Para Félix Dávila
Es la cuarta vez que postergo un reportaje digital relativo al 160 aniversario de On the origin of species, ocupado en prever una enésima desgracia nacional labrada en nombre del pueblo y, claro, de la Patria soberana en peligro siempre inminente cual quinceañera bonita.
Al escribidor sí le entristece hallar cada día razones de temer por el México do viven sus vidas únicas los mexicanos vivos. Temor de algo tan malo como el cardenismo que sentó las bases de la dictadura perfecta, sometiendo a los mexicanos a un poder autoritario, corruptor, más asfixiante aun que el de Porfirio Díaz y por más tiempo.
La tristeza debe ser porque el abrumador respaldo al presidente de México –contra, cabe refrescarlo, la cleptocracia e impunidades de abusos muy antiguos- podría estar siendo traicionado.
Aunque fruto del análisis la tristeza es real, esto es, emocional. Por ello, la conjuro evocando a Dolores Padierna en acción de bulear con el ya clásico “¡Quiere llorar!”.
Y mi tristeza es dual.
Un día festejo como propias las decisiones de acotar la corrupción enseñoreada en todo lo público y lo privado así como las superfluidades insólitas que se regalaron los predecesores a cuenta del erario; celebro la rectificación de injusticias escalofriantes maquinadas en nombre de la ley y el derecho, la guerra al huachicol, la desacralización de Los Pinos y hasta las mañaneras desaprovechadas por periodistas etiquetados “fifís”, machaconamente, desde la merita Presidencia de México.

Pero al siguiente día, leyendo “prensa fifí” me entero de que ya mero habrá Plan Nacional de Desarrollo aunque estamos en mayo y tuvieron un semestre desde las votaciones hasta la jura. Entretanto, el presidente de México ha ordenado la meta nacional de tener más peloteros mexicanos en la Major League Baseball (¿será para competirles post mortem a Fidel Castro y Hugo Chávez, beisboleros entrañables para él?).
Luego está el coqueteo descarado con el ejército que no supervisó la masacre de Ayotzinapa ni ejecutó a mexicanos rendidos en la bodega de Tlatlaya. Ni masacró a estudiantes en 1968 en Tlatelolco. Tampoco ejecutó a Villa, Zapata, Carranza, Pino y los Madero ni a los rivales de Obregón y Calles. Igualmente improbable es, claro está, que nuestros militares revolucionarios hayan ejecutado al manco mismo y/o a Colosio.
Un viraje radical, a lomos de un militarismo de libro de texto gratuito, con respecto a las promesas de campaña.

Enaltecidas como si la Patria misma, lavaditas de toda culpa, ahora resulta que las fuerzas armadas de México, conocidas sobre todo por reprimir opositores, plantar arbolitos y atender desastres, sirven además para construir plantas de gasolina y aeropuertos internacionales. Sea. ¿Y el Tren Maya por qué no? En el fondo, lo sabe muy bien el presidente de México, los soldados son Gobierno. El arquitecto y los albañiles de esas obras será pues el Gobierno, concretamente la Presidencia cuyo titular es el jefe máximo de los militares.
¿Regreso a un estatismo militarizado, a la usanza del antiguo PRI?

La semana pasada el presidente de México corrigió que Dos Bocas será de la mitad de lo prometido. La cancelación del NAICM se antoja en tal espejo un capricho, una mera ocurrencia tan vertical y delirante como lo del beisbol. Finalmente, el sábado el nuevo presidente advirtió a las empresas globales del capitalismo democrático (“háganse a un lado”) que el gobierno de México tendrá internet propio.
¿Al presidente no le gustará que los mexicanos recibamos influencias de Norteamérica, Europa occidental, Australia, Japón, Corea del Sur, Taiwán y otras democracias genuinas? ¿Prefiere la influencia cubana, rusa, china, musulmana y norcoreana? Debemos preguntarnos por qué, exactamente qué no le gusta del capitalismo que nos trajo la democracia y la prosperidad modernas. Si el presidente buscara con su internet controlar en vez de liberar a los mexicanos, esas preguntas son de vida o muerte.
A casi un año de su extraordinario triunfo electoral y entrado en el sexto mes del cuarto gobierno de izquierda de México (le precedieron López Portillo, Luis Echeverría y Lázaro Cárdenas), el actual presidente de México podría estar trotando el camino fallido de Venezuela, Nicaragua y Bolivia que conduce a una especie de capitalismo de Estado colectivista. Un neocomunismo de la era post Muro de Berlín que en todas partes ha desembocado en la reelección indefinida, esa carta de dictadores probada con gran éxito en México por el liberal Porfirio Díaz.
Son los casos de China, Rusia, Nicaragua y Bolivia (donde Evo Morales burló un referéndum adverso), todos del 2018. Los anticipó Hugo Chávez en Venezuela (2009).

Contra toda la evidencia histórica, el nuevo presidente de México parece creer que el Gobierno es un mejor empresario, constructor, educador y hasta mejor periodista que los mexicanos que no están en su gobierno. Esta creencia anti-liberal es compartida por todos los gobernantes de izquierda del mundo. Para los estatólatras lo mejor de la sociedad es el Gobierno y el Gobernante la mejor persona. Así las cosas, no sería extraño si el nuevo presidente desbarrancara en la idea, compartida por aliados ultranacionalistas y neocomunistas, de confrontar al mercado capitalista desde Palacio Nacional. Sus juicios chavistas de las calificadoras globales del riesgo de inversión son preocupantes; mas deben ser tomadas en serio.
¿Acaso no habrá cerca del presidente alguien sensato, un descreído de la historia mocha y adulterada de los marxileninistaspensamientomao?

¡Urge en México un tlacaelel! Un consejero aceptablemente capaz en materia de democracia (burguesa) que pueda explicar al presidente que si el capitalismo agravó la escala de la desigualdad social, en compensación, merced a su extraordinaria riqueza material y espiritual, en el saldo histórico ha prohijado la mayor prosperidad del pueblo llano. Alguien que le recuerde al presidente que el capitalismo nos dio tanta libertad a los pobres, que hasta podemos maldecir al huésped de la Presidencia de México sin consecuencias graves. (No así en Cuba, China, Norcorea ni Rusia, donde como antes en el imperio perdedor URSS, la crítica a los gobernantes acarrea cárcel, destierro y muerte. Las comparaciones son inevitables, ineludibles y muy sanas. Una guía cierta.)
La esperanza es, qué bueno, ciega como el amor y la amistad, fuentes universales de nuestras mejores alegrías, los sueños benignos, las ilusiones más rutilantes. Y es esencial a la democracia que los gobernados quieran a y crean en sus gobernantes.
Empero amoríos hay que quisiéramos olvidar. A veces duele, causa daño, nos arrepentimos de haber creído tanto. Por esto la tristeza.
COHETERÍA
PIPOPES EN FUGA Desde el pasado 12 de abril, cuando una jueza tuvo a bien ordenar el arresto de Mario Marín, la foto del ex “Góber Precioso” está por fin en oficinas de policía y migración de los cinco continentes. Es noticia fantástica, esperanzadora para una nación que simula burdamente el estado de Derecho. Y, claro, pone en entredicho a no pocos cómplices.

Uno es el pedófilo “Rey de la Mezclilla”, Kamel Nacif, al que un gobernador priista dio el negocio de utilizar a reos como obreros a cambio de presuntos favores de índole sexual. También anda huyendo. Otros implicados son los empresarios poblanos (léase licitadores) que hace 13 años encubrieron al ex gobernador con el argumento falaz de que enjuiciarlo por tan grave crimen pondría “en peligro el desarrollo de Puebla”. ¡Textual! Aunque usted no lo crea, las “buenas familias” de Puebla prefirieron ser gobernadas por un presunto criminal antes que ver brillar la justicia.
Y cuestiona, además, a los estirados magistrados de la Suprema Corte que perdonaron a los abusadores de la periodista Lidia Cacho, la valiente mexicana que denunció abusos sexuales acometidos por gobernantes y socios suyos contra la niñez mexicana.
TECOAQUE En el marco del coloquio “500 años del desembarco de Hernán Cortés”, organizado por el INAH y la UNAM, Enrique Martínez Vargas y Ana María Jarquín dieron a conocer avances relativos a los huesos descubiertos hace cuatro años en Tecoaque, Tlaxcala. Pertenecen a medio millar de aliados de Hernán Cortés capturados por acolhuas el Día de San Juan de 1520, mientras las tropas del conquistador estaban sitiadas en Tenochtitlán a raíz de la matanza del tóxcatl por Pedro de Alvarado.
Aunque el comunicado del INAH no lo aclara, presumiblemente los prisioneros llegaron en barcos de Pánfilo de Narváez y acompañaban a los soldados que decidieron sumarse al extremeño en rebeldía. A lo largo de seis meses los acolhuas asesinaron, descuartizaron y devoraron a hombres, mujeres y niños. Luego, cuando la victoria de Cortés tornó inminente, ocultaron la evidencia de los sacrificios en un aljibe o pozo de ocho metros, acaso por temor a la venganza.

La investigación ha podido precisar una composición multiétnica del grupo, pues la evidencia ósea corresponde a “hombres y mujeres europeos, indígenas tainos de las Antillas, indígenas tlaxcaltecas, totonacos y mayas, mestizos, mulatos (hijos de blanco y negra) y zambos (hijos de negro e indígena)”. En la recreación de un tzompantli de 14 cráneos en parejas hombre-mujer, aparecen “víctimas masculinas de origen totonaco, los cráneos de algunas españolas, una mulata y un tlaxcalteca”. Si las cuentas no fallan, seis mujeres españolas y una mulata caribeña aparejados con seis hombres totonacos y uno tlaxcalteca.

En el plano ritual, a propósito del sacrificio de las mujeres de la caravana, el comunicado destaca “que todas ellas, tanto las españolas como la mulata, estaban embarazadas”. En una ofrenda a Cihuateteo, deidad de las mujeres muertas durante el parto, se halló una española cortada en dos, un niño de tres o cuatro años desmembrado y “huesos trofeo” (fémures, tibias, peronés) de cuatro personas. “En el Adoratorio 9 de la Plaza Sur” -interpreta el boletín- “se registró el entierro de un guerrero tabasqueño que en su disposición parece recrear el mito del Quinto Sol, pues le fue ofrendado un español quemado y desmembrado”.
Un dato curioso es que habiendo comido los caballos, vacas, borregos, cabras, burros, mastines y perros salchicha que los prisioneros traían consigo, los acolhuas hicieron excepción de una decena de puercos, acaso por percibirlos como buenos acompañante del viaje de la muerte.

Por último, la evidencia reconfirma los sacrificios humanos y el canibalismo extendidos desde la Florida hasta el Caribe y Sudamérica. “Los restos de algunos españoles también fueron ingeridos en actos rituales”, concluye al desgaire el reporte del INAH. De hecho, a partir de la captura y el sacrificio de los aliados de Cortés, Zultépec (“cerro de las codornices”) fue renombrado Tecoaque (“donde se los comieron”). En venganza, Cortés encomendó a Gonzalo de Sandoval el exterminio de los pobladores, concluido con la ejecución pública de niños y mujeres un par de meses antes de dar comienzo el asedio de la capital azteca.
Martínez se preguntó por qué los cautivos permanecieron en Tecoaque en vez de ser llevados a Tenochtitlan. “Creemos que el gobierno tenochca pidió a los acolhuas que los mantuvieran ahí porque serviría de advertencia a los tlaxcaltecas -aliados de Hernán Cortés- sobre lo que podría sucederles a ellos mismos, pues Zultépec era su vecino.”
¿BENDITAS REDES? Se presenta como “independiente” pero durante La hora previa a la mañanera quema en el incensario de su laringe mil aromas al presidente de México. Se vanagloria del eco encontrado en internet; y envalentonado con tantos likes, hasta se permite perdonar la vida a “los pasquines de Reforma”, una avenida de la ciudad de México por donde tienen oficina los diarios nacionales más antiguos del país, El Universal y Excélsior, y asimismo el bien acreditado Reforma.
“La opinión de un ciudadano vale lo mismo que la de un periodista ¿no creen ustedes?”, refrenda la voz en off. La cámara enfocada en el escenario vacío exhibe en pantalla casi 85 mil suscriptores al canal Noticiero en Redes. En Facebook le siguen 700 mil, según un aviso. A las 7:30 hay 21,000 personas conectadas. Un exitazo. Un éxito fácil. Elogiar acríticamente al nuevo presidente de México paga, y muy bien, en las benditas redes.
El noticiero atendido por Jacobo Elnecavé comparte la manía en boga de la democracia directa, favorita de dictadores como Hugo Chávez y Nicolás Maduro, cuyos delirios destruyeron en dos décadas la nación más próspera de Sudamérica. Elnecabé pide a los suscriptores evaluar en el Día del Trabajo los primeros cinco meses de la 4T, e informa que más de mil aprueban contra 10 que desaprueban. No le importa que los expertos en estadística nieguen unánimemente validez inferencial de muestra a universo a las “encuestas” en que los respondientes se autoseleccionan. Sin freno ya, Jacobo se pone eufórico. “De esa magnitud es el respaldo que le están dando, no hay registro de un presidente con ese apoyo, impresionante las manitas para arriba.” Luego vuelve a embestir a a los periódicos de la avenida Reforma. “¿Saben por qué les ganamos en rating? Porque la gente quiere informarse directamente de las autoridades”, interpreta el idólatra del nuevo presidente.
¡Estos “periodistas” de la 4T no los tuvieron ni Peña Nieto ni Felipe Calderón!
Jacobo no parece reportero ni periodista. Ningún periodista del mundo civilizado renunciaría bajo circunstancia ninguna a la estrategia gremial de mantener una distancia básica ante el gobernante. Mas bien se conduce como un adulador abyecto con compu -y un linchador de cerillo y gasolina de los críticos y opositores. Sintomáticamente tal clase de influencers fija la norma en las dictaduras colectivistas que elevaron la adoración del gobernante a alturas celestiales (China, Norcorea, las teocracias musulmanas) o semidivinas (Rusia, Cuba, etc.).



