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De Instituciones Extractivas, a Inclusivas

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México, como muchos países, ha retrasado su proceso de incorporación plena a un conjunto de políticas económicas o institucionales, que incentiven el crecimiento económico compartido.

También como en México, el peso de la Historia permanece en muchos países.

En el caso de México, en la época prehispánica, como en la época colonial, la independencia y la reforma, el porfiriato, la revolución y la postrevolución, las políticas económicas, fueron extractivas, dando como resultado una élite beneficiaria de la riqueza generada.

Por ello, la única forma de cambiar, tanto el peso de la historia como la realidad nacional, enormemente desigual, es dando lugar a políticas económicas o políticas institucionales inclusivas.

Tales políticas inclusivas inician con las educativas y con las de salud. En tanto sigan excluidos mexicanas y mexicanos de oportunidades educativas y del derecho a la salud, estaremos entonces todavía en un país, en un México, excluyente, extractivo.

En tanto haya mexicanas y mexicanos, sin acceso a la propiedad, el país seguirá con un grueso de población, manipulable y doblegable, fortaleciendo y manteniendo a través del tiempo, la exclusión social y la extracción de la riqueza.

Fue, a partir de que México se abrió al mundo, dando lugar a la apertura comercial de los mercados nacionales, cuando mexicanas y mexicanos, pudieron empezar a acceder a mayores grados de escolaridad, en tanto pudieron construirse más escuelas y acercar la educación a núcleos de población, cuyos habitantes en edad escolar, o no iban a la escuela o tenían que caminar y trasladarse a centros de población, con grados y niveles educativos, de los que carecían en sus lugares de origen. Además de que no había carreteras, obvio, no había transporte.

En igual forma ocurrió con los centros de salud y servicios hospitalarios, que empezaron a llegar a poblaciones, que anteriormente habían carecido por siglos, de dichos servicios.

Lo anterior, no significa que estemos bien, simplemente evidencia una realidad: por lo menos, en cuanto a educación y salud, estamos hoy mejor, mucho mejor, que en las décadas de 1940, 1950 y 1960.

Qué hace falta: mejorar su calidad y su efectividad.

Fue hasta después de la apertura económica de México, cuando el Infonavit, da el salto como institución de crédito hipotecario, lo que ha generado en los últimos 20 años, el surgimiento de nuevos propietarios, por lo menos de su casa, departamento o habitación.

Ahora hace falta que las políticas económicas e institucionales, terminen de emparejar el camino para que más mexicanas y mexicanos se arriesguen a invertir y no solo generen su propio empleo, sino que abran oportunidades de empleo para más mexicanas, mexicanos y extranjeros, de ahí la necesidad de fortalecer y seguir creando más instituciones que eviten prácticas industriales y comerciales monopólicas.

Por ello urge que el sistema educativo nacional, desde preescolar hasta universidad, desarrolle habilidades y conocimientos, como emprendedores, innovadores, creadores y desarrolladores de sus propios proyectos económicos.

Tales políticas económicas e institucionales, generarán inclusividad, que es el antídoto más efectivo de la desigualdad social y económica crónica de México.

La desigualdad social y económica de México, no se acabará con discursos y buenos deseos.

Las políticas que se habían aplicado en México hasta antes de la apertura comercial de los años 90´s del siglo pasado, altamente extractivas, son las que generaron y mantuvieron por siglos la desigualdad social y económica entre los mexicanos.

En tal sentido, se requiere un Estado fuerte, que regule los mercados, favoreciendo la competencia siempre, en beneficio de los consumidores; que tenga el control efectivo de la ley y el orden en todo el territorio nacional, para que pueda hacer transitar al país de un país de leyes, a un Estado de Derecho, que ponga fin a la impune, impunidad, sancionando a quienes debiendo haber cumplido con la ley, no lo hicieron.

Inclusividad, Sí. Para empezar a cerrar las brechas sociales y económicas.

Regreso al pasado, No. Sólo generaría más desigualdad y más injusticia social. Más corrupción y más impunidad.

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