Para César Cachorro
Lamento que AMLO me pone nervioso. Al principio fue el plan de entrometer “en cada municipio, comunidad y colonia” una escuelita de adoctrinamiento amloísta a cargo de El Fisgón y los marxistas fallidos Enrique Semo y Héctor Díaz Polanco. Luego sentí escalofríos por el militarismo inesperado del presidente y sus defectuosas consultas. Hasta la fecha sigo decepcionado debido a su postura omisa ante la tragedia del pueblo de Venezuela por implicar -maromas dialécticas aparte- un respaldo oblicuo al dictador Maduro.
Juzgo trascendente y definitorio para periodistas, políticos y gobiernos del mundo hispanoparlante tomar partido entre un dictador de la izquierda neocomunista, inepto, cleptocrático y narcotraficante; y el presidente provisional de Venezuela Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional, última institución emanada de comicios incuestionados (2015, adversos al chavismo).
No entiendo en base a qué si no la empatía con la familia adueñada de Cuba, los Castro Ruz, nuestro presidente optó por jugar la carta de un pacifismo hipócrita para beneplácito del bloque Castro-Maduro-Morales-Ortega; mientras acá, en México, festeja la autorización de 60 ú 80 mil guardias adicionales a la SEDENA y la SEMAR.

El presidente no puede ignorar que precisamente en la región donde hacen frontera Brasil, Colombia y Venezuela se halla la industria de la cocaína que abastece a los cárteles mexicanos (a los que justamente se responsabiliza de la violencia criminal en nuestro país). Y toca la casualidad que los amos de esa región, el ELN y las FARC, son amigos de Maduro, del excandidato presidencial y ex guerrillero colombiano Gustavo Petro, de los Castro Ruz, de los Ortega y del chavista Danilo Medina, instaurador en Dominicana de otra narcocleptocracia.
Me gustan muchas cosas del gobierno de AMLO, lo he dicho con sincero optimismo. Ratificó algunas preferidas: la desacralización de Los Pinos; la insólita apertura informativa y comunicacional; el balconeo de los lujos inverosímiles que se ¿permitieron? los funcionarios en un país tan jodido (cito al egregio Azcárraga 2); el combate al huachicoleo (sólo lamento la eterna impunidad de los de arriba); la venta del avión que no sé si tuvo Obama y de tantos automotores que ni la Corona británica; la bendita reducción del pago a funcionarios públicos y también a los grillos impostados como ciudadanos en el INE y otros “organismos autónomos”; el reparto justiciero de dinero a los pobres (mantengo la infundada esperanza de que por compasión y no por cálculo electoral), etc.

Debo ratificar también, por desgracia, los mismos desacuerdos de hace un mes.
Uno es mi rechazo total a la nueva militarización de México, por considerar que el fracaso de 13 años de los militares no es justificable por vacíos legales ni mucho menos por falta de personal o recursos, armamento, inteligencia o equipo. En todo superan mil veces las fuerzas armadas de México a las pandillas de sicarios sombrerudos y panzones. Debe haber otra explicación del fracaso.
Tanto o más preocupante es que la Guardia Nacional haya concitado una unanimidad tan acrítica (nadie solicitó la comparecencia de Cienfuegos y Vidal para que nos aclaren tantas dudas). Tal unanimidad da fe de la preocupante vigencia en el México actual de un militarismo interior tanto o más ciego que aquel que extravió y casi perdió a la nación en el siglo XIX -y fue también sostén principalísimo de la “dictadura perfecta” durante el siglo pasado.

Pero mi mayor crítica al gobierno de Andrés Manuel López Obrador son las consultas, fraudulentas e innecesarias. Innecesarias porque es facultad del presidente cancelar el NAICM y echar a andar la termoeléctrica de Huexca que Peña dejó a medias, así como construir el Tren Maya.
Fraudulentas, porque incumplen flagrantemente los estándares de participación y los principios de la ciencia de Gauss. Parafraseando al hombre culto del nuevo régimen, Taibo 2, AMLO nos metió redoblados tres fraudes electorales en apenas cien días de gobierno. Todo un récord.
Si las urnas del 1 de julio le concedieron el poder y la facultad de hacer su voluntad en esos proyectos, ¿para qué mancharlos con consultas defectuosas? ¿Para qué la burla, qué necesidad? Las tres consultas son “patito” y el presidente debiera saberlo por estar rodeado de académicos de la UNAM que si bien sesgados contra la “democracia burguesa” y el “neoliberalismo» capitalista, cabría esperar que lean periódicos o consulten Wikipedia. Me explico.
Primero la participación. Si un lector curioso teclea en Google las palabras Consulta popular, Referéndum y Plebiscito, hallará información sobre muchos ejercicios de consulta al pueblo efectuados por gobiernos democráticos y no tanto, entre los cuáles el referéndum que derrotó al sangriento dictador Pinochet, dos o tres relativos a un parlamento escocés con capacidad para fijar impuestos, del Brexit británico y sobre las FARC de Colombia, etc.
No deberá buscar mucho para convencerse el lector de lo obvio: las tres consultas de AMLO carecen de validez como ejercicios de votación debido a la ínfima participación registrada en cada una. En efecto, las consultas democráticas realizadas al pueblo en las últimas décadas registran participaciones electorales fluctuantes entre 35% (Colombia) y un máximo cercano a 90% del padrón (Escocia). El contraste es evidente, pues los ejercicios organizados por simpatizantes del partido gobernante interesaron a 1%, 1.2% y 4% de los votantes potenciales. Nada que ver con las consultas genuinas o válidas.

Queda por dilucidar si como pretende el presidente López y sugirió Enrique Calderón Alzati, directivo de la Fundación Rosenblueth, las votaciones de las consultas AMLO admiten ser leídas como datos de una encuesta. La empresa es vieja amiga de la izquierda mexicana; pronóstico el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas inclusive en 1994, y a partir de entonces, asimismo de demasiados candidatos de su corriente ideológica.
Pues bien, el asesor de la 4T Calderón Alzati sabe sin ninguna duda que únicamente las muestras recogidas al azar (no autoseleccionadas) pueden reflejar estadísticamente al universo. Los resultados de las consultas de AMLO tampoco valen como encuestas porque por definición los votantes se auto seleccionan (no son seleccionados aleatoriamente).
Este principio elemental está en los primeros capítulos de todos los manuales de estadística inferencial, la ciencia de los datos de una parte que valen para el todo.
Lo sabe el señor Calderón. ¿Lo sabrá AMLO?

COHETERÍA
NOROÑA ATACA AGAIN “La diferencia es que en los Estados Unidos te peleas con el presidente de la república y te vas a dormir tranquilo a tu casa. ¡Esa es la gran diferencia!”. Con estas palabras resumió Jorge Ramos, en el marco de una entrevista con la bogotana NTN24, la comparación de sus conocidos incidentes con Donald Trump y Nicolás Maduro. Me alegra que un periodista mexicano tan crítico de Enrique Peña como en su momento lo fue él, explique con tal sencillez la diferencia esencial entre un vulgar dictador y un presidente genuino.
Volvía de Venezuela Ramos, de donde lo expulsó su entrevistado tras “retenerlo” a mitad de una entrevista en Miraflores. Personal de seguridad con acento cubano decomisó al equipo de Univisión un fragmento de 17 minutos de entrevista y también materiales recabados antes de la cita (de hecho, no han devuelto lo confiscado).
-¿Quién es dueño de la entrevista, quien la hace o quien la concede? –preguntó la conductora de NTN24 a Ramos y Daniel Coronel (éste presidente de la televisora colombiana).
-Nosotros, los periodistas –contestó el primero.
-El periodista es dueño del material, pertenece a un medio de comunicación. Pero prevalente sobre el periodista y los medios, está un tema de interés público. Son los ciudadanos los que tienen derecho a saber, de ninguna manera el entrevistado es dueño de la entrevista –terció el segundo.
“¡A esto no se atrevió ni Jomeini!”, evocó el directivo una entrevista al ayatolá.

Entretanto en la tribuna del Congreso de México, Gerardo Fernández Noroña, un beneficiario del tsunami del 1 de julio, se tiró a la garganta del periodista al entrar al quite del dictador neocomunista. Fiel a su estilo, el diputado petista y aliado radical de AMLO atacó e insultó al compatriota Ramos en base a un insustancial embrollo semántico entre “retención” y “detención”.
Noroña no ve un signo ominoso en el hecho mismo. El diputado del PT y admirador de dictadores de izquierda juzga normal que un gobernante confisque el trabajo a los periodistas, los “retenga” contra su voluntad, les confisque el trabajo y los expulse del país que subyuga.
Alguien debería explicar al bilioso Noroña que el gobierno de Maduro es ilegítimo desde el pasado 10 de enero por haber asumido el cargo en base a un fraude electoral evidente, denunciado desde el 20 de mayo de 2018 por toda la oposición venezolana, las naciones vecinas, las principales democracias de Europa, Estados Unidos y Canadá, condena respaldada posteriormente por las nuevas naciones del eximperio URSS que sí vivieron el comunismo (y por lo mismo proscribieron el marxismo una vez recuperadas las libertades básicas).
Explicar al conocido provocador, si necesario con palitos y bolitas, que la bronca contra el dictador de Venezuela no son los Estados Unidos sino prácticamente todo el mundo civilizado. Hacerle entender que ya no es verosímil la resobada coartada de la tiranía cubana según la cual los gobiernos que coinciden con Estados Unidos serían “títeres del imperio”. ¡Es una tesis insostenible! Francia, Gran Bretaña, Canadá o Alemania no son lo que sí fueron las colonias de Europa oriental del imperio soviético, para nada…

Alguien debería explicar a Noroña, además y dos veces si fuera necesario, que el presidente Juan Guaidó, líder de la última institución surgida de elecciones libres (2015, en las que el chavismo quedó en minoría), es legítimo para cerca de 60 naciones democráticas donde prevalecen los derechos humanos y las libertades básicas de las personas. Todo lo contrario de los dictadores aliados a Maduro, en dichas naciones los gobernantes se alternan periódicamente en función de elecciones libres e imparciales.
No es casual que del lado de Maduro se pusieron los dictadores comunistas Castro Ruz segundo (Cuba) y Kim tercero (Norcorea); los “presidentes” con reelección indefinida Evo Morales (Bolivia), Daniel Ortega (Nicaragua), Putín (Rusia) y Xi (China). Los bandos están bastante claros aunque al dictador Maduro sumaron tangencialmente los gobiernos “de izquierda” de Tabaré Vázquez (Uruguay) y López Obrador (México), así como el conservador de Marcelo Nuno (Portugal). Italia ha tomado una posición ecléctica al exigir elecciones libres, declarar ilegítimo a Maduro y sin embargo no reconocer a Guaidó.
IZQUIERDA Y ABSOLUTISMO Ideologías aparte, los gobernantes autodenominados “de izquierda” hicieron realidad en plena era cibernética la sentencia absolutista L’Etat c’est moi. El estilo muy Luis XIV de los neocolectivistas es fácil de identificar, pues habiendo apalancado originalmente su “humanismo” y filosofía política en tiranos de la talla de Lenin, Stalin y Mao, han pasado sin transición a identificarse con los retoños de esos semidioses.

En plena era cibernética el santoral de la izquierda mexicana sigue adorando a los Castro Ruz, Ho Chi Min, Allende, Ceausescu, Enver Hoxa… ¡Bueno, hasta Pol Pot tiene fans aún en las universidades latinoamericanas!
MAO VS. LOS GORRIONES La cruzada de Mao contra los gorriones ilustra mejor que cualquier cosa el ínfimo nivel intelectual de ese dictador divinizado. Prohibidos los cultivos privados, expropiados los campesinos de parcelas y enseres domésticos, agrupados cientos de millones en granjas colectivas, el paso siguiente, bautizado “Gran Salto Adelante”, fue comprometer las cosechas chinas con Stalin a cambio de cientos de plantas industriales y bélicas. Así, desbaratados el ciclo productivo y el abasto comercial por los desvaríos ideológicos, finalmente la economía de China se derrumbó entre 1959-1961, dando pie a lo que los historiadores llaman Gran Hambruna.
Según un reportero de Xinhua, Yang Jisheng, la falta de arroz cobró 20 millones de vidas, aunque los especialistas suponen que dicha cifra podría estar muy maquillada y que murieran de hambre muchas más personas. Sin embargo, dada la opacidad connatural a las dictaduras totalitarias se trata en este y otros casos de una mera estimación, basada en la reducción demográfica reportada por la propia China comunista entre 1959 y 1961, cuando la población involucionó oficialmente desde 670 hasta 660 millones de personas.
Un funcionario de esa época, Yu Dehong, dio el siguiente testimonio: “Fui a un pueblo y vi 100 cadáveres, luego a otro pueblo y vi otros 100 cadáveres. Nadie les prestaba atención. La gente dijo que los perros se comían los cuerpos. ‘No es cierto’, dije. Los perros habían sido comidos hacía mucho tiempo por la gente”. Jisheng investigó el asunto a lo largo de una década. Contó que “En Xinyang la gente pasó hambre a las puertas de los depósitos de grano. Cuando morían, gritaban: ‘¡Partido Comunista, Presidente Mao, sálvennos!’. Si los graneros de Henan y Hebei se hubieran abierto, nadie habría muerto. Cuando la gente moría en gran número alrededor de ellos, los funcionarios no pensaron en salvarla. Su única preocupación era como cumplir la entrega de grano”.

Fue entonces que el Gran Líder culpó a gorriones, moscas, mosquitos y ratones de la carencia de cereal, y ni tardo ni perezoso emitió un decreto contra las avecillas canoras del género Passer domesticus.
«Los gorriones son una de las peores plagas, son enemigos de la Revolución, se comen nuestras cosechas, mátenlos. Ningún guerrero se retirará hasta erradicarlos, tenemos que perseverar con la tenacidad del revolucionario», exhortó Mao al anunciar a mitad de la tragedia el programa Cuatro Plagas. Por supuesto desoyó una información de la academia NAS de los Estados Unidos, en 1960, relativa a la mayor participación de insectos que de granos en la dieta de los Passer.
El método ideado para matar gorriones fue tan brutal como simple: golpeando ollas u otros metales a todas horas del día y la noche, se impedía a los gorriones dormir hasta que, extenuados, caían a tierra. El decreto del Líder Supremo casi logró exterminar la especie, propiciando plagas de langostas que devoraron cosechas y agudizaron la hambruna. Visto el resultado, el abuelo Kim primero congeló un proyecto propio, su Plan Trianual de Eliminación de los Gorriones, convenido con su aliado y padrino político para aniquilarlos también en Corea. Investigadores han sugerido recientemente que las ocurrencias de Mao coincidieron con un ciclo de “sequía anormal”; y otro co-factor del desastre humanitario pudo ser la política de los funcionarios aldeanos de exceder, pensando en un ascenso burocrático, el compromiso con el Líder en perjuicio de las reservas alimentarias de las aldeas.
Otro reportero de Xinhua, Lu Baoguo, explicó a Jisheng el por qué nunca se atrevió a publicar su testimonio personal de esa tragedia humanitaria. “En la segunda mitad de 1959 tomé un autobús desde Xinyang a Luoshan y Gushi. Desde la ventana vi un cadáver después de otro en las zanjas. En el autobús, nadie se atrevía a mencionar a los muertos. En un condado, Guangshan, un tercio de la gente murió. Aunque hubiera gente muerta en todas partes, los líderes locales disfrutaron de comidas buenas y licor fino. Yo había visto destruida a la gente que dijo la verdad. ¿Me atreví a escribirlo? No.”




