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La Fiesta de sol y Sombra, Vida y Muerte

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Acabo de leer el libro “Tiempo de Exequias”, un poemario del autor tlaxcalteca Manuel Camacho Higareda; como el título lo indica, el argumento central es la muerte, en donde paradójicamente se ven envueltos temas que nos llevan a entender la vida misma. Puse especial énfasis en leer “la tauri-nada” el tercer poema del empastado, que desde el título nos da una idea de lo que hablará; se narra esta metáfora tan socorrida de la fiesta de los toros como la máxima expresión de vida y muerte; el espectáculo en donde un trance se vuelve bello ante los ojos de lo ordinario. En donde nos damos cuenta que aquello que llamamos “vida” en realidad es el resultado de una práctica de costumbres adquiridas, como dice el autor –y cito-

“Somos carne de nada y por nada

Un lance en el que la vida pasa.

En el tercio final, ovación de luto”.

Me parece maravillosa la cuestión de seguir tomando como ejemplo el tema de los toros para explicar la vida, pero me sigo cuestionando el hecho de que sea referéndum obligado al hablar de muerte; que en un libro cuyo motivo es la supresión, el toro tome protagonismo en todo un capítulo, siendo el arquetipo de “muerte digna” y convirtiendo en NORMAL el sufrimiento del mismo.

Lo cierto es que como cultura, tenemos arraigada la idea de que los hombres y mujeres somos superiores a los demás seres vivos, pero me pregunto: si vivimos gracias a los dones de la naturaleza ¿somos superiores, o somos tan grandes como ella? A veces ya no se trata tanto de quien pueda sentir empatía por otro ser vivo, sino de quien pueda entender el grado de necesidad que tenemos por él y la cordura de proteger aquello con lo que coexistimos.

La cuestión no es el debate de que si deben o no continuar las corridas de toros, el meollo del asunto es que no se puede seguir diciendo que es justo porque así ha sido siempre. Es hora de ir aceptando la gama de grises que viajan al rededor del mundo del toro; porque eso si, la tauromaquia no es blanca ni negra, es una gama de grises que seguimos queriendo aclarar con argumentos tan bajos que ya no alcanzan y que tampoco podría ensombrecer tanto porque existe la “libertad” de los aficionados.

Es mucho el acervo en donde se puede hablar del toro como protagonista de arte, y como tal merece su respeto, su cabal renombre; dejar de relacionar festividad con su agravio; dejar de argumentar lo que ya se sabe y tener el cuidado de reflexionar la decisión de apoyar la tradición taurina, o ausentarse de estos actos tan crueles y primitivos de nuestra sociedad.

“Tiempo de Exequias” me abre un nuevo panorama de lo efímero que es la existencia, lo quebradiza que es la vida y el cuidado que amerita el día a día, tanto personalmente como con los demás. Hoy, más que nunca reafirmo que así como no pedimos nacer, no podemos obligar a otro a morir.

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