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Colosio y el nuevo PRI

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Antonio López de Santa Anna, Porfirio Díaz Mori, Plutarco Elías Calles, por mencionar solo unos ejemplos, todos ellos tienen un común denominador: obtener el poder, mantenerse en él y perpetuarse más allá de su mandato. En términos generales, este es el contexto que antecede al PRI en la lucha por el acceso al poder.

Antes del PRI, el poder recaía en un hombre. Con el nacimiento del PRI (primero PNR y luego PRM), se pretendió sustituir el poder unipersonal por el de una institución capaz de trascender las coyunturas políticas y del tiempo. Pero en el fondo nada cambió, la institucionalización de la partidocracia solo creo un caparazón legitimador para seguir manteniendo el poder en una persona y nació “el presidencialismo”.

En este camino, que abarca la mayor parte del siglo XX, las exigencias sociales fueron creando cambios a los que el régimen presidencialista del PRI gobierno primero se resistió, luego acepto y posteriormente se adaptó. Uno de ellos fue el aceptar la competencia política y permitir la creación de otros partidos políticos, lo que genero a los mismos ciudadanos más opciones en la oferta política, en plataformas electorales y en opciones de modelos de gobierno (aunque en la propia experiencia, la única transición política que inició en el año 2000, solo nos dejó un mal recuerdo, más que un mal sabor de boca, desaprovechamiento de los excedentes petroleros y miles de muertos. México y sus ciudadanos merecemos una mejor opción, pero ese es tema para otro momento).

Para los jóvenes mexicanos menores de 30 años, el nombre de Luis Donaldo Colosio no resulta necesariamente familiar, sin embargo, resulta importante mencionarlo si queremos conocer una parte del funcionamiento interno del PRI. En este sentido, la elección de sus candidatos a puestos de elección popular no solamente se basaba en los requisitos que establece la constitución, además establecía algunos otros requisitos como la “militancia” (manifestación formal mediante registro de aceptar y acatar la declaración de principios, estatutos  y programa de acción del partido), entre otros.

En este sentido, y hablando estrictamente de la vida interna del pri, Colosio dijo lo siguiente: “No queremos candidatos que, al ser postulados, los primeros sorprendidos en conocer su supuesta militancia, seamos los propios priístas”. Parece contradictorio que a casi 23 años de la muerte de un personaje icónico para los priistas y bajo el argumento “modernizador” y del nuevo PRI, presten oídos sordos a esas palabras.

Pero esto no resultaría extraño si observamos que el nuevo PRI (grupo conformado mayoritariamente por tecnócratas) se vale de cualquier argumento, algunos incluso que pretenden ir en sintonía con las exigencias de ciudadanizar el poder, para ellos mismos asumir el control de un partido y controlar la política de todo un país.

Para muestra un botón, presentan a Meade como un servidor público eficaz, ciudadano y sin partido, dejando de lado lo verdaderamente importante, que él mismo es en parte culpable de los problemas sociales que imperan en nuestro país (Secretario de desarrollo social en este sexenio con un aumento galopante en la pobreza, ya no mencionar su papel al frente de la secretaria de hacienda).

Es aquí donde convergen los viejos rituales con las nuevas prácticas de una emergente clase política, frente a una sociedad diversa donde hay espectadores, cómplices y víctimas.

Entender el funcionamiento interno de ritual, litúrgico, casi místico del Partido Revolucionario Institucional en la selección de su candidato presidencial, es una tarea compleja, que ni aun los mismos priistas de la base entienden cómo funciona, solo pueden intuir a través de las “señales” que se envían al exterior del partido

Hoy, en analogía al maximato, vivimos en un país donde le presidente se llama Enrique Peña y el que manda responde al nombre de Luis Videgaray. Para el nuevo PRI, Colosio y sus palabras quedaron muertas y en el siglo pasado, su creación arquetípica es algo que ningún priista de cúpula persigue en los hechos, quizá sea momento de que el nuevo PRI desaparezca a la Fundación Colosio de su estructura interna, o por lo menos le cambie el nombre, pues los objetivos que persigue, son otros.

Hasta la próxima.

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