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Chiquitos

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Pascal Beltrán del Río /La Otra Opinión (México), 15 Mar

La decisión del Consejo General del Instituto Nacional Electoral –tomada por ocho votos a tres– de prohibir los debates entre candidatos durante el periodo de 46 días conocido como intercampaña, entre el 12 de febrero y el 29 de marzo, recibió cinco recursos de impugnación que fueron presentados ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

El viernes pasado, la Sala Superior del Tribunal resolvió, por unanimidad de votos, dar la razón a los quejosos –entre ellos, la Cámara de la Industria de Radio y Televisión–, argumentando que “no debe haber mayor restricción al derecho a la libertad de expresión que las que se encuentran previstas en ley y las que se han establecido a través de criterios jurisprudenciales”.

Con ello, parecía que había triunfado la postura de quienes desean (deseamos) que la decisión que tome la mayoría de los electores el próximo 1 de julio esté basada en criterios sólidos respecto de las posturas y propuestas de los aspirantes a los distintos cargos que estarán en juego, así como su capacidad de reacción ante cuestionamientos y situaciones apremiantes, la cual, a veces, queda evidenciada cuando se les pone a debatir con sus contrincantes.

Pero vino una cubetada de agua fría a apagar ese incipiente entusiasmo.

Nos la propinaron las mismas personas a las que hubiésemos querido ver en un debate: los tres candidatos presidenciales a los que las encuestas dan, al día de hoy, posibilidades reales de ganar la elección y los únicos de los que se puede decir, hasta el momento, que seguro estarán en la boleta.

Primero fue Andrés Manuel López Obrador –el puntero de la contienda, según las encuestas–, quien dijo que sólo participaría en los debates organizados por el INE y que serán tres, el primero de los cuales ocurrirá el 22 de abril, cuando falten 70 días para la elección.

El tabasqueño alegó que no iría a debates organizados por los medios de comunicación porque sus adversarios le echarían montón y porque a él no le interesaba subirse al pleito que están protagonizando sus rivales de la contienda.

“Que debatan Meade y Anaya”, propuso.

Pero resulta que José Antonio Meade y Ricardo Anaya tampoco quieren.

Sabedor de que López Obrador no iría y que Meade fue uno de los que impugnó la prohibición del INE, invité a Anaya a participar en un debate en Imagen Radio con el candidato del PRI, ellos dos solos, pero no obtuve respuesta de su parte.

Eso, a pesar de que en el acto de registro de su candidatura ante el INE, el domingo pasado, Anaya retó a López Obrador a debatir. E incluso le mandó decir que si no iba, es porque le faltaban pantalones.

Dos días después, el martes, Meade decidió que si no iba López Obrador, pues él tampoco.

“A mí me parece que la idea de un debate es que contrastemos ideas; si no, no es un debate”, afirmó.

“Yo estoy dispuesto a confrontar mis ideas con quien sea distinto en la contienda, (pero) cuando alguien es invitado a debatir y no acepta, pues la verdad es que solamente es por una de dos razones: o porque le faltan ideas o porque le falta capacidad de defenderlas”, agregó.

¡Qué diferencia entre estos candidatos presidenciales y los de la elección de 2000 –Cuauhtémoc Cárdenas, Vicente Fox y Francisco Labastida–, quienes incluso se encontraron en público, el martes 23 de mayo de 2000, para hablar ante los medios sobre los términos de su segundo debate!

Es cierto que ese día no hubo acuerdo, pues Fox quería debatir “hoy”, mientras que Cárdenas y Labastida deseaban hacerlo el viernes, pero hay que reconocerle a los tres que no se escondieron detrás de un “me quieren echar montón” o un “si no va aquél, no voy yo”.

La verdad, hubo mayor nivel hace 18 años.

Sabemos bien que todavía falta más de un mes para el primer debate organizado por el INE (38 días para ser precisos). Y sabemos que es posible que haya seis candidatos en la boleta, con lo que ese debate y los otros dos a los que ha convocado el instituto deberán tener el mismo número de participantes.

A juzgar por la experiencia reciente –y aun dando el beneficio de la duda al INE, que ha dicho que se le ocurrirá un formato dinámico de debate–, lo más probable es que esos tres encuentros sean una sucesión de monólogos y no verdaderos debates. Es decir, que no sirvan para nada. Ni para entretenimiento.

Qué pena que Anaya, López Obrador y Meade no quieran participar en un auténtico ejercicio de discusión, que pudo haber sido organizado por un medio o un grupo de medios.

Se ven muy mal apostando por su propio interés. Frente a los contrincantes de 2000, se ven francamente muy chiquitos.

 

Link  https://www.laotraopinion.com.mx/chiquitos/

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