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Acuerdo Nuclear con Irán: El Momento de la Verdad

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Editorial /JapanTimes.co.jp (Japón), 27 Sep

Ante la postura de Trump sobre el acuerdo parcial firmado con Irán por Obama, China, Rusia, Francia, Alemania y Gran Bretaña, mediante el cual el país musulmán se comprometió a detener su carrera en pos de la bomba atómica a cambio del levantamiento de sanciones económicas, mismo que el actual presidente de E.U. calificó en su primer discurso ante la ONU como “una de las peores y más unilaterales transacciones, una vergüenza”; este miércoles el diario Japan Times expuso a través de su editorial (A moment of truth for the Iran nuclear deal) el enfoque de los partidarios de cuidar -a falta de otras opciones diplomáticas- lo convenido en 2015.

El tema embona con el de otro país: Corea del Norte, que asimismo por la vía básicamente militar pretende modificar los equilibrios geopolíticos establecidos al cabo de la Guerra Fría, haciéndose de un armamento que actualmente poseen nueve naciones (además de Sudáfrica, probablemente): E.U., China, Rusia, Bretaña, Francia, India, Paquistán, Corea del Norte e Israel. ¿Es conveniente reivindicar el supuesto derecho de todos los países de poseer esa arma definitiva (“democracia atómica”); o conviene al género humano perseverar en la ruta inversa, la de la des-habilitación paulatina de un artefacto que basta explotar en cantidad suficiente dentro de cualquier nación para causar un invierno nuclear que nos destruya a todos?

Por considerar que el tema nos atañe a todos sin excepción, Código Tlaxcala ofrece a sus lectores una traducción de dicho editorial. La Redacción

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Versión en español basada en Google Traductor y grupos de discusión de la web, por Xavier Quiñones

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En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas la semana pasada, el desprecio del presidente estadounidense Donald Trump hacia el acuerdo nuclear iraní fue claro: El tratado, dijo, es “una de las peores y más unilaterales transacciones en que los Estados Unidos hayan entrado… una vergüenza”. Según reportes, está preparando la renegociación o la retirada de Estados Unidos del acuerdo, una postura que Irán ha rechazado categóricamente.

Si bien las críticas al acuerdo son correctas -no es perfecto- ni el presidente de los Estados Unidos ni nadie más ha articulado una alternativa creíble y coherente que no empeore la situación. Eso solamente, es una razón para mantenerlo.

Hongo de Ivy Mike, una termonucleardetonada en 1952. Estas y otras como la de hidrógeno, son varias veces más potentes que la estallada en Hiroshima. (Wikipedia)

 

Después de dos años de duras negociaciones, seis países -Bretaña, China, Francia, Alemania, Rusia y Estados Unidos- y la ONU convinieron en octubre de 2015 con Irán el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), un tratado que impone restricciones a las actividades nucleares de Teherán a cambio de levantar algunas sanciones económicas contra ese país. El acuerdo nació de dos tipos de temores: primero, que Teherán estaba empeñado en desarrollar un arma nuclear; y segundo, que el fracaso en alcanzar una solución diplomática obligara a dichos países a tomar medidas militares para detener a Irán y desencadenar así una guerra regional.

El JCPOA taponeó las operaciones centrífugas de Irán y retrasa la acumulación de uranio necesario para fabricar una bomba. A cambio, Occidente levantó las sanciones que le habían impuesto y tensaron la economía de Irán. Irán también obtuvo acceso a los mercados financieros internacionales y de petróleo. El cumplimiento del acuerdo por Teherán está confirmado mediante inspecciones externas de la International Atomic Energy Agency (Agencia Internacional de Energía Atómica).

Los críticos están en lo correcto al reclamar que el JCPOA tiene dos fallas. Primera, no es una solución permanente al problema nuclear. Después de 15 años, muchas de las actividades nucleares de Irán siguen siendo desenfrenadas. En segundo lugar, se limita al problema nuclear y no aborda otras formas de conducta iraní, como el soporte que da al gobierno sirio o su apoyo a la fuerza de militantes islámicas Hezbollah. Una tercera queja es que Irán no está conforme con el acuerdo.

Las tres quejas son correctas. Pero, en lo que respecta a la primera y la segunda, los términos del acuerdo son los únicos que los firmantes podrían acordar.

Los países llamados P5+1 podrían querer más restricciones a Irán, limitando, por ejemplo, sus pruebas de misiles -la más reciente del sábado fue un claro desafío- o su participación en conflictos regionales, pero Irán no estaría de acuerdo (y en algunos casos tampoco habría consenso entre los seis).

Como explicó la canciller de la Unión Europea, Federica Mogherini, en la reunión de la ONU: “El alcance del acuerdo nuclear está relacionado con el programa nuclear de Irán. Hay otros asuntos que están fuera del alcance del acuerdo”.

La acusación de que Irán no está cumpliendo es algo más complicado. Aunque hay indicios de que Irán está haciendo trampas en los márgenes del acuerdo, todas las partes del JCPOA (incluido el Secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson) reafirmaron la semana pasada en una reunión colateral a la Asamblea General de la ONU que el acuerdo está siendo implementado correctamente y que no hay violaciones.

Eso no ha apaciguado al presidente de Estados Unidos.

Trump y otros críticos como los gobiernos de Israel y Arabia Saudita temen que la JCPOA fortalezca a Irán y legitime su rol en la región. Teherán busca ser una potencia regional y ambos, Jerusalén y Riad, se oponen vehementemente a esa posibilidad. Objetan la intromisión de los iraníes en los asuntos regionales, pero su oposición refleja sus respectivos intereses nacionales -no el mayor interés mayor encarnado en el JCPOA. Es vital diferenciar entre los dos.

El presidente de los Estados Unidos debe certificar hacia mediados de octubre ante el Congreso de Estados Unidos que el acuerdo sigue siendo del interés nacional de Estados Unidos, lo que no es lo mismo que decir que Irán está violando sus términos. Si no lo hace, entonces el Congreso tiene 60 días para decidir si reanudar las sanciones que estaban en vigor cuando se acordó.

Trump insiste en que el acuerdo no es un interés nacional de los Estados Unidos.

La re-imposición de sanciones por parte de los Estados Unidos dará a Irán razones para reclamar que los Estados Unidos han violado los términos del acuerdo. Decisiones unilaterales harán más difícil para los Estados Unidos reunir a otros países a su lado e imponer condiciones más fuertes a Teherán. Como Mogherini señaló, el mundo “no puede permitirse el lujo de desmantelar un acuerdo que está funcionando y cumpliendo”, dados los muchos otros problemas que existen.

De hecho, tal precedente sería alarmante y debilitaría los esfuerzos para abordar esos otros problemas.

¿Por qué el gobierno de Corea del Norte acordaría con Estados Unidos a sabiendas de que un presidente estadounidense podría decidir más tarde que “no le interesa a su país honrarlo”? Trump y otros pueden repudiar el JCPOA, pero en ausencia de una alternativa real -y en vez de un imaginario mejor acuerdo- vale la pena cuidarlo.

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