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Corrupción, ¿Causa o Consecuencia?

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La corrupción, tiene que combatirse, sin tregua y sin pausa. No solo eso, lo más importante: castigarse en serio.

Sin embargo, para acabar, mejor dicho, empezar a trabajar para terminar con la corrupción, hay que ir a sus causas, porque la corrupción, no es causa, la corrupción, es consecuencia, es resultado.

Denise Dresser, en “El país de uno”, señala una verdad contundente: “La lucha contra la corrupción puede minar a la democracia y encumbrar a los hombres equivocados con las ideas equivocadas”.

Desde luego, como lo expresé al inicio, ella también señala que la corrupción, tiene que ser combatida y castigada.

Pero advierte una vez más: “La obsesión con la corrupción puede ser una mala medicina para un país enfermo. La condena a los culpables se convierte en curita. La crítica a los corruptos permite la catarsis. El escándalo superficial mata la reflexión”.

Por ello enumera entre otros, el siguiente problema o déficit nacional, como causante de la corrupción:

Muchos habitantes, pero pocos ciudadanos. Además, desorganizados, desamparados y desprotegidos

Dresser, parte del principio de que todo lo que ocurre y deja de ocurrir en México, es por la falta de Ciudadanos.

El diagnóstico no es nuevo. El mal es histórico y por ello la corrupción en México, también es histórica.

Tomando como base que antes ni siquiera se informaba y mucho menos se rendía cuentas, no hay datos firmes que puedan hacernos concluir que antes no había tanta corrupción como ahora.

Lo cierto es que ahora, ya podemos acceder a la información pública, que antes no era pública.

Ahora además, existe la obligación legal de rendir cuentas, obligación que antes no se ejercía.

Tales avances, producto de una naciente participación social y ciudadana, son aún insuficientes, puesto que efectivamente se requieren más ciudadanos y ciudadanas y se requiere más sociedad participativa y mejor organizada que actúe de manera pacífica y en el marco de la Ley.

Entre más ciudadanos y ciudadanas se organicen y actúen pacífica y legalmente, la clase política y los gobiernos, tendrán  en esos ciudadanos organizados, quienes les estén vigilando, monitoreando y escuchando, lo que generará el debate y por fin: la política.

Porque cuando solo son los actores políticos los que debaten, no hay quien equilibre y cada actor político pretenderá hacer aparecer “su” verdad como “la” verdad, es ahí donde deben entrar la sociedad, los ciudadanos y las ciudadanas, para equilibrar y conducir el debate político hacia la Agenda que es de interés público nacional y local, para cada sector de la población.

Así, cada sector de la población establecería y demandaría la atención de esa Agenda, lo que obligaría a los actores políticos a reorientar su discurso, a escuchar a la población y a modificar su comportamiento. Si algún actor político, no solo no cambia su comportamiento, sino que exhibe su perfil autoritario y se asume como “el portador exclusivo de la verdad”, la ciudadanía sabrá con quien está tratando y tendrá que decidir.

Este es el reto que tiene México en éste 2018: hacer crecer su ciudadanía participativa y organizada, para que quienes decidan sean las mexicanas y los mexicanos, no solo los actores políticos, a quienes además, tenemos que darles otro guión: el de México. Tal participación ciudadana, es el antídoto más eficaz en contra de la corrupción. Esa misma participación ciudadana, llevará en los casos que sea necesario, al mejoramiento de las leyes y de sus procedimientos, para erradicar la corrupción.

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