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Así Barsa no Gana / Salvador Sostres (España)

 

Con el Madrid eliminado, el Barça perdedor de Bartomeu había conseguido ya el que será el mayor logro de la temporada, y es que el Madrid no gane otra Champions. Éstas son todas las ambiciones que el actual Barcelona se puede permitir, junto con el divertimento de mandar al Espanyol a Segunda.

Pitaba Çakir el turco, uno de los árbitros más nefastos y mal parecidos de Europa. Él es al arbitraje lo que su país es a la democracia. Fue la primera vez en mucho tiempo que el himno de la Champions no fue silbado en el Camp Nou, en una demostración de que una parte muy importante de Cataluña, minoritaria, pero muy significativa, hace ya muchos años que alcanza su máxima elegancia cuando está callada. Piqué, como Varane, le regaló al Nápoles el primer gol, pero Mertens no fue Sterling y chutó al palo. Qué mal está Piqué, otro que gana mucho callado. El Nápoles empezó con el balón y el Barcelona sólo podía defenderse y el balón no le duraba nada. Qué triste reaparición culé en la competición más importante. El Nápoles, muy atrevido, dominaba, con un 80 de posesión en el minuto 10. Setién y Éder Sarabia llevaban el mismo y absurdo tipo de camisa blanca.

Pero pese a todo, Lenglet a la salida de un córner abrió la noche con un gol de cabeza. Bonita parábola. Al Barça le sentó bien el gol, tuvo su posesión más larga justo a la siguiente jugada, y medio abandonó –aunque no del todo– la idea que su segundo entrenador había expresado en la previa del partido en el sentido de «aguantar lo que tenemos». Una idea menor, pero que dio su resultado. Bueno, la idea y sobre todo Messi, que aunque ya no sea cada día, de vez en cuando aún vuelve a iluminarnos con su talento, y se fue de mil dríblings con más fuerza que finura, con más fe que cirugía, pero demostrando ganas, demostrando deseo de victoria, el espíritu ganador que hacía tiempo que parecía que le había abandonado. Hacía tiempo que Messi no celebraba un gol con tanto furor. Y nunca Lenglet había recibido un abrazo del argentino como el de ayer. Para cerrar la eliminatoria casi definitivamente, Messi marcó el tercero a la media hora, pero el VAR lo anuló por una mano levísima, pero mano. La eliminatoria volvía a estar abierta, o semiabierta,

El entrenador del Nápoles, Gattuso, con una camiseta negra que le iba muy pequeña, parecía un portero de discoteca de esas que nunca sabes el tipo de chica que vas a encontrar dentro. En el 40 Koulibaly le hizo a Messi un penalti clamoroso, de una patada tal vez involuntaria, pero terrible, que el turco al principio no quiso conceder, porque es malo, malo de verdad, pero al final el VAR le corrigió y marcó Suárez el tercero porque Messi estaba aún demasiado dolorido como para chutarlo. Lo que parecía el final de la eliminatoria quedó empañado por un estúpido penalti de Rakitic que transformó Insigne. El empate a goles servía a los italianos.

La verdad es que el gol del Nápoles justo antes del descanso no parecía gran cosa, pero con un Barça acostumbrado a hacer ridículos tan estrepitosos en las últimas Champions, la sombra de Roma y Liverpool se hizo presente en la reanudación, con los italianos decididos a conseguir los dos goles que les faltaban e iban teniendo sus oportunidades. El Barcelona jugaba a administrar y lo que en cualquier otro equipo sería lo inteligente, para los culés parecía extrañamente temerario. El Nápoles atacaba a la desesperada, con más ansia que calidad. Griezmann era como si no estuviera. De Jong, espléndido, su mejor partido de la temporada. Rakitic fallaba todo lo que tocaba pero hacía bien su labor de guardaespaldas de los centrales. Bochorno y calor en el Camp Nou. Los de Setién disimulaban sus limitaciones, sobre todo físicas, tratando de dormir el partido, pero sin acabar de controlarlo. Setién no se atrevía a hacer cambios. Cuando el Barça de Setién se parece tanto al de Valverde, probablemente la culpa no es de Setién ni de Valverde. Hay lo que hay y no se puede hacer gran cosa más. Al final Monchu y Júnior entraron por Griezmann y Suárez. Vaya cambio, Quique. Más disfraz de más limitaciones. Pura supervivencia. Palo del Nápoles en el 85. Todo al límite, todo escaso. Pero pasaron.

Con este fútbol se gana a estos pobres chicos italianos, pero el Bayern arrasará en Lisboa, y con razón, si se le dan tantas facilidades.

 

 

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Con esto no se gana al Bayern / Salvador Sostres, ABC (España), Agosto 9

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