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Es Sólo una caída

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Hace un año, por estas mismas fechas, en este espacio recordaba lo ocurrido la mañana del 19 de septiembre de 1985. Un día que quedó grabado en la memoria y en el corazón de los mexicanos. Porque nos hizo darnos cuenta que unidos podemos lograr lo que nos propongamos.

Aquel terremoto de 8.1 grados en la escala de Richter sacó de cada uno de nosotros el espíritu solidario que hizo que espontáneamente y con la premura que ameritaba el caso, corriéramos a ayudar a los afectados. Se organizaron brigadas para realizar actividades de rescate, para escombros, para donar sangre, aprovisionar los albergues y alimentar a aquellos hombres y mujeres, que sin experiencia previa, buscaban sobrevivientes debajo de toneladas de escombros.

Hoy la naturaleza de nueva cuenta nos pone a prueba. No conforme con las lluvias “atípicas” y huracanes, la tierra se cimbra provocando un nuevo terremoto, más fuerte, pero por fortuna, no con la intensidad de hace 32 años.

Pero aun así, provoca la caída de casas, escuelas, edificios y muerte en uno de los lugares más bellos de este México, Juchitán en el no menos hermoso estado de Oaxaca.

Juchitán de Zaragoza, situado en corazón del Istmo de Tehuantepec y cuyo verdadero nombre es “Ixtaxochitlán” que quiere decir “lugar de flores blancas” es, después de la capital Oaxaca, Tuxtepec y Salina Cruz, la cuarta demarcación con mayor población del estado.

Cuna de uno de los movimientos sociales más importantes del sureste mexicano, la Coalición Obrera, Campesina, Estudiantil del Istmo (COCEI), Juchitán es famoso por su rica cultura zapoteca, sus fiestas de “Las Velas” y sus sones istmeños.

Además, se ubica el corredor eólico de La Venta, uno de los principales generadores de energía eléctrica no sólo de Oaxaca sino de México. A la fecha cuenta con 680 aerogeneradores.

Y qué decir de su tradicional mercado y de sus hermosos trajes de Tehuana. Y de las no menos famosas “Muxes. Todo esto y más es Juchitán. Mi Juchitán querido.

Toda esta cultura y tradición istmeña, su gente, está dolida, herida pero con el ánimo de levantarse y reconstruirse para seguir ofreciendo a México y al mundo su belleza y encanto.

Si hace 32 años los mexicanos de entonces fueron solidarios y generosos para con los caídos y heridos, hoy Juchitán en Oaxaca, Tabasco y Chiapas, necesitan de nosotros. Del trabajo en equipo, de la generosidad, de la solidaridad, de la entrega sin límites, de ese sentido de pertenencia a una comunidad y a una Nación unida.

De la suma de voluntades que ponga de manifiesto que unidos podemos hacer frente a cualquier contingencia por difícil que sea. A Dios gracias el número de fallecidos es menor, pero no por ello menos importantes, y se requiere de la participación de la sociedad como hace ya 32 años.

Si hace más de tres décadas la solidaridad dejó una huella imborrable del carácter de los mexicanos, de la calidad humana de los lazos que nos unen y de la fortaleza que llega a tener la sociedad organizada y participante, hoy es tiempo de refirmar los valores demostrados en aquella ocasión.

Los tropiezos y caídas no son para lamentarse y quedarnos a lamernos las heridas, sino para levantarnos con más fuerza y coraje para hacer de este país un mejor lugar. Donde las mujeres y los hombres afrontemos con entereza, esfuerzo y constancia cualquier adversidad. Para que resurja una sociedad más hermanada en la conciencia de nuestros derechos y nuestras responsabilidades.

Es momento de apoyar a nuestros hermanos, a los paisanos que necesitan de un hombro, de una mano que los ayude a levantarse. ¡Es por Chiapas, es por Tabasco, es por Oaxaca, es por México!

Recuerden que: “Una tragedia puede llegar a ser el mayor de nuestros bienes si nos la tomamos de una manera que nos permita crecer”. Louise Hay.

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