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Brandon Espera a los Reyes Magos

-Opúsculo no Ficticio de Navidad y Año Nuevo, en Tres Lágrimas-

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UNA

El niño de dos años y medio es arrancado de su sueño reparador por una tos pertinaz que lo ahoga. Sobre el pecho de la madre se agita, arquea el cuerpecito. Recuperado, mira con viveza a los adultos que le observamos. Sonríe.

“A ver, Brandon, ¿eres mi amigo?” –pregunta Paco Román.

“Tsi” –devuelve con prestancia.

Luego vuelve el rostro para mirarnos directamente: sin subterfugios, con ojos inteligentes, pulcros, sin dobleces. Como cualquier niño de su edad.

Brandon tuvo -como tantos otros ignorados por todos porque su realidad pone en duda nuestra armonía y felicidad edulcorada con villancicos, regalos y parabienes- una Navidad difícil. Mejor no verlos, volver la vista hacia otra parte, pero existen.

Están aquí, allí y allá, a la vera del camino esos niñosdioses marcados desde el principio por la desventura.

Horas después del día de la Guadalupana, Brandon se cayó de la silla donde Claudia, su mamá, lo acomodó mientras ayudaba al patrón a preparar tacos en un negocio de Aztama, una comunidad marginada del municipio de Zacatelco.

Lo tumbaron los retortijones causados por parásitos emponzoñados desde siempre en su estómago.

Esa noche el niño de poco más de treinta meses de edad no pudo dormir. Y tampoco la siguiente ni la subsiguiente. Así pasó la Nochebuena. Y así, llorando, le amaneció el día de la natividad de Jesús.

Desesperado por no tener dinero ni para un doctor, el padre lo obligaba a caminar, aferrado a la idea de que tal vez así el niño hallaría alivio…

Así mismo, llorando, logró arribar hasta el año nuevo. Para entonces, al golpe, las lombrices y los desvelos había sumado una bronquitis que delata la tos recurrente, desgarradora que aún le aqueja.

-Esto no es nada. Ya va de salida. Hubieras visto cómo estaba cuando lo trajeron –recuerda Paco.

De izq a der, don Marcos, doña Francisca, Brandon y Claudia.

DOS

Claudia con el niño en los brazos, doña Francisca Serrano y don Marcos Díaz nos miran desde la banqueta. Cuando llegamos a las oficinas que tiene la CCCD en la Tercera Sección de Zacatelco, esperaba a Paco la familia de Brandon.

Vinieron para agradecer personalmente a Francisco Román Sánchez su apoyo en tan difícil prueba.

Porque el ex alcalde de Zacatelco acogió con su habitual generosidad a Claudia el día en que, con su niño-dios a cuestas, decidió abandonar al papá de Brandon, un hombre siete años mayor que lleva el nombre de la patrona del Corazón del Sur.

-¿Por qué? –pregunto.

Se humedecen los ojos de Claudia mientras relata cómo hizo caminar al niño enfermo el padre insensibilizado por tantas carencias elementales, cegado acaso por la impotencia.

-Cuando mi hija quedó embarazada, él la dejó a su suerte –corrige la abuela. “Y le pega.”

-No entiendo cómo puede un hombre golpear a una mujer, duele ver que maltraten a nuestra sangre –glosa con lágrimas de hombría genuina apenas contenidas en los párpados, el abuelo bondadoso.

Explican doña Francisca y don Marcos que desde que Claudia halló refugio en casa de una colaboradora de la CCCD, el esposo les ha enviado amenazantes mensajes de texto.

“Amenaza con golpear a quien se atreva a recibir a Claudia o apoyarla” –informa la abuela.

“¿Para cuándo tiene la cita con las abogadas?” –pregunta Paco al colega Ralph Segura.

Coincidimos al recomendar a la mamá dejar sentado un precedente legal y solicitar una orden de alejamiento.

Caemos en cuenta de que a pesar de ser todavía un bebé, Brandon nos mira con detenimiento mientras mastica una galleta.

El niño dios parece entenderlo todo. Acordamos no hablar más del asunto en su presencia.

Quisieron agradecer el apoyo.

TRES

Varios días después de la caída de Brandon un huesero les dijo que no podía “tronar” al adolorido Brandon, que para descartar una lesión grave había que sacar una radiografía.

-La placa costaría 30 mil pesos, luego dijo que 3 mil –evoca la mamá.

Así pasaron varios días, sin poder hacer nada, hasta que alguien puso a Claudia en contacto con Paco Román. Cuando por fin pudo encontrar al líder social, Brandon era un solo nudo de dolor y llanto.

“Una señora me contó que el Padre (de Zacateco) le había dicho que usted sí ayuda.”

“Aquí vemos cosas así todos los días, hacemos lo que podemos” –confirma al desgaire el curtido Paco Román. “Lo que no hacemos, es hacernos güeyes”, remata con vehemencia característica.

Los Reyes Magos visitarán a Brandon.

Por fortuna, en la clínica Vista Medic descartaron alguna lesión vertebral. El médico que atendió al niño dios ordenó un tratamiento contra la parasitosis y medicinas para aliviar los bronquios.

Aunque aún lo carga casi todo el tiempo su frágil mamá, Brandon parece hallarse a salvo.

-Dentro de tres días vendrán los Reyes Magos –digo por animarlo.

-Seguramente te traerán tus regalos –promete Paco Román.

A contracorriente de un destino hasta ahora hostil, algo en su mirada de niño dios sugiere que Brandon persistirá con tenacidad en la aventura emocionante de descubrir el mundo.

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