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Atlangatepec: un Discreto Oasis del Altiplano Tlaxcalteca

FOTOS Ernestina Ramírez

 

Descubrir Tlaxcala es redescubrir las raíces de los mexicanos presentes en las crónicas de la conquista y palpables en zonas arqueológicas muy anteriores, como Cacaxtla y Xochitécatl, rivales hoy del centro vacacional La Trinidad y el albergue La Malintzi en propiciar la convivencia familiar y un sano esparcimiento.

El viajero que llega al estado de Tlaxcala no puede dejar de visitar Atlangatepec, un municipio de 124 km2 y 5 mil habitantes que alberga un oasis a 20 kilómetros del pueblo de Tlaxco y 25 de la ciudad de Tlaxcala. Allí hay vestigios de antiguos cascos de hacienda, y algunas modernas que crían toros de lidia.

Atlangatepec es palabra nahua que significa “cerro de aguas bajando”, lo cual pudo decidir a los frailes del convento construido en 1574 de ponerlo bajo la advocación de Juan el Bautista. La fiesta del santo patrono cae el 24 de junio, aunque los lugareños lo festejan desde varios días antes.

Siendo el más importante cuerpo de agua del altiplano central de México, la laguna de la presa de Atlangatepec ofrece a 2 mil 500 metros sobre el nivel del mar una buena opción para los viajeros que buscan el contacto con la naturaleza y no se desaniman ante la precariedad de los servicios. En la entrada principal del acuífero se halla el centro turístico Fuerte Apache, con restaurante e ideal para los niños.

LAGUNA DE ATLANGA

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La laguna es fuente de alimentos y empleo para las comunidades aledañas, merced a lo cual los lugareños han abierto varios accesos alternativos. Algunas familias capturan, cocinan y venden platillos de la carpa barrigona de gran tamaño (llega a pesar más de 3 kilos), así como peces charales, trasquila y San Pedro, recién cosechados.

La comercialización de los productos alcanza para apoyar la economía familiar y permite reinvertir en la adquisición de crías al fin de repoblar la laguna. Adicionalmente los pescadores ofrecen paseos en lancha y a veces puede verse un velero deportivo trizando el tranquilo espejo de plata.

Los pescadores llegaron entre sí al acuerdo de dividir las aguas en partes iguales. La producción de carpa y charal, principales especies, varía considerablemente al paso de las estaciones del año. La mejor época es la de lluvias; y la peor la temporada invernal, cuando los animales se guarecen en las aguas más profundas y cálidas.

Uno de los pescadores, don José Javier Tapia Pérez, nos explica que “la producción de carpa y charal depende del agua, y también del cuidado y el compromiso de los compañeros pescadores de mantener limpio el lugar”. La contaminación, advierte, es una amenaza real a la laguna.

“Cuidar la laguna significa cuidar nuestra fuente de ingresos”, resume mientras prepara la lancha en que nos lleva a dar un recorrido sobre las aguas.

Al momento de despedirnos don José reitera la invitación a la reportera y al público en general, a visitar el próximo mes de junio Atlanga, como ellos abrevian el nombre de su pueblo, cuando podremos compartir con los lugareños los encantos de su pequeño paraíso y las delicias de sus platillos preparados con peces y yerbas propias de la laguna.

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