¡Al diablo con sus instituciones! gritan al unísono Trump y López Obrador. Día con día las atacan, las intentan torcer y sistemáticamente buscan jalar agua para su molino.
Dice el presidente López Obrador que es muy fácil gobernar y que lo único que se necesita es ser honesto. Día con día la realidad nos demuestra que esas palabras no solo son ilusas, sino también irresponsables.
Gobernar es complejo y nunca fácil. Pensemos por un momento en sus hogares, en sus escuelas, en sus centros de trabajo, en las calles de su ciudad y deténganse a reflexionar sobre lo difícil que es llegar a acuerdos, respetarlos y caminar juntos. Un país como México nunca podrá ser gobernado en solitario, solo un bien armado tejido institucional pueda ayudar a la tarea (sí, ese tejido que hoy sufre el acoso).
Trump tiene instintos y reflejos aún más destructivos, pero a la vez se enfrenta a un edificio institucional de hierro muy forjado que lo va conteniendo poco a poco, no sin antes causar grandes daños a lo construido por su país en el orden internacional posterior a la segunda Guerra mundial.
Ambos presidentes tienen en común que mientras fortalecen su poder personal al mismo tiempo debilitan a sus países. Tienen bases electorales muy sólidas que les permiten ganar elecciones, pero a la vez tienen quijada de cristal en materia de gobernabilidad. Son presidentes fuertes con países que se achican y debilitan con el veneno de la miopía, las ocurrencias y la confrontación permanente.
Son destructores porque no creen ni les interesa generar acuerdos gana-gana. En su óptica, como en la añeja canción de Abba, “The winner takes it all”. Pero ¿qué obtienen? Pueden ganar todo, pero ese todo es mermado, reducido, vulnerable, frágil.
Dos graves episodios recientes evidencian los estragos que causan los liderazgos empeñados en destruir instituciones y acuerdos existentes: Norte de Siria y Culiacán.
El concepto America First (que en su versión de Macuspana se lee: “no hay mejor política exterior que la política interior”) ha marcado la disolución de vínculos largamente construidos a favor de los intereses de Estados Unidos. La retirada del acuerdo comercial TPP, la amenaza de salirse del acuerdo de Paris, el debilitamiento de la alianza atlántica, el maltrato a México y Centroamérica, la guerra comercial con China, etc., al final del día generan una transformación que se cristaliza en un desolado “America Alone”.
Sin agua va y a lo loco, Trump traiciona a los kurdos y le entrega a Turquía, Rusia, Irán y, en un descuido, al ¡estado islámico! el control geopolítico de la región. Hoy Estados Unidos es más débil que ayer.
Mientras que, en el terreno nacional, el presidente López Obrador ve el fracaso de una ingenua estrategia de seguridad que en lugar de descansar en el empoderamiento de las capacidades institucionales se ha limitado a repartir sermones de cura de parroquia chiquita, ¡fuchi y guácala! con esa estrategia.

El principal problema que sufre la sociedad mexicana es la cruel y violenta inseguridad. Ante ello, cuál es el sentido de desaparecer el estado mayor presidencial, volar en vuelos comerciales (incomunicándolo como comandante en jefe del ejército), desmembrar y disminuir a la policía federal, disolver cuerpo de granaderos en la Ciudad de México, improvisar la formación de la llamada Guardia Nacional, tolerar agresiones y falta de respeto a la autoridad militar, justificar la humillación de soldados y marinos, ahorcar con limitaciones presupuestales a los cuerpos de inteligencia y seguridad, amenazar con desaparecer el CISEN y un largo etcétera.
A Estados Unidos lo está salvando la fuerza de su Congreso, de su poder Judicial y algunos medios de comunicación ¿y a nosotros…? El Chapulín Colorado descansa en paz.
@guidolara
#YoSoyAnimal
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