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Caridad Política

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Pio XI, en diciembre de 1927, proclamó que la política, en cuanto atiende al interés de la entera sociedad, constituye “el campo de la más amplia caridad, la caridad política”. Tanto Juan Pablo II como ahora Francisco I han retomado este concepto, pero ¿qué significa hoy esto para nosotros? Tiempo es de hacer un alto y reflexionar entre propaganda que exalta virtudes de precandidatos y guerra de lodo de todos contra todos.

La caridad política, esa gran avenida que es vía para alcanzar la inclusión, igualdad de oportunidades, crecimiento por mérito y condiciones para ser libres y felices, esa es absolutamente contraria al callejón de la mezquindad, los apetitos personales, y la rapiña del poder por el poder mismo, porque ese callejón siempre tendrá como destino la corrupción, pobreza, frustración y resentimiento de la gente.

Hoy nadie cree en los políticos. Se ha convertido en divertimento nacional señalar a todos como lacras no sólo innecesarias sino deleznables. Lo peor es que políticos de todas partes insisten con cada acción en confirmar el sentimiento generalizado de repulsión.

Muy difícil resulta entender decisiones que están contra toda lógica y que matan lucecitas de esperanza. Un político que accede al poder sintiendo que se lo deben, que tiene mérito por sus virtudes o trayectoria, invariablemente es factor de división y fracaso… uno que llega y sabe que se lo debe y deberá siempre al pueblo y que está en su mano el deber y la oportunidad de ayudar al necesitado, evitar el dolor evitable y procurar el bien común, será siempre factor de crecimiento, unidad y éxito.

El poder, sin embargo, se reparte por quienes ven en gente más capaz, más generosa y más humilde una amenaza para el encumbramiento propio y entonces, a su conveniencia, se cierran y abren puertas, oportunidades, candidaturas. ¿El beneficio del pueblo? Eso… eso casi siempre es un considerando inexistente en las mesas de las negociaciones.

Nunca olvidemos que cada uno de nosotros somos patria que pasa. La patria entonces, es la suma de la tristeza, decepción, frustración, trabajo, risas, éxitos, felicidad de cada uno de sus hijos. Hoy, la esperanza está casi rota en México. Hoy, la democracia está bajo lupa y en examen final.

Es entonces que alcanzar sueños, la realización integral de cada persona y la oportunidad de una vida más justa y bella para cada mexicano, lo único que debiera guiar a los políticos. De no ser así, serán culpables de asesinar la ilusión y esperanza de que un México más justo y más próspero es posible. La vía de la caridad política siempre está allí. ¿Estamos nosotros?

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