¿Con cuál disciplina marcial japonesa se puede comparar la exhibición de arte, generosidad y audacia que lograron las jóvenes feministas al trasformar el muro de lámina y acero que buscaba resguardar a Palacio Nacional de la frustración, insatisfacción y rabia de tantas mujeres en México, en uno de denuncia implacable?
En la noche de sábado a domingo, la inmensa capacidad mediática de la Presidencia de la República fue aprovechada por las jóvenes para beneficio de la causa feminista y desdoro del gobierno federal. “Toma, ahí te va de regreso”, dijeron. Los cientos de metros cuadrados de metal limpio, colocados como valla inexpugnable en la ubicación más mediática del país, el Zócalo de la Ciudad de México, frente a Palacio Nacional, fueron ofrecidos gratuitamente a las activistas expertas, con la ingenuidad y pasmo de quien no logra pasar de un humanismo inane.

“Jálense al Zócalo, estamos pintando el muro”, se comunicaban por redes sociales. “Listas de nombres, por favor, víctimas de hace 10 años, víctimas recientes”. Con brocha gorda y pintura blanca para contrastar con el metal oscuro, los nombres de cientos, quizá miles, de víctimas de feminicidio fueron escritos dándole un nuevo significado vital y potente al muro.
El pretexto presidencial —“imagínense que no se cuida el recinto y lo vandalizan. ¿Cuál es la imagen que se da en el mundo?”— saltó hecho añicos. Las fotografías de Santiago Arau y de Cuartoscuro con los letreros del muro gritando estentóreamente los nombres de miles de niñas, jovencitas y mujeres asesinadas indefensas durante éste y gobiernos anteriores, es lo que se verá en el extranjero. Porque ésa es la verdad.

Las cruces rosas que por cientos corren en paralelo al muro de Trump en la frontera norte, recordando a las “muertas de Juárez”, se reprodujeron ahora en el Zócalo. El austero contraste blanco negro de las primeras horas del muro intervenido ahora está salpicado de rosa y de flores y moños morados, el color de las gigantescas manifestaciones del año pasado. El gobierno pagará por haberlo levantado y pagará más por quitarlo. Ya es una obra de arte, ya es un performance permanente, ya es un sitio de peregrinación.
Se contrastaron dos estados mentales: uno, el del Ejecutivo, no muy diferente al que llevó al Ejército francés a construir en la Segunda Guerra Mundial la inútil Línea Maginot, quizá el error militar más conocido en la historia reciente. El de las activistas, un estado puro de creatividad disruptiva.

Aunque las dimensiones del referido error francés y el de ahora son incomparables, su génesis es la misma. Decidido el ejército francés a evitar a toda costa una nueva invasión, inició en 1928 la construcción de una formidable barrera en su frontera con Alemania. Como es sabido, en 1940, el ejército alemán simplemente ignoró la Línea Maginot e invadió a Francia desde Bélgica.
Una mentalidad de fortaleza les impidió a los franceses pensar fuera de la caja.
No es muy diferente a lo que se vive en Palacio Nacional: autoconvencido de que vive una épica heroica, el Presidente ve adversarios y enemigos por todas partes. Vamos, sin adversarios no habría épica heroica. Pero su humanismo es uno casero: respeta a las mujeres tanto como respeta a los hombres porque ambos somos humanos. ¿Y qué política pública se puede hacer con eso? Un humanismo en el que todos los elementos se mezclan y homogenizan como una especie de papilla de bebé, desabrida e intrascendente.

Por ello, respeta la idea abstracta que él tiene de las mujeres (“las que deben cuidar a los padres”), pero no se compadece de las mujeres reales, de carne y hueso, que recorren el país encontrando fosas, que son sacrificadas por el machismo violándolas, tocándolas indebidamente, acosándolas; mujeres que no encuentran trabajo, a las que quitó las estancias infantiles y las escuelas de tiempo completo.
En su estado de mente-fortaleza, acosado por “los conservadores”, las mujeres no pueden pensar por sí mismas, son manipulables por sus adversarios. Exactamente el mismo argumento que impidió que la reforma propuesta por Lázaro Cárdenas para reconocer el derecho al voto a las mujeres se publicara en el Diario Oficial. “Las mujeres van a ser manipuladas por la Iglesia”, le decían. Y tuvimos que esperar 20 años más.

La situación es la opuesta. Nunca tantas mujeres, de tantas edades diferentes y de situaciones sociales tan distintas, estuvieron tan convencidas de su poder para cambiar el mundo que las rodea, y quizá el “mundo mundial”.
Puede ser una nueva edad de oro. Felicidades a todas las niñas, jóvenes y señoras por el Día Internacional de la Mujer.

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Maginot en Palacio Nacional /Cecilia Soto, Excélsior (México), Mar 8

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