En África ya había homo sapiens primitivos hace unos 300 mil años, 100 mil antes de lo que hasta ahora se creía, confirmó el Instituto Max Planck de Leipzig, Alemania, tras analizar mediante la moderna y más precisa técnica de termoluminiscencia un hallazgo de fósiles de cazadores recolectores reportado a inicios del presente año.
Los fósiles fueron encontrados accidentalmente en una cueva de barita situada en Jebel Irhoud, a 380 kilómetros de Rabat, capital de Marruecos, muy lejos de Etiopía, un país del este de África considerado hasta hace días “la cuna de la humanidad”.
La confirmación de la antigüedad del hallazgo –tras lo cual un grupo de arqueólogos volvió este mes a la mina, donde recuperó “herramientas de piedra quemadas con fuego”- fue informada el pasado 25 de octubre por CNN.
La noticia firmada por Olivia Yasukawa y Tom Page (Inside the lab rewriting the origins of humanity) recoge declaraciones de Tobias Lauer, un investigador del instituto, quien explicó en referencia al método de datación que un fósil emite más luz entre más antiguo es; y que dado un margen de error de 10%, la edad probable de los restos encontrados en Marruecos se ubica entre 270-330 mil años.
Basados en tomografías computarizadas –pues no fue posible recuperar muestras de ADN- , los investigadores del Max Planck han creado cientos de radiografías bidimensionales de las que se sirvieron para elaborar avatares tridimensionales, difundidos por la agencia CNN en la nota.
«El rostro de esta gente es una cara como mi cara, de alguien a quien podrías cruzar hoy en la calle», dijo a los reporteros Jean-Jacques Hublin, director del departamento de evolución humana del MPI, quien emepro precisó que los sapiens primitivos de Jebel Irhoud no son exactamente iguales al sapiens moderno.

«En el transcurso de 300,000 años suceden muchas cosas, y en particular es grande su caja cerebral y el interior del cerebro, pero es diferente en morfología a lo que hoy tenemos hoy, sospechamos que no solo la morfología sino también el tipo de cableado del cerebro».
La diferencia entre los fósiles marroquíes y el hombre moderno implica «principalmente una historia de evolución cerebral», opinó Hublin.
«Recientes descubrimientos en paleogenética y genética muestran que en este período de tiempo hubo una serie de mutaciones que afectan el funcionamiento del cerebro, la conectividad cerebral, el desarrollo cerebral de nuestro linaje. Parece ser algo específico de nuestra especie que no encontramos en otros grupos del mismo período, como los neandertales o los denisovanos u otros. El origen de nuestra propia especie es mucho más misterioso», ahondó.
Entretanto se avanza en el estudio de los restos de Jebel Irhoud, la confirmación del hallazgo ha abierto un capítulo inicial aún en blanco en el libro científico del origen de la humanidad.
De entrada, Hublin concluye que si existe una “cuna del hombre” lo sería no una región específica del continente negro, sino toda África -cuyo actual desierto del Sahara era por cierto hace cientos de miles de años “una exuberante pradera verde, rica en flora y fauna”.
“La idea de que de alguna manera sólo un rincón de África está involucrado en el origen de nuestra especie, creo que podemos olvidarlo», ha declarado. «Si hay un Jardín del Edén en África, es del tamaño del continente.»
Adicionalmente, la nueva información sugiere que el homo sapiens convivió durante largo tiempo con otras especies extintas de homínidos, como los neandertales (fechada entre 230 mil y 28 mil años) y los denisovianos (descubierta en 2010 mediante pruebas de DNA de restos localizados en Siberia, cuya existencia es datada entre un millón y 40 mil años), y refuerza la hipótesis de una posible cruza entre ellas.
«La ciencia es una reelaboración perpetua del conocimiento. El árbol de los homínidos es un árbol con una imagen borrosa, hay muchas partes visibles, lo que estamos haciendo es completar esa imagen. Creo que con Jebel Irhoud tocamos una rama esencial de ese árbol, porque es nuestra rama», concluyó provisionalmente el líder del proyecto hoy a cargo del MPI, institución pionera en el campo de la extracción de ADN fósil y el mapeo del genoma humano.



