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Arte y Enigmas de las Cavernas

Primera parte: Las Pinturas Prehistóricas

-Reportaje Digital-

 

 

Panel del ‘unicornio’ en Rotonda o Sala de Toros, Lascaux II. (archeologie.culture.fr)

 

Las evidencias aparecen desde las tierras heladas de Siberia y el mar Báltico hasta los conos meridionales de África, Asia y América. En Australia, Oceanía y la ruta del Monzón que baña el Sudeste Asiático. Por regla general las pinturas sobre piedra más antiguas están adentro de cuevas tapiadas hace milenios y abundan las más recientes en los abrigos de roca y muros cubiertos de salientes por todo el planeta.

Así como los yacimientos de fósiles humanos dichas obras anónimas remiten a la prehistoria. A enigmáticos “hombres de las cavernas” que aún no sabían fabricar viviendas seguras mas eran capaces ya de representar y simbolizar con el talento superior del arte.

”Gran vaca negra’. Lascaux III. (archeologie.culture.fr)

 

Las mejores obras –Altamira, Lascaux y varios sitios entre centenares declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad- tocan cimas de creatividad en la técnica, el dibujo y el manejo del volumen, todo lo cual reconocieron pintores como Gauguin, Picasso, Klee, Miró y Antonio Tàpies. “Desde Altamira todo es decadencia”, habría expresado el andaluz.

La influencia de la obra plástica de los cavernícolas sobre el arte moderno ha sido sin duda liberadora.

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Ciervo negro extinto. Lascaux II. 12maC. (Megaloceros.com)

 

Pero ¿quiénes realizaron el arte de las cavernas? Ni siquiera en las obras más bellas hay indicios de autoría, de manera que el asunto queda a merced de la especulación. Algunos especialistas creen que pudieran estar implicados otros homo coetáneos de los sapiens arcaicos, concretamente los neandertales. Tampoco hay consenso sobre lo que significan esas pinturas y grabados. Donde los más grandes pintores de nuestra era han visto un arte cautivador y sorprendente, los antropólogos y arqueólogos perciben tradiciones culturales, rituales mágicos y arquetipos psicológicos –todo lo cual rebaja siempre la obra artística.

Veamos más de cerca el asunto.

Bisontes. Cueva Font de Gaume. (perigord.com)

 

CUEVA DE ALTAMIRA

Situada sobre una breve colina del municipio español de Santillana del Mar, la gruta de Altamira  ramifica en una longitud de 270m por cámaras y pasajes, destacando el Vestíbulo y la Gran Sala de 18m de largo por 9 de ancho. En los parietales o muros predominan impresiones de puntos y rayas, dibujos abstractos y figurativos, grabados e inscripciones de factura muy diversa; pero en la bóveda y algunos paneles pueden verse lienzos exquisitos en negro de carbón, rojo y ocres minerales, a los que debe la cueva su merecida fama. Allí, en Altamira, se comprende bien la conocida expresión “arte de las cavernas”.

El maravilloso plafón de toros de la cueva más visitada y estudiada del mundo (hay casi medio millar de grutas con pinturas solamente en Europa) está fechado en +/-14maC; y en un milenio menos los bocetos de bisontes. Dos caballos rojos, en 22maC.

 

Friso de de animales hervíboros perseguidos por leones. Chauvet. FOTO Jean Clottes, wordpress.com

 

Sin embargo las pinturas artísticas no son las más antiguas de los santuarios del arte prehistórico.

La datación precisa de pigmentos vegetales paleolíticos, más complicada que en huesos y objetos, fue posible hasta el siglo XXI. La revista Science publicó en 2012 algunas fechas para once cuevas de España, incluyendo la estimación +/-36.5maC para un trazo claviforme de la Gran Sala de Altamira, muy anterior a los lienzos principales.

 

Bisontes policromos. Gran Sala, Altamira, Subcueva. (ngenespañol.com)

 

Investigaciones posteriores al descubrimiento de las pinturas indican que la cueva de Altamira fue ocupada periódicamente entre +/-36maC y 13maC, cuando la selló un derrumbe. De las notas del abad Henri Breuil se deduce que estuvo habitada por última vez cuatro mil años antes de pintarse los murales. Como en los casos de la vasca Altxerri y las francesas Lascaux y Chauvet, un deslizamiento azaroso tapó la boca de Altamira y nos hizo el milagro de preservar tanto tiempo las magníficas pinturas.

De entre los sedimentos de la cueva se ha recogido restos de comida (caracolillo bígaro, espinas de pescado, huesos de una cierva); un rico instrumental de puntas bifaces, lanzas arrojadizas o azagayas, raspadores de piedra, buriles para grabar y agujas de coser; objetos de arreglo personal como colgantes y cuentas de concha, algunas decoradas, y otros de arte como aerógrafos para esparcir pigmentos y piedras para raspar los muros.

Bisonte embistiendo. Altamira II. (nationalgeographic.com.es)

 

ALTAMIRA Y SAUTUOLA

Es curioso que se haya sospechado un complot clerical detrás de la noticia sobre la colección de Altamira dada al año siguiente de la Exposición Universal de París, en 1879, por el acaudalado paleontólogo aficionado Marcelino Sanz de Sautuola ante el Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistórica de Lisboa.

Cuando su admirador Sautuola mostró las magníficas imágenes del techo y los parietales, la eminencia del momento en evolucionismo, el joven Émile Cartailhac -primer catedrático francés de Arqueología prehistórica y jefe del pabellón de antropología de la Exposición- simplemente se puso de pie y largó.

Sautola, María y un Cartailhac envejecido.

 

Una década antes del incidente de Lisboa, al siguiente año de la inspiradora Exposición Universal de 1867 un labriego había contado a Sautuola que su perro atoró persiguiendo una presa en una de tantas grietas de la zona kárstica de Santillana del Mar. El comentario no atrajo la atención del descubridor a juzgar por los años transcurridos; hasta que -estimulado por la exposición- decidió explorar la gruta con su hija.

La aventura culminó en el hallazgo por la niña del los bisontes policromos. Donde María vio “muchos bueyes”, el escultor Henry Moore vería en 1934 una “Real Academia del Arte Rupestre”.

Vista de la Exposición Universal, en área donde sería erigida la Torre Eiffel.

 

Aunque no faltaron abogados, los prehistoriadores de su época dieron la espalda a Sautuola. El santanderino murió una década después de Lisboa con el sambenito de charlatán a cuestas, pese a sus magníficos Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos en la provincia de Santander, sin sospechar que el sabio francés le concedería post mortem, en 1902, la razón.

Cartailhac se explicó así en el artículo Las cavernas decoradas con dibujos. La caverna de Altamira, España, mea culpa de un escéptico: “Me escribieron: ‘desconfía de los clericales españoles’. ¡Y yo desconfié!”. Agregó: “Es necesario inclinarse ante la realidad de un hecho, y, por lo que a mí concierne, tengo que hacer justicia a M. de Sautuola”. Viajó ese año hasta Altamira -como había pedido infructuosamente el español- para conocer personalmente las famosas pinturas.

Por entonces, los nuevos hallazgos habían disipado las dudas de dos décadas atrás.

 

Caballos, rinocerontes y bóvidos. Chauvet. Réplica en Anthropos museum, Brno. FOTO Wikipedia

 

Finalmente, en octubre escribió al colega Gustave Chauvet: “Querido amigo, el padre Breuil y yo desearíamos que estuviese usted aquí, en la cueva de Altamira. Es la más hermosa, la más extraña, la más interesante de todas las cavernas con pinturas. Desde hace ocho días está copiando el padre estos bisontes prehistóricos, estos caballos, estos ciervos, estos jabalíes, todos tan asombrosos. Ya tiene un gran número de espléndidos dibujos, y cientos de copias en colores. Vivimos en un mundo nuevo”.

El caso Sautuola confirma que el prejuicio suele confundir por igual a teólogos y científicos. Se repetiría más de un siglo después con Dan Shechtman -premio Nobel de Química 2011 merced a los cuasicristales-, asimismo ridiculizado por sabios ciegos ante lo novedoso.

‘Gran cierva’. Altamira, FOTO HTO

 

ACADEMIAS SUBTERRÁNEAS

A juzgar por la yuxtaposición de pinturas de antigüedad muy variable, las cuevas sirvieron de academia a pintores de generaciones muy distantes entre sí que las siguieron redecorando al paso paquidérmico de los milenios.

Las cuevas ofrecen un refugio natural a los animales, y acogieron en un mundo dominado por felinos poderosos también a los cavernícolas sapiens y de otras especies homo. Si un hombre moderno se encontrara inerme en el campo, sin posibilidad de guarecerse de la lluvia, un incendio o el acoso de un puma, podría entre escasas opciones trepar a un árbol y esconderse en una gruta. Entre más honda e intrincada, mejor.

Boca de la gruta Tuc d’Audoubert por el río Vip. (wikimedia.org)

 

Una vez adentro, la oscuridad absoluta debió fascinarlos y encender sus mentes. ¿Cómo si no poseídos por la imaginación, osarían aventurar con antorchas de grasa animal hasta 30 metros de profundidad en Rising Star, Sudáfrica, para sepultar a los muertos? O decenas y cientos de metros en Altamira y Chauvet para estampar las manos en la roca y trazar con artificio insuperable las joyas del arte prehistórico.

Cueva de Luzón, Filipinas, donde se halló Homo luzonensis. (NYT, Callao Cave Archaeology Project)

 

Al fin de mejor apreciar los murales prehistóricos se debe tener presente que fueron realizados entre penumbras, bajo la iluminación mortecina de fuegos parpadeantes que imprimen movimiento a los dibujos, una “cualidad cinemática” con la que seguramente contaban los anónimos artífices.

Y tomar en cuenta, además, que las obras confeccionadas por una misma mano pudieron requerir más de una sesión de trabajo arduo, lo cual invita a especular si hubo artistas especializados miles de años antes del neolítico -y acaso del paleolítico. Según lo informado hasta ahora, en Chauvet (tapiada hacia +/-25maC y explorada a partir de 1994) hay evidencia de que los pintores preparaban las áreas seleccionadas, raspando con piedras y tallando con arena. La ubicación elevada de algunas obras sugiere que emplearon algún tipo de andamio.

Cueva La Pasiega. Cantabria, España. En febrero de 2018, Science informó data de +/- 63maC. FOTO P. Saura, NatGeo

 

BISONTES DE BARRO

Representar a la propia especie no fue una prioridad del artista prehistórico. De hecho, la presencia de figuras humanas suele servir de criterio para diferenciar la pintura post-paleolítica de la precedente. Los animales son el tema hegemónico de las obras. Algunos especialistas han subrayado el conocimiento preciso de los cuerpos animales –principal alimento del inquilino de las cavernas- obtenido por el artista-cazador a través de la observación y al destazarlos.

Por otra parte, resulta obvio que el conjunto de pinturas prehistóricas reúne calidades muy disparejas. Las más antiguas consisten sobre todo en inscripciones abstractas (puntos, rayas, cuadrículas) y algunas representaciones convencionales. Sólo en pocos casos entre cientos de miles, alcanzaron los pintores niveles asombrosos de creatividad, imaginación e inteligencia.

 

Esculturas de bisonte. Tuc d’Audoubert . FOTO Twitter

 

Las pinturas de Les Trois fueron descubiertas en la primera década del siglo XX por los hijos de un conde y sus amigos mientras exploraban en canoa las aguas subterráneas de un arroyo. Luego, en una cueva aislada del mismo complejo calcáreo, Tuc d’Audoubert, dieron de bruces con un testimonio único del arte prehistórico: dos bisontes moldeados en arcilla sobre un peñasco del suelo, así como el esbozo de otro entre huellas de pies adultos y niños. Además, desenterraron del sedimento muchas herramientas y otros vestigios.

El acervo de Les Trois Frères ha sido adscrito al periodo Magdaleniense (17maC-10maC); y datadas en +/-11maC las esculturas magníficas de Tuc d’Audoubert.

Cabra. Cueva Niaux, Salón Negro. Lascaux II. (bouquetin-pyrenees.fr)

 

PLANTILLAS DE MANOS

Siendo tan bellas, las pinturas prehistóricas se benefician de la gracia de lo enigmático.

Un misterio no menor radica en las coincidencias de estilo, técnica y temática observadas en lugares muy apartados entre sí. Los pintores prehistóricos de África, Oceanía, Europa y América utilizaron el carbón de las fogatas y arcillas minerales para los colores rojo y ocres; similares patrones geométricos y simbólicos; las mismas técnicas de plantillas y grabado en roca; motivos animales y sólo de manera ocasional figuras humanas muy simples, a menudo zoomorfas.

Manos. Gruta Gargas, Francia. 27maC. FOTO quo.es, Wikimedia commons

 

¿Son similitudes naturales, impuestas por el momento histórico y la tecnología elemental; o derivan de una matriz común africana así como nuestro genoma?

Otra coincidencia notable es el hábito juguetón de calcar las manos sobre la piedra soplando pigmentos con cañas o la boca (en negativo), o bien estampando las palmas (positivo). A la mitad de cientos de manos de las grutas francesas Cosque y Gargas –donde se empleó grasa animal como aglutinador de pigmentos como el negro de manganeso- le falta uno o más dedos.

Manos y gacelas. Altamira. FOTO wordpress.com

 

Dicha pintura de manos, tal vez la más antigua del arte prehistórico después de los sencillos pictogramas de puntos y rayas, está por supuesto en toda la península Ibérica, y en África (Colinas de Tsodilo en el Kalahari, Botswana), el Sudeste Asiático (Cueva Lubang Jeriji Saléh, isla Sulawesi, Borneo indonesio), Sudamérica (Cueva de las Manos, Santa Cruz, Argentina), Mesoamérica (Gruta Lol-Tun, Yucatán, México) y Norteamérica.

Toda una moda de la Edad del Hielo. También, una ratificación del ludismo como raíz y fuente de la inspiración artística. Del arte por amor al arte.

Manos en cueva maya Lol-Tun, Yucatán. FOTO Sergio Grosjean, NatGeo

 

 

Cueva de las Manos, Santa Cruz, Argentina.

 

SEGUNDA PARTE Dataciones, Extraterrestres y Chamanes

 

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