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Croacia, por la Epopeya

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Croacia, el Uruguay europeo cuya población de 4 millones germinó en cosecha milagrosa un Modric, un Rakitic, un Perisic y un Mandzukiv, llega a la final de Rusia ya devenida en una leyenda tejida sobre el telar de tres tiempos extras consecutivos y dos tandas de penales.

Llega con un partido extra en las piernas –jugará ocho en 30 días, desde el debut ante Nigeria el 16 de junio en Kaliningrado, esto es, a razón de uno cada noventa horas-; y para colmo, con un día de descanso menos que Francia.

Rema que rema, poseídos de una sobredosis de entusiasmo lograron los croatas  remontar a Inglaterra en el estadio Luzhnikí de Moscú, de modo que jugarán extenuados ante un rival muy poderoso. Fuerza es mente, como se sabe, por eso el primer cambio fue impuesto al modesto en todos los sentidos Zlatko Dálic por una lesión de Strínic, al inicio del alargue de ayer.

Otra: ningún profesional ha jugado este año en todo el mundo más partidos que el culé Rákitic (el domingo sumará 72, esto es, uno cada 65:20 horas).

Veinte atrás, en 1998 el purasangre treintraitresañero Luka Modric vio en el televisor a su selección perder la semifinal ante el anfitrión galo y alzarse con el bronce a Prosinecki, Boban y Suker, superhéroes de adolescencia. Marcó el madridista en las tandas contra Rusia y Dinamarca; e hizo en el reglamentario un golazo a la Argentina y un penalti a Nigeria, aunque no está claro si alguien de su edad podrá aguantar la presión infernal del domingo. ¿Le impulsará el deseo de revancha?

 

Gol de Perisic contra Inglaterra, porque sí. FOTO: futbolete

No habría épica sin un gigante. Lo es la Francia de Didier Deschamps, el capitán campeón de 1998, atenida hoy al arte de Griezmann, la fortaleza de su legión africana, y sobre todo, la creatividad juvenil del inalcanzable Dembelé, precandidato a sus 21 años a mejor jugador del torneo.

A tantos talentos suma la Francia actual una dureza específica cuajada en el rico crisol de las razas y culturas. Los hay nacidos en o de padres originarios de España (Hernández), Filipinas (Areola), Mali (Kanté, Dembélé), Camerún (Umtiti, Mbappé), Mauritania (Dembélé, por madre), Senegal (Mendy y Sidibé), Argelia (Fekir, y Mbappé por madre), Congo (Mandanda, Kimpembe, N’Zonzi), Angola (Matuidi), Guinea (Pogba), Marruecos (Rami), Haití (Kimpembe, por madre), Guadalupe-Dominicana (Lemmar), Togo (Tolisso) y Martinica (Varane).

Mandzukiv, el pase a la final. FOTO: co.marca.com

¡Sólo cinco son franceses “puros”! (si algo ha significado alguna vez esta presunción amnésica de los torbellinos de la historia humana).

Además se blinda Francia, por si acaso, mediante los misterios insondables de la cábala: atusar los jugadores en el vestuario el bigote y la barba del banca Adil Rami, al que desde tribuna alienta innecesariamente su novia la ex actriz porno Pamela Anderson; no repetir durante los seis primeros juegos el uniforme y sustituir invariablemente a Griezmann por Fekir.

Así, plantada en la angosta vereda que conduce hacia la inmortalidad opone Francia una alta y gruesa barrera embrujada.

Zlatko Dalic, de la nada a la cima. FOTO: skysports

Ojalá gane, con el auxilio de dioses conmovidos ante tanta hambre de gloria, Croacia. Porque no hay épica sin gigante y por exhibir la voluntad schopenhaueriana que torna reales las utopías inalcanzables para el común de los mortales.

Debe ganar el equipo que buscará el próximo domingo su primera copa mundial de futbol.

¿Acaso no es la epopeya obra sobrehumana, a la vez sobrenatural y maravillosa?

COHETERÍA

+ Los que ven en el futbol sólo a veintidós personas persiguiendo un balón, podrían admitir que a veces las definiciones frívolas empobrecen nuestras vidas. Quien nunca ha escuchado las notas de un violín se satisface con definirlo como un trasto de madera decorado con cuerdas de gato…

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