación” de culpables realizado por la dupla Medel-Bayardo, a propósito del secuestro de “Irma y Rafael”, precisamente hacia la fecha en que fue inculpado Munguía, en agosto de 2002.

La reportera describe un modus operandi que incluía implicar a toda la familia para bloquear denuncias, invención de alias a los acusados, y el uso de los reporteros locales para dar verosimilitud a las fabricaciones ante la opinión pública.

Se lee allí: “Nos llevaron a un cuarto grande donde ahí ya se encontraban reporteros, camarógrafos… al filo de la madrugada… me llevaron a un cuarto y me hicieron una grabación”, narró Oswaldo su testimonio, registrado en el expediente 95/2002 del Juzgado Noveno de Distrito de Procesos Penales Federales (Reclusorio Sur)”.

RAMIFICACIONES PENDIENTES

La absolución de 2005 no puso fin a la pesadilla, pues durante varios meses la imagen de Juan Munguía siguió apareciendo en la lista de los criminales más buscados de México. Pero lo peor fueron las secuelas morales, económicas y psicológicas de la fabricación que le fue inventada a Juan por el gobierno de Sánchez Anaya, y que inevitablemente marcó el destino de toda una familia.

Principalmente de quienes entonces eran unos niños de 4, 6 y 7 años: Jovana, Yuriana y Juan.

Más aún, el caso podría implicar ramificaciones que ninguna justicia se ha interesado en indagar seriamente.

Tras que el acusador Guadalupe Ríos se desdijo y confesó que Medel le había ofrecido su liberación y 250 mil pesos -mismos que tras la primera liberación de Munguía fueron recuperados por los fabricadores mediante una golpiza- los implicados empezaron a morir en circunstancias extrañas.

Dos hermanos campesinos implicados, Miguel Ángel y Ambrosio Yautenzi Vázquez, murieron ahogados en una alberca.

Un hermano de Guadalupe Ríos, Jorge Ríos Martel, quedó incinerado por las llamas adentro de su tráiler, en el libramiento de Huamantla; y un hijo de 8 años del mendaz acusador pereció adentro de su hogar, asimismo incendiado.

“Les echaron lumbre, no hubo acusación porque fueron amenazados sus familiares, ellos me dijeron que ya no querían saber nada, yo personalmente los fui a ver”, narra el padre de Juan.

EXIGENCIA DE JUSTICIA

La familia Munguía González se manifestó este lunes ante el Tribunal Superior de Justicia de Tlaxcala precisamente para exigir una justicia que les ha sido negada.

Están preocupados porque presienten que la jueza de Apizaco Leticia Caballero, quien lleva su demanda contra Medel, este haciendo maniobras dilatorias para desanimarlos, pues desde el 28 de enero pasado les dijo que su resolución tardaría un mes y ya estamos en agosto.

Les preocupa que Eduardo Medel “es pariente de Tito Cervantes y amigo de la actual procuradora, Alicia Fragoso Sánchez”.

Temen una nueva mala jugada.

Y no les falta razón, a juzgar por lo que cuentan.

Por eso, pasado el mediodía la familia se pasó a protestar por la dilación ante Palacio de Gobierno.

Afortunadamente, el actual secretario de Gobierno de Tlaxcala salió a recibirlos y les dijo que el Gobernador los recibiría para escucharlos.

Por eso, este lunes, se volvieron a su hogar en Lázaro Cárdenas con una luz de esperanza en los ojos.

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