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Elecciones Argentina: República o Puré de Calabaza

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Alejandro Borensztein /Clarín (Argentina), 22 Oct

Por suerte, llegamos a estas elecciones con la tranquilidad de saber que la política argentina ha podido mantener el invicto: seguimos sin discutir ninguna propuesta.

Una vez más, frente a una elección, nuestros políticos no propusieron ni discutieron seriamente nada. Cero. Ni una ideíta. Impecable.

No sé en qué momento se entra al libro Guinness de los récords, pero no debe faltar mucho para que encabecemos la lista de países democráticos donde los candidatos compiten sin proponer nada concreto, ni mucho menos debatirlo.

Casi arruina todo el irresponsable de Lousteau cuando presentó una propuesta alternativa para escalonar los aumentos de las tarifas, pero como nadie salió a refutarlo no hubo debate y todo quedó en la nada. A los efectos estadísticos, propuesta sin debate no computa.

Obviamente, tampoco computan como propuestas frases tales como “nuestra prioridad es la educación” o “lo importante es ayudar a las pymes” o la ya clásica “debemos combatir la inflación porque a los que más perjudica es a los pobres”.

Mucho menos podemos considerar como propuestas concretas las expresiones “sigamos juntos”, “enfrentemos a la dictadura del gato”, “cumplir con la palabra” y otras gansadas por el estilo.

Debemos estar orgullosos. Mantener el invicto de no proponer nada en una elección de medio término es todo un mérito.

No nos olvidemos de que estamos votando candidatos para ocupar cargos en el Poder Legislativo, que es donde justamente se presentan y debaten las propuestas.

O sea, esta es una elección entre gente que va a discutir leyes y hasta hoy domingo, día del comicio, no discutimos ni una.

Y gracias a Dios que así fue.

Si con este vacío de propuestas tuvimos el quilombo que tuvimos, imaginate lo que habría ocurrido si nos hubiéramos metido a debatir proyectos.

¿Dónde estuvo lo novedoso de esta campaña?

Muy simple: por primera vez la ex presidenta salió de yiro por los medios para responder en 30 días las preguntas que jamás siquiera se dignó escuchar en los 2.920 días que gobernó.

Perdón: en realidad fueron 2.919, porque un día antes le tiró el gobierno por la cabeza a Pinedo y pegó el portazo.

Si bien ella es una gran entendida en medios (desarrolló los de Szpolski, Gvirtz, Electroingeniería, Cristóbal López y otros éxitos), cometió el error garrafal de generar una gran expectativa y terminar aburriendo. En el show business eso no se perdona.

Empezó con los periodistas matándose por tener la exclusividad de la primera nota y terminó con todos los medios poniéndole excusas para no entrevistarla más: “Ay, qué pena, doctora… Me hubiera avisado antes: hoy vienen los Caniggia al programa y mañana hacemos un bloque de política pero con Facundo Moyano y Nicole Neumann en el piso… Hablemos el año que viene”.

Concedió siete reportajes, una conferencia de prensa con siete preguntitas y dejó algunos títulos para la posteridad.

Desde “en la Argentina no hay Estado de derecho” hasta “acá no hay libertad de expresión” pasando por “si el maquinista de Once no frena, y bueno…” y cerrando con la inolvidable explicación que, sobre la designación de Milani, nos regaló en el programa de Gerardo Rozín.

Rozín: ¿Reconocés que fue un error designar a Milani?

Ella: No, porque lo saqué.

Fin del textual.

También dijo que la campaña de Cambiemos la hicieron en Comodoro Py basándose en la cantidad de citaciones y detenciones de funcionarios y dirigentes kirchneristas.

Si eso es así, por suerte la campaña termina hoy porque, con la cantidad de malandras que la rodearon, si duraba un par de semanas más se quedaba sola.

Sin embargo, la única definición fehaciente, sólida y creíble de su raid mediático se la sacó Chiche Gelblung: Me gusta el puré de calabaza.

Mientras tanto, del otro lado de la grieta se produjo un fenómeno extrañísimo.

Por razones que aún se desconocen, la doctora Carrió habría sido reemplazada por una señora muy parecida pero completamente delirante que se presentó en el debate de los candidatos que se hizo en TN, dispuesta a hacerle perder la mayor cantidad de votos posibles.

Mientras los servicios de inteligencia investigaban el asunto, el Gobierno decidió que para ir al programa de los Leuco la posible falsa Carrió fuera acompañada por Rodríguez Larreta, para el caso de una imprevista descompresión.

Fue inútil.

No podría haber salido peor. Además de la lamentable comparación con el ridículo mito del congelamiento de Walt Disney, asistimos a un ego trip como no se veía desde los años de Cristina.

Quedará para la historia de la televisión argentina la imagen de Larreta buscando desesperadamente, en la mesa de Los Leuco, el botón de eyección.

¿Qué debemos esperar para esta noche?

Creo que el posible triunfo de Cambiemos a nivel país provocará la tradicional suelta de globos, pero dadas las circunstancias tal vez nos salvemos del bailecito.

Es más, aún conservo la esperanza de que esta vez nos ahorren el deplorable “Sí, se puede que le chorearon a Obama.

Supongo que a las 22 van a salir a anunciar que ganaron en todos los lugares del país que tienen previsto ganar y que en provincia de Buenos Aires “vamos a esperar hasta mañana o el martes para estar seguros del resultado final”.

Después van a apagar las luces, buenas noches para todos y se van a ir a apoliyar dejando a los kirchneristas en su búnker cortando clavos hasta la madrugada, al grito de “¡fraude! ¡manipulación! ¡dictadura! ¡resistencia! ¡enemigo!” y todo ese simpático repertorio en blanco y negro al que nos tienen acostumbrados. Salvo el uso de la palabra traidores, a la que borraron del cancionero para que no les recuerde el éxito del memorándum con Irán.

Lo que seguro va a ocurrir en Unidad Ciudadana es que con cualquier resultado van a salir a explicar que el 60% de los argentinos está en contra de la dictadura de Macri porque no lo votaron.

Que quienes voten contra el kirchnerismo sean muchos más que quienes voten contra Macri es un detalle que pasarán por alto. Son tan de manual que a veces dan ternura.

Sin embargo, no está dicha la última palabra y nada es seguro.

Como tantas veces han explicado los que saben, dicen que al Gobierno le conviene ganarle a Cristina pero sólo por un par de puntitos para mantenerla políticamente activa, taponando la renovación del peronismo y asegurándose de ese modo décadas de Cambiemos.

A usted, lector, y a mí, eso no nos conviene.

Sería mejor que Ex Ella pierda por una diferencia suficiente como para que el resto de la oposición se renueve, se reagrupe racionalmente y le ofrezca a la sociedad una alternancia posible, sensata, previsible, republicana y democrática.

Así podremos putear a muchos de los inútiles que nos gobiernan ahora con la tranquilidad de saber que el sistema tiene otros inútiles a la espera del recambio.

En el fondo, de eso se trata esta elección: República o puré de calabaza.

Para el puré de calabaza se cortan trozos de calabaza, se los pone a hervir hasta ablandarlos y se los pisa con un pisapapa o un simple tenedor, agregando aceite de oliva o girasol, sal y pimienta a gusto. Ideal para acompañar un bifecito o un filet de merluza.

Un detalle: mientras al puré de calabaza uno se lo hace solito, la República se hace entre todos.

Por eso hoy es un día importante. Vamos, macho. Levantate, despertá a tu jermu, cebale unos mates y vayan a votar con alegría.

Lo mejor siempre está por venir.

 

 

Link  https://www.clarin.com/opinion/republica-pure-calabaza_0_S1bRPftTb.html

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