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El Legado de Bachelet

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Ernesto Águila /La Tercera (Chile), 9 Mar

¿Es importante esta disputa sobre el legado que deja la Presidenta Bachelet? Sí, a partir de ciertas consideraciones.

Es importante porque las representaciones que nos hacemos del presente y del futuro siempre tienen en su base una evaluación del pasado. El pasado nunca termina de pasar porque queda reverberando en el presente a través de interpretaciones e imágenes, condicionando lo que somos capaces de pensar o imaginar. A veces modificamos una idea que teníamos del pasado -del siglo XIX o XX, de los años 60, de la UP, de la dictadura, de la transición- y, de manera imperceptible, comenzamos a ver distinto el presente y el futuro. O bien, muchas veces lo que sucede en el presente va modificando nuestra lectura del pasado.

Si la lucha por la interpretación de lo sucedido es parte consustancial de la política actual, las ponderaciones históricas van sedimentando lentamente. Éstas no dependen solo de lo que se hizo sino de cómo evolucione la sociedad y de lo que sean capaces de hacer los próximos gobiernos o nuevos actores políticos. Solo entonces se sabrá si se hizo poco o mucho; si era lo que el país necesitaba; si era lo que la correlación de fuerzas permitía.

Para la derecha este gobierno constituyó desde sus inicios una anomalía histórica. Ello porque la segunda administración de Bachelet no solo se propuso realizar reformas dentro del modelo, sino que intentó tocar ciertos pilares de este. En la línea gruesa fue el esfuerzo más serio, desde el 90 a la fecha, por introducir una lógica germinal de derechos sociales garantizados por el Estado y financiados solidariamente.

En una sociedad conservadora en lo valórico, dio mayor libertad y autonomía moral a las personas (aborto en tres causales, ley de identidad de género, matrimonio igualitario en tramitación); en lo político, se puso fin al sistema binominal, camisa de fuerza de la transición para la expresión de la pluralidad política del país.

El segundo gobierno de Bachelet deja también lecciones. No se puede intentar reformas estructurales descansando solo en el carisma de un líder, sino que se requiere una sociedad organizada y movilizada; no se puede ganar el sentido común de una época con partidos despolitizados y sin los instrumentos para una disputa en el campo de las ideas; la necesaria amplitud política y social para construir un proyecto de mayorías no puede alcanzarse al precio de generar una alianza sin acuerdos básicos ni una mínima disciplina y coherencia.

Si lo que el país requería era un nuevo pacto social como lo planteaba el diagnóstico y la agenda de esta segunda administración de Bachelet, o si los problemas del neoliberalismo se pueden resolver con más neoliberalismo, es algo que solo empezaremos a saber con la segunda administración de Piñera.

De ello dependerá que el gobierno que concluye se vaya pareciendo a un paréntesis histórico o bien se vaya proyectando en el tiempo como el inicio de una etapa de reorganización de la sociedad chilena bajo otros valores, formas políticas y nociones de desarrollo. Habrá sido entonces la administración Piñera el paréntesis de una restauración fallida.

Pero esa historia comienza recién a escribirse este 11 de marzo.

 

Link  http://www.latercera.com/opinion/noticia/el-legado-2/92965/

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