La edad del pavo /Francisco Robles, ABC (España), 11 Dic
Si Quevedo resucitara después de haber sido «un fue, y un será, y un es cansado», suspendería el examen sobre el Barroco que le pondrían en algún instituto que lleva su nombre. A Góngora le pasaría lo mismo, y a Velázquez, a Zurbarán, a Lope, a Calderón… La razón es sencilla.
En el siglo XVII no se usaba ese término para definir aquella época de brillo y decadencia, de trampantojos y naturalismo, de tensiones que nacen de la angustia ante la muerte que traemos de serie al nacer. El sabio Maravall aún no había escrito La cultura del Barroco, libro imprescindible para entender aquel movimiento que, más allá de las artes, lo impregnaba todo, desde la política a la filosofía, pasando por la guerra o la medicina. Los barrocos no sabían que lo eran, e ignoraban las claves del Barroco. ¿Cabe mayor paradoja barroca?
Hoy nos está pasando lo mismo. No sabemos cómo se conocerá nuestra época cuando hayamos dicho adiós a este mundo. Españoles de dos siglos, ignoramos cuál será el apelativo con el que nos denominarán nuestros descendientes. Aunque visto lo visto, y oído lo escuchado, no nos extrañaría que nos situaran en una edad que no es la Edad Antigua del florecimiento de Grecia y Roma, ni la Edad Media de los códices y los monasterios, del rito mozárabe y el arte mudéjar.
La edad que nos ha tocado vivir es más meliflua, más blanda, más líquida tirando a gaseosa: la edad del pavo.
Solo hay que asomarse al alféizar de la actualidad para comprobar que vivimos en una eterna adolescencia. Peter Pan es el icono del personal que no quiere crecer para no asumir las responsabilidades que nos pone la vida por delante. Aprobados generales para no traumatizar a los hijos de la Logse. ¿Servicio militar? Ni la derecha aznarista, que fue quien quitó la mili, lo quería. Derecho a aprobar para los universitarios que estudian con becas sin la presión del rendimiento académico.
El nacionalismo a ultranza deriva en ese independentismo tan propio de los adolescentes que se creen adultos: quieren irse de casa, pero que los padres les paguen el piso y les laven la ropa, y les rellenen la fiambrera con los presupuestos del mismo Estado que quieren romper.
Solo hay que ver a Rufián, a Lastra, a Iglesias, a Errejón para contemplar al Peter Pan que se ha encarnado en el gran ídolo -o ídola, o idolesa- de la actualidad: Greta.
No nos riamos de esa pobre adolescente que tiene todas las papeletas para ser un juguete roto en el futuro inmediato. Greta representa nuestra época mejor que los ensayos y las ideologías que caducan a los seis meses de publicarse o de formularse. Como Pedro Sánchez, que copia en los exámenes como un alumno díscolo que presume de guapo en las discotecas, y que se lleva al personal de calle porque le dice a cada uno lo que quiere escuchar.
La edad del pavo nos define, aunque algunos protestarán y exigirán la perspectiva de género avícola: edad del pavo y de la pava.
Con el permiso de los veganos, que han conseguido que se retire un bodegón en Cambridge porque aparecían animales muertos. Sí, en Cambridge…
Link https://www.abc.es/opinion/abci-edad-pavo-201912110039_noticia.html

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