Código Tlaxcala
“Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Kofi Annan
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De la Propaganda

 

La historia rusa es básicamente una de tantas historietas del mismo despotismo universal: comparte tal guion esencial porque así como las personas los pueblos sólo podemos ser auténticos y mejorar naturalmente en un ambiente de libertad.

Supongo que pudo comprender de sopetón tal idea Nikita Kruschev el 13 de septiembre de 1959, tras aterrizar en NY y observar al paso de los días la naturaleza estrafalaria del vínculo entre gobernantes y no gobernantes en las democracias (burguesas). Una diferencia sutil aunque impactante. Debió quedar tan impresionado por la diversidad del pueblo yanki, si no más, que cuando el vice Nixon le mostró dos meses atrás en la propia URSS el pack de electrodomésticos de la clase media; o cuando en Hollywood, cuatro días después del aterrizaje, Shirley McLane lo invitó a bailar can-can y vio face to face a Marilyn (“me miró como un hombre a una mujer”, dijo la única a la prensa; “es gordo y feo, tiene verrugas en la cara y además en vez de hablar, ladra. Dime a quién le gustaría ser comunista con un presidente como ese…” –se sinceró en privado). Tanto como al captar la sugerencia de no visitar Disneylandia.

Nina tde la mano de un vaquero policía que la rescató de los periodistas, durante visita de los Kruschev a E.U. (xlsemanal.com)

 

Debió entender el genocida del Golodomor húngaro durante su viaje esperpéntico a la guarida del capitalismo, que la URSS era nomás una estafa confeccionada al mínimo detalle por ideólogos inescrupulosos y propagandistas de la dictadura (proletaria). Una simulación de pe a pa en época de hambruna: desde la mecanización de las granjas colectivas hasta la felicidad generalizada del pueblo.

Aún faltaban tres décadas para la aparición de los mártires de la sinceridad sin adjetivos llamados Gorbachov y Yeltzin.

Pocas obras descubren mejor la simulación soviética que el Centro Nacional de Exposición Agrícola, construido por reos esclavizados e inaugurado en 1939, con dos años de retraso (desde el año anterior pagaba el arquitecto su tardanza con destierro en la tundra de Vorkutá). Una fuente con estatuas y surtidor dorados; y en la cima del pabellón central concebido por Shchukó, un monumento de más de veinte metros: Obrero y Campesina, diseñado por Vera Mújica para la exposición parisina de 1937. Teatro Verde, Tienda Rural, maquinaria de mercadotecnia, cultivos de lino, cáñamo, algodón, viñedos, hortalizas y cientos de especies más, criaderos de cerdos y conejos, música ambiental, mazos y martillos por todas partes.

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Una arquitectura ecléctica de la aldea comunista y un templo en blanco al realismo socialista o gusto estético del malvado y muy limitado Pepe Stalin, una de cuyas más grandotas estatuas presidía el complejo de unas 140 hectáreas erigido al norte de Moscú.

 

Complejo de la Sala de la Paz, realizado por escultores comandados por Yevgueni Vuchetich. (Captura video RT)

 

En la Sala de la Paz, segunda en importancia tras la Constitución, un desfile estatuario del pueblo (personas sanas y fuertes, guapas, sonrientes y decididas) exhibe una paradoja. Consiste en la revelación de que siendo los revolucionarios opositores, todo niegan y critican (polo del sano No); mas una vez en el poder, siguen siendo igual de extremistas aunque ahora en modo conservador. Esto es, enfocado al elogio ultra positivo del propio gobernante (polo del Sí, no menos sano).

El hijo del gran escultor Yevgueni Vuchetich resumió la obra con estas palabras: “Creo que mi padre es un personaje trágico, ya que malgastaba su brillante talento en la ideología, convirtiéndolo en quién sabe qué”. En efecto, años después se colocó al centro de la antigua área de maquinización agrícola, rebautizada Pabellón del Cosmos, un cohete espacial; hoy, allí se venden escobas junto a un retrato de Yuri Gagarin.

Un cohete en el renombrado Pabellón del Cosmos, tras viaje de Gagarin. (Captura video RT)

 

Lo Bueno: la positividad como razón de Estado. Debe ser por el alambicado onanista que todos llevamos dentro, que para el gusto de los prodictadura siempre, cuando tienen el poder, el arte genuino de los Cézanne, Dalí, Apollinaire y Beethoven acaba siendo una versión degenerada de la intrincada realidad (¿verdad, Adolf?, ¿verdad Mao y Pot?).

Moraleja: Que no nos asombren demasiado las proezas de Göbekli Tepe, las pirámides egipcias, la gran muralla china, Teotihuacán, el Tal Majal ni las obras del realismo socialista, pues los esclavos son capaces de realizar cualquier cosa por delirante que nos parezca o lo sea.

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