Jueves de Aquelarre

Mala señal cuando sin evidencia ni base claras una parte del todo se autodeclara verdadera intérprete de algo tan ambiguo como los principios de cualquier causa política. Peor, si el leit motiv es un mero reparto de poder y beneficios personales.

Valga lo anterior a propósito de los manotazos fallidos del jueves en el Congreso de Tlaxcala.

Un dejo de purismo fundamentalista es perceptible en el ilustrativo post subido a su Facebook, en la misma noche del jueves de aquelarre, por la diputada morenista Mayra Vázquez Velázquez. Allí asevera la joven legisladora que 6 correligionarios y 3 petistas mostraron “absoluta congruencia” al desconocer a sus respectivos coordinadores parlamentarios; y tras congratularse por haber sido nombrada al vapor jefa de su bancada, ratifica “que no traicionaré a Morena, a Andrés Manuel López Obrador ni mucho menos al pueblo de Tlaxcala”.

Sea. Mas queda por saber qué entienda la joven por “absoluta congruencia”. Congruencia acaso ¿pero “absoluta”? En los detalles (en este caso las palabras) anida a veces el diablo. Que se sepa, retóricas aparte en política antigua ni contemporánea nunca nadie ha cruzado el pantano sin salpicarse el plumaje aunque sea tantito.

¡Vamos, tal milagro ni los concilios vaticanos han visto jamás de los jamases!

Pues reprochar a Báez “traición” por “negociar en lo oscurito” con las oposiciones, es absurdo. De hecho, por lo que se sabe los 6 morenistas que cerraron filas en torno al liderazgo efímero de Mayra Vázquez, también acordaron el manotazo contra Báez “en lo oscurito” y en ausencia de los 5 restantes.

Negociar con las otras fracciones es un deber específico de la presidencia de la Junta o asamblea de coordinadores de bancada. ¿Se debe negociar en presencia de toda la legislatura? No, es innecesario y poco práctico. Aunque ciertamente, lo mejor hubiera sido que Báez acordara antes con su fracción de 11 diputados (44% de la legislatura) lo que se cede en aras de la gobernabilidad a los 8 colegas del conjunto de fracciones opositoras (32%, sumadas 2 curules de PAN, 2 de PRD y una por cabeza de PRI, PVEM, PANAL y MC).

Sin embargo tampoco parece congruente atacar con apoyo del PT (4 curules, 16%) la yugular del correligionario Báez, pues habiendo terminado el proceso electoral los legisladores de la estrella y el PES (2 curules, 8%) integran bancadas en principio distintas. Cada partido tiene una agenda propia e intereses particulares; si no fuera así, los aliados se habrían fusionado a MORENA.

Felizmente la fracción mayoritaria de la LXIII legislatura local parece haber superado la rebelión, una vez que el viernes separó la coordinación de bancada de la presidencia de la Junta. Víctor Báez mantiene el cargo más importante, la presidencia de Coordinación y Conciliación; y la coordinadora de MORENA es desde ayer la señora María del Carmen Mastranzo, una de las amotinadas.

Ojalá el zipizape quede en lo que parece: una manifestación de inexperiencia en una legislatura fraguada en el crisol ciego del “voto parejo”.

Personalmente no me desagrada el idealismo consistente en romper con vicios antidemocráticos que hacen de las legislaturas mexicanas algo más parecido a las “disciplinadas” asambleas de los totalitarismos chino y cubano. Al contrario, me agradan las disidencias cara a cara, los deslenguamientos en tribuna y las discrepancias que son pan de cada día en los congresos democráticos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Francia o España. Estoy para mí en que la disciplina china que segrega interminables unanimidades no es expresión de fortaleza sino de debilidad congénita; y que precisamente en el desacuerdo aireado cara a cara radica la fuerza superior de los gobiernos democráticos, lo que les hace mejores, más saludables y eficaces que cualquier despotismo.

COHETERÍA

CONFUSIÓN  Queda por dilucidar cómo fue que se mezclaron en la sesión del jueves la rebelión de jóvenes legisladores contra la negociación obrada por Báez con las oposiciones en torno a 4 cargos administrativos (Secretaría Parlamentaria y direcciones de Comunicación, Jurídica y de Estudios Legislativos), y el desacuerdo sobre la Comisión Especial que deberá tratar la tercera evaluación del ex magistrado Fernando Bernal.

El caso Bernal fue el motivo de la abrupta suspensión de la sesión (antes de leerse el Orden del Día). Luego, tras reanudarla varias horas después, la presidenta de la Mesa Luz Vera Díaz sometió a votación las propuestas respectivas del morenista Melecio Domínguez, el petista David Rodríguez, el panista Rigoberto Lucas y el pesista Raúl Pluma.

OBSOLESCENCIA La diputada Mayra Vázquez debería entender que AMLO, cuyo mérito por doblegar a una partidocracia viciosa e insensible resulta incuestionable, es un hombre de carne y hueso. Sobran ejemplos de que siendo humano Andrés Manuel es susceptible de equivocarse así como cualquier mortal; y que al respecto, toca una grave responsabilidad a los legisladores de guardar sana distancia ante el titular del poder ejecutivo. El culto a la personalidad nunca ha deparado nada bueno a las naciones.

Sobran los ejemplos de falibilidad de AMLO. Uno obvio es su dudosa cultura democrática (generalizado entre la clase política de México, surgida de una tradición autoritaria que se remonta hasta los tlatoanis despóticos de la era prehispánica). Un día sí y otro también, con preocupante frecuencia López Obrador critica a los “conservadores” como si fueran algo malo en sí. ¿Es malo ser conservador? No, no lo es. El polo conservador es perfectamente legítimo en las democracias genuinas –mas es perseguido por tiranías “de izquierda”, como las de las familias Castro Ruz y Ortega, Maduro y Evo, Putín y Xi, Kim y Erdogan. En democracia la ilegitimidad no pasa por las ideologías sino por las conductas ante las libertades y tolerancias características de las sociedades abiertas.

Denostar a un partido o un actor político por su ideología conservadora es síntoma de anacronismo e ignorancia, de una obsolescencia decimonona. Lo que se hace y no los idearios es el mejor criterio para distinguir el bien y el mal, en democracia.

Ahondo en ello porque a la adjetivización “fifí” de la prensa, AMLO ha sumado a últimas fechas el estigma “prensa conservadora”. ¿Y qué si alguna prensa fuera conservadora? ¿Acaso serlo le hace peor prensa que la militante “de izquierda”? Alguien debería aconsejar a López Obrador que actualice sus criterios antiguos porque no aplican en las modernas democracias y lo igualan a la baja con tiranos que en los hechos han cancelado la prensa libre y la libertad de expresión, como paso previo a la anulación de las restantes garantías de la sociedad democrática.

TARKOVSKY  Por fin pude ver anoche en You Tube, Stalker (1979), el quinto de sus siete y último largometraje rodado por Andréi Tarkovsky en la Unión Soviética antes de emigrar a Italia de la mano del también poeta Tonino Guerra, un guionista de Bergman. El argumento se apoya circunstancialmente en el misterioso estallido de 1908 en Tungunska que hizo posible leer diarios en las calles de la remota Londres durante dos noches, sobre lo cual bordó el cineasta una interpretación mística acerca de la búsqueda de la armonía entre los seres humanos. Así como en la peli suya que más me gusta, Nostalgia (1983), el agua omnipresente -desde La infancia de Iván (1962) hasta Sacrificio (1986)- es un símbolo del origen y de la purificación; y la locura, una entrevisión de la naturaleza más íntima y genuina del ser humano (soledad, silencio, desamparo, angustia, la tragedia humana en suma).

Los filmes de Tarkovsky inevitablemente inducen a una reflexión sobre la felicidad y la alegría. ¿Por qué será que están casi ausentes en Tarkovsky y Bergman -y en tantos maestros de la literatura, la pintura, la música y las artes en general? Descartadas la felicidad y las alegrías de oropel, esas máscaras de la mercadotecnia, la hipocresía, la vanidad y las religiones, también es verdad que existen -pues todos les hemos probado- la dicha, la armonía, el amor. Supongo que alguien debe tratar el lado oscuro de la tragedia así como algunos la luz que le da sentido.

Tarkovsky, hijo de un poeta, es incomprensible sin la poesía. Nada más poético que el agua sobre la que flotan la niebla, los sueños, los recuerdos y las visiones; el silencio y el hermetismo de los personajes; la cohabitación de colores con sepias y el blanco y negro; el perro eterno que de la nada aparece en Starkel y de la nada se echa al pie de la cama de hotel en Nostalgia (el mismo pastor tantas veces…). No es como tampoco el de Bergman, el de Tarkovsky un cine para entretenerse o distraerse comiendo palomitas y tampoco para cinéfilos «hembra» (Cortázar). Ninguna contemplación se permite hacia el público (supongo que eso quieren decir los que califican su cine de «elitista»). Sobre todo resplandecen en la filmografía intimista de Tarkovsky la belleza plástica, la armonía musical pautada por los sonidos del agua, y naturalmente la satisfacción liberadora de una inteligencia que se niega a la banalidad del lugar común, los prejuicios y tantas convenciones que hacen de nuestras vidas algo baladí -y merced a ello soportables para tantos.


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