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Por un año de Exitosos Fracasos

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Gonzalo Abascal /Clarín (Argentina), 1 Ene

El libro se titula “Las virtudes del fracaso” y lleva vendidos más de 50 mil ejemplares en Francia, donde se editó por primera vez.

En España la traducción salió a la venta en septiembre pasado, y también se ha convertido en un fenómeno editorial que genera ventas, notas periodísticas y comentarios de diferentes tonos.

Su autor es el profesor de Filosofía y escritor francés Charles Pepin, y el género el de la sospechosa “autoayuda”.

Pero por alguna misteriosa razón, el texto parece haber tocado una fibra sensible, haber dado en el blanco en el lugar justo y en el momento indicado, y así disparar una módica pero interesante conversación en algunos de los medios europeos más importantes.

¿Y qué dice Pepin, para haber logrado semejante cosa?

“Un contradiscurso alternativo a la agobiante exigencia de éxito en el capitalismo competitivo”, según una pretenciosa crítica literaria.

O para decirlo de un modo más sencillo y en palabras del propio autor: “todo éxito es un fracaso rectificado”.

Entonces, desde esa definición para nada original pero, a juzgar por las ventas logradas, tan necesaria en estos días como el aire y el WiFi, desarrollar la tesis de que equivocarse no sólo es necesario, sino imprescindible para recalibrar (palabra de moda en estas geografías) en la búsqueda del objetivo deseado.

Audaz, el autor dice que el fracaso no contiene una virtud, sino muchas.

Que algunas caídas (no todas, aclara) fortalecen la voluntad para perseverar, mientras otras otorgan lucidez para cambiar.

Su nómina de ejemplos incluye a muchos de los “fracasados” famosos como Steve Jobs y J. K. Rowling, autora de Harry Potter, y otros borroneados en el tiempo como Darwin, quien empredió su viaje en el Beagle luego de abandonar estudios de medicina y teológía.

El repaso incluye proyectos comerciales como las ahora universales cafeteras para cápsulas, inicialmente creadas para restaurantes, pero con un recibimiento tan decepcionante que obligó a cambiar el mercado, última oportunidad para un negocio que bordeaba el precipicio. O la droga hoy conocida como Viagra, inicialmente pensada para curar las anginas de pecho. El éxito, se sabe, llegó por un camino bien distinto.

La tesis ofrece, al fin, un ejemplo conceptual. La idea de “fail fast” (fracasa rápido) impuesta en las compañías tecnológicas de Silicon Valley, en EE.UU. donde la pregunta inicial a los aspirantes es: “Usted, ¿fracasó alguna vez?”. El que diga que no, quedará descartado.

¿Estamos, entonces, ante un panegírico del fracaso?

El autor lo niega en una reciente entrevista en el madrileño diario El País. “No es lo que yo defiendo. No todas las experiencias son beneficiosas. Hay fracasos de los que uno nunca se recupera. Lo que digo es que el fracaso es una experiencia humana, y que llegamos más lejos aceptándolo y corrigiéndolo que negando que exista”.

Para proponer cambiar la mirada. “Tenemos una visión culpabilizante del fracaso. Asimilamos haber fallado con ser un fracasado. La vida nos muestra que fracaso y éxito suelen coexistir, a menudo en un mismo acto. Lo mejor es la frase de Samuel Beckett: ‘Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor’.

A riesgo de pecar de ingenuidad, no es una mala idea para poner en la mochila con la que cada uno planea transitar el año que comienza.

Link  https://www.clarin.com/opinion/ano-exitosos-fracasos_0_SkW8-v_7G.html

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