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Ciencia que Comparten /Jorge Berry (El Financiero)

La ciencia que comparten /Jorge Berry, El Financiero (México), 27 Abril

 

El desprecio por el conocimiento científico es una característica que comparten los gobernantes populistas, aspirantes a autoritarios. No es de extrañar, porque generalmente tienen una educación pobre y, por lo mismo, toman como posibles rivales (o ‘adversarios’, para usar el término favorito del presidente de México) a quienes sí poseen una preparación sólida. Salen a relucir los complejos, pues.

Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, creció con todas las ventajas. Tuvo un padre millonario, que hizo una considerable fortuna en bienes raíces de Nueva York, usando métodos y tácticas no siempre legales, pero así se construyen la mayoría de los imperios financieros.

Pero al joven Donald no le gustaba estudiar. Fue, si no a las mejores, sí a muy prestigiadas universidades. Las buenas, buenas, no lo aceptaron. Empezó en la universidad de Fordham, y a los dos años transfirió a la escuela Wharton, de la universidad de Pennsylvania, donde estudió administración de empresas. Siempre presume de ser muy inteligente, pero lo cierto es que su ignorancia lo ha hecho objeto de burlas toda su vida. Tuvo que amenazar con demandas a las escuelas donde hizo educación media y superior para evitar que dieran a conocer sus calificaciones, así que ya se imaginará cómo fueron. Cuatro veces consiguió dispensas médicas para evitar el servicio militar, en plena guerra de Vietnam. Los diagnósticos que consiguió, fueron no solo risibles, sino que deben haber costado un dineral a Fred Trump, su padre.

Así entró al mundo de los negocios, con un fondo de 400 millones de dólares que le dio papi, y que procedió a perder. Se ha declarado en bancarrota por lo menos tres veces.

Puesto que se siente millonario silvestre, cree que cualquier actividad se puede realizar solo por intuición, y Trump tiene una confianza ciega en la suya. Pocas cosas lo enfurecen tanto como tener que gastar en expertos que le digan la mejor manera de hacer las cosas, porque él piensa que tiene todas las soluciones. Es claro que es la fórmula perfecta para el desastre, y lo está comprobando todos los días con los bandazos sin ton ni son con los que ha sumido a su país con el lamentable manejo de la crisis del Covid-19. No se los describo, porque ya los conocen.

Para nuestra desgracia, en México hay una situación escalofriantemente similar.

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Andrés Manuel López Obrador tuvo un paso, digamos accidentado, por la Universidad. Le tomó más de una década acabar sus estudios de ciencias políticas, y según sus calificaciones, nunca le entendió a la economía, porque la reprobó varias veces. Finalmente, después de varios semestres en calidad de fósil, se graduó. Pero, igual que a Trump, le quedó el resentimiento, el coraje contra quienes sí saben, y por ello los desprecia.

Una persona que piensa, como lo ha repetido AMLO, que gobernar no tiene ciencia, que para explotar un pozo petrolero basta con cavar un hoyo, que los economistas sobran, que para construir vivienda solo falta un maestro albañil porque los arquitectos y los ingenieros son corruptos, no puede aspirar a tener un aparato eficiente de administración pública.

Igual que Trump, despidió a todos los que saben y los reemplazó con incondicionales, y mal pagados. Por ello, la terrible, lacerante ineptitud del gobierno al conducir la cosa pública. Un agrónomo al frente de Pemex, y una grilla de tercer nivel como secretaria de Energía, son la fórmula perfecta para rematar el desastre de la política energética de la administración.

Rocío Nahle, otra grilla incondicional al frente de Energía. FOTO Cuartoscuro

 

Pero el peligro inminente, para ambos países, es la crisis en salud. Cualquier error causará miles de muertes.

Como hábiles políticos que son, tanto Trump como AMLO tienen listos a sus chivos expiatorios, a quienes culpar si las cosas se deterioran. Trump irá contra sus expertos en salud, López Obrador contra Hugo López Gatell (quien se lo ha ganado a pulso) y ambos contra sus respectivos gobernadores.

Nos queda suspirar para que el bicho maligno del coronavirus se apiade de nosotros, aunque en ello salve el pellejo a los políticos que prefieren jugar con la vida de las personas a perder puntos de popularidad.

 

 

Link  https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/jorge-berry/la-ciencia-que-comparten

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