Código Tlaxcala
“Ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”. Kofi Annan

Cambio Necesario

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Infortunadamente México es hoy un país inmerso en un grave proceso de deterioro democrático y de desmoralización de la sociedad, donde los ciudadanos desconfiamos cada día de la clase y de un sistema político cada día más corrupto y sustentado en la mentira y el engaño.

Tal parece que la clase política no está consciente del peligro, ni de la gravedad que encierra el que los ciudadanos estemos dejando de confiar en la política.

Es por ello que vale la pena recordar que la confianza es la base de la política y de la economía y sin ella sólo queda espacio para el caos y la degradación. En México, el refuerzo de la ética y la reforma del liderazgo son tan urgentes como la recuperación de la economía.

Lo más grave de la actual crisis es que ha disparado la desconfianza y el recelo de los ciudadanos frente al poder. El avance de la pobreza ha provocado que los ciudadanos pierdan la escasa confianza que tenían en sus dirigentes.

El espectáculo de la corrupción política, la inflación de mentiras y engaños que se lanzan sobre la sociedad desde los partidos políticos y el avance hacia la pobreza, han convertido al mexicano promedio en un ser políticamente frustrado, preso de la desilusión y el descontento.

Ese ciudadano, inmerso en un acelerado proceso de divorcio con sus líderes, apenas y cree en sus políticos, tampoco confía en las instituciones del Estado, ni en la impartición de justicia, ni el sistema político, al que empieza a percibir como cualquier cosa menos como democracia.

En México ya sólo creen en los políticos los que viven de la política o los que reciben favores y privilegios del poder. Los demás, cuanto más informados, más alejados nos sentimos del escándalo político, del despilfarro generalizado, del hedor a corrupción y de la imparable degradación de la democracia que impera en el país.

Casos como el socavón en el paso exprés de Cuernavaca no hacen sino revelar el alto grado de degradación de la clase política que conduce al país hacia la pobreza y el fracaso, mientras que ellos, convertidos en amos y señores, se aferran a sus privilegios y demuestran, constantemente y con insólita desfachatez, que ellos están blindados frente a la crisis.

Hoy es común escuchar las conversaciones de la gente el reflejo de la decepción y el desencanto, admitiendo que la corrupción lo ha invadido casi todo y que ni siquiera las instituciones del Estado se libran de esa lacra.

Los ciudadanos al pagar los impuestos, solo entregamos nuestro dinero al Estado porque así está previsto en la ley. El grueso de la ciudadanía sabemos que nuestras aportaciones no se emplean en construir buenas carreteras, en ayudar a los más necesitados o en financiar el costoso sistema de salud, sino en sufragar corruptelas de los políticos.

Ante este panorama, lo más urgente en este país en crisis es recuperar la confianza perdida. Y no será factible sin la participación consciente de los ciudadanos que, ajenos a filias o fobias, podremos construir un mejor país evitando cifrar nuestras esperanzas en mesías o líderes de ocasión. Cambiemos primero para poder cambiar lo demás.

Recuerden que: “Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”. Alexei Tolstoi

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