
Una chica pudiera contener la clave de la desaparición de 6 jóvenes de Quilehtla, Tlaxcala, durante su visita a Temascal, municipio de San Miguel Solyaltepec, Oaxaca, con motivo de la 32 edición del Festival de la Mojarra celebrado durante la Semana Santa.
El dato atribuido a lugareños y las autoridades de Tlaxcala es revelado en un reportaje publicado este jueves por el diario El Universal con firma de la corresponsal Yuridiana Sosa, bajo el título “Impera temor por jóvenes de Tlaxcala desaparecidos en Oaxaca”.
“Las calles de San Miguel lucen solitarias y la vida cotidiana continúa como si aquí no hubieran desaparecido seis jóvenes de Tlaxcala a principios de abril. Nadie habla del tema. Ni la autoridad municipal ni la Vicefiscalía regional”, abre el reporte.
“Ni el diputado local Heriberto Ramírez Martínez (PRI), que ha sido presidente municipal en tres ocasiones, ni el edil Julián Margarito Pedro aceptaron hablar con El Universal sobre la situación de violencia que atraviesa la región y menos de la desaparición de los seis jóvenes”, se consigna más adelante.
En compensación, la nota reproduce dos testimonios más bien vagos.
Uno, atribuido genéricamente a lugareños: “Se escuchó que unos hombres se querían llevar a una muchacha, pero no sabemos más, no es nuestro asunto”.
El otro de un supuesto familiar de la joven “que prefiere omitir su identidad por seguridad”, según quien la chica y los jóvenes Eric de 24 años y los Eduardo de 25 y 30 “se habían conocido días antes, no eran novios, ella sólo quería irse de su casa”.
“El familiar de la joven a la que se le frustró (sic) la huida del pueblo asegura que a ella se le dejó (sic) en libertad el mismo 4 de abril por la tarde, pero nadie volvió a saber de los fuereños”, completa la corresponsal.
“De acuerdo con versiones de autoridades tlaxcaltecas, los visitantes conocieron a una chica originaria de este pueblo, quien intentó huir de su casa e irse con los jóvenes”, ratifica.
HERMETISMOS
Es todo lo que El Gran Diario de México pudo recabar directamente acerca del caso en Solyaltepec, un municipio de indígenas mazatecos, chinantecos e ixtecos donde 3 de cada 5 habla una lengua indígena.
Ni siquiera el nombre de la misteriosa chica pudo informar a sus lectores. Ni una palabra pudo arrancar al alcalde que reside en la nueva cabecera Temascal –a donde fueron trasladados tras la inundación de la presa, los habitantes del antiguo pueblo llamado en mazateco Naxhingee (Cerro Acedo).
Hermetismo institucional aunado al hermetismo reflejo de los pobladores. Misterio, juego de silencios. Como si seis vidas en entredicho valieran muy poca cosa -prácticamente nada.
Anécdota de indiferencias entre el jolgorio de un festival que juntó a más de 10 mil personas en torno al lago de la presa “Miguel Alemán”.
Lo demás -asombrosamente indirecto, desesperantemente escueto dada la magnitud del suceso- rezuma desconfianza, miedo a la verdad.
Acaso complicidades inconfesables.
Recapitula la reportera: “Tampoco se sabe nada de Jonahtan, de 24 años, José de 18 y Ubaldo de 14, los otros tres jóvenes que días después llegaron de Tlaxcala y emprendieron la búsqueda de sus familiares en territorio oaxaqueño. A ellos se les perdió la pista el día 6”.
Apunte sombrío sobre el estado de ánimo que desde tiempo atrás priva en San Miguel Soyaltepec, una más de las muchas trampas regadas en todo el territorio de México: “Aquí los pobladores dicen que sólo se enteraban de la violencia por la aparición de cuerpos sin vida en parajes que colindan con Veracruz, sucesos que siempre les han dicho que les son ajenos, pues se trata de muertos ‘que sólo vienen a tirar’ ”.

COLOFÓN
En la madrugada del pasado martes, el fulgor de dos vehículos incendiados a la vera del único acceso carretero al municipio de Solyaltepec, justo a un kilómetro del límite con Veracruz sobre la carretera federal 145, atrajo la atención de lugareños que reportaron el siniestro a las autoridades.
Para entonces habían transcurrido casi tres semanas ya desde que los primeros tres jóvenes fueron liberados mediante el pago de una multa por sus familiares.
Luego de saldar una presunta multa con la administración del abogado mazateco Julián Margarito Pedro, también del PRI, pareciera que la tierra -o el agua de la presa- se tragó a los muchachos.
Lo último que de ellos se supo es la buena nueva comunicada por teléfono a sus familiares, de que ya venían hacia Quilehtla.
No pudieron cumplir la promesa. Alguien se los impidió. Probablemente los mismos que anteayer incendiaron los vehículos.
Cumplidas tres semanas, ni el alcalde Pedro, ni el cacique diputado Beto Ramírez (llamado por la prensa oaxaqueña “líder natural y moral de San Miguel Soyaltepec”, también mazateco), ni el gobierno del también priista Alejandro Murat han dicho esta boca es mía.
Como si las vidas en entredicho de seis jóvenes tlaxcaltecas valieran muy poca cosa -prácticamente nada.


