Lecciones de España

España está dando una lección a Latinoamérica. Una muy clara: el principal peligro a la estabilidad de una nación es la institucionalización de la corrupción. Lo ratifica el Ibex, que mientras Rajoy se escondía en el restaurante Arahy de Madrid, ganaba más de 100 puntos.

La conclusión sobre la trama Gürtel –retrasada hasta mayo merced a los oficios para postergarla del ex presidente y el Partido Popular-, proliferada en los casos Bárcenas y Púnica, entre varios, no deja lugar a dudas. Los magistrados del caso informaron que desde los tiempos de José María Aznar, doce de cuyos catorce ministros han comparecido ante tribunales, existió “un sistema dentro del sistema” de gobierno, organizado minuciosamente para robar a España.

Una mafia en el poder, para decirlo… a la italiana.

Ante la evidencia, el desdén de Rajoy –quien en vez de dimitir alegó torpemente que todos los partidos son corruptos y ladrona toda España- hacia la Audiencia Nacional exhibe una carencia ética que necesariamente torpedea el cimiento de cualquier democracia.

Lección: sin leyes igualitarias que apliquen ciega y estrictamente a todos, sea cual sea el cargo o la jerarquía, simplemente no hay esperanza.

Lección: la fortaleza de una nación no depende de la permanencia. No son más fuertes China, Cuba o Rusia que Gran Bretaña o Estados Unidos porque en estas democracias los jueces y legisladores se confrontan públicamente con el Presidente. La divergencia, al aireamiento público de las diferencias, hace mejores y más fuertes a los pueblos, las sociedades y los gobiernos.

La anécdota del fin de Rajoy paralela a la votación de los diputados, ofrece otra lección. Pues si durante la inolvidable sesión de jueves la elocuencia pareció por un momento dar esperanza al ex presidente, su silla vacía en la hora decisiva retrató de cuerpo entero al gallego.

Los medios iberos cronicaron que Mariano entró a la hora de comer al exclusivo Arahy (“Cambio”, en americano antiguo), acompañado de tres ministras (María Dolores de Cospedal, de Defensa y también secretaria general del PP; la culé Dolors Monserrat, de Sanidad, Sociales e Igualdad, y Fátima Báñez –una casi doble de Margarita Zavala-, de Empleo y Seguridad Socia) y un ministro (Íñigo de la Serna, de Fomento).

Despedida de héroe, al salir del Arahy. (Captura de video, ABC)

Mientras en el congreso los diputados interpelaban la silla vacía de Rajoy, los contertulios refugiados en un privado al que se llega por la cocina ordenaron a Mundy, el chef que recibió con los brazos abiertos al aún presidente y lo despidió con “horrible” congoja, un primer plato de alcachofas, tomates y hongos boletus, al que siguió una especialidad de atún. Tal vez exageran los que dicen que hubo whisky de por medio, más probable es que Rajoy bebiera como siempre agua sin gas.

Más dudoso es que Mariano no haya encendido durante una sobremesa de tantas horas su infaltable puro. Eso sí, nada de televisión donde seguir en vivo la sesión de la silla vacía. La versión oficial es que “el equipo que estaba con el Presidente iba informándole de todo”.

¿Faltó el respeto el ex presidente a los legisladores, por no asistir a la votación vespertina? A mí, que abomino de linchamientos y autos de fe, no me parece. Creo que en su lugar habría hecho lo mismo. Ya sabía que los votos del Partido Vasco signarían su derrota.

Sin embargo, Rajoy se habría equivocado –y mostrado su escaso talante democrático- al augurar, vengativo y apocalíptico, que el gabinete Sanchstein de su sucesor, el socialista Pedro Sánchez, destruirá su legado y conducirá a España al caos. Ojalá erre el ex presidente ladrón en su profecía milenarista. Ojalá por el bien de España falle la tesis absolutista del Rey Sol, Luis XIV, y que el Estado democrático sobreviva a Rajoy.

Y es que el legado de Rajoy no es precisamente insuperable. Por un lado, el apoyo de Trump al nuevo gobierno confirma que Mariano no es indispensable para nadie más, que lo que queda del PP, el partido que en nombre del amor a España y la decencia hizo de los “negocios” turbios al amparo del poder razón principalísima de existir.

El asunto, hay que recordarlo, implica conspiración para lavar dinero público, una contabilidad B para financiar campañas electorales del partido gobernante, sobres con dinero para líderes partidistas y algunas otras triquiñuelas.

¿Ofrecerá su propia dimisión -como sugieren algunos pepistas cesados este viernes en sus cargos gubernamentales-, a Rajoy la oportunidad de alzarse como cabeza de una nueva oposición?

Es harto dudoso. Organizarse para robar sistemáticamente a una nación, esforzarse en ocultarlo y aun perseverar en el propósito delictivo, no es precisamente una buena referencia. “El PP no está en la oposición. Está en la descomposición”, ilustró inmejorablemente la prospectiva Rubén Amón desde las páginas de El País.

Los crímenes de lesa institucionalidad tampoco deben ser perdonados nunca.

Preocupa, eso sí, la semilla sembrada. Y es que a la salida del Arahy, algunos cómplices y beneficiarios del ex presidente todavía le dieron trato de héroe, como si hubiera sido víctima él y no España, de alguna injusticia reprobable.

COHETERÍA

ENVIDIA  De la buena, el espectáculo del hemiciclo de la cámara de los diputados españoles. Inteligencia, elegancia retórica, ironía y sarcasmo refrenados por el buen gusto. Muy edificante ver al ex presidente de España, Mariano, subir una y otra vez a tribuna para rechazar la moción, y para justificarla, a Sánchez y Ábalos; a Rivera coincidir en la censura, mas desmarcando a Cs del frente de las izquierdas y los nacionalismos; e inclusive al chavista Iglesias -quien acaba de estrenar, faltaba más, un chalet de 600 mil euros en una zona inaccesible a los pobres- regañar a Sánchez, al que reclamó el señor de la coleta no «parecer un Presidente».

Sobre todo, pues el tema lo justificaría sobradamente, me sorprendió que nadie espetara al malogrado ex Jefe de Estado ser un ladrón. ¡Cuánta distancia hay todavía entre esos legisladores y los de nuestras repúblicas bananeras tan bobos, simplones, damnificados de vocabulario, agresivos!

PALABRAS Mas si espetar en su cara a un presidente herido un verbo tan antiguo, robar, era innecesario, en cambio cabe a los reporteros regalarse esa licencia. Porque entre otras funciones desagradables toca a nuestro oficio ser más directos al fin de no propiciar confusiones del brazo de la ambigüedad propia de la diplomacia.

Pienso en los tratamientos de Presidente y República que la prensa suele dar -a imitación del trato protocolario bilateral o de la asamblea de las naciones- a vulgares dictadores adueñados de naciones enteras. Sí, entiendo bien que la ONU no se pueda permitir anunciar, por ejemplo: «Tiene la palabra el Excelentísimo Dictador Raúl Castro» -o Xi o Putin- «de su Isla Totalitaria». No sería posible, haciendo gala de tal sinceridad, la asamblea. En cambio somos (deberíamos ser) más libres los reporteros y nos corresponde poner los puntos sobre las íes para mejor entendernos con los conciudadanos que tienen a bien leernos. Porque ni hay República donde no haya división y garantías para el funcionamiento independiente de los poderes Judicial y Legislativo, ni por lo tanto un Presidente.


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