Elecciones Colombia: Dos Editoriales

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Los cinco candidatos votaron temprano; se prevé que Duque (primero) enfrentará a Petro (cuarto) en balotaje de junio. IMAGEN: elcolombiano

A las urnas de primera vuelta de las elecciones colombianas de este domingo concurren minoritarias opciones proclives a dar continuidad al gobierno de Juan Manuel Santos (las de los centristas Santiago Fajardo, Germán Vargas y Humberto la Calle, éste el negociador en jefe de los acuerdos de La Habana con las FARC que dieron al actual presidente el premio Nobel de la Paz); y dos ofertas claramente mayoritarias de cambio, enarboladas por el favorito Iván Duque, identificado con el expresidente Uribe, y el exguerrilero Gustavo Petro. Los comicios se dan en medio de la reaparición de la violencia y el terrorismo de la narcoguerrilla tras la detención del amnistiado “Jesús Santrich” –beneficiario de una de las diez curules entregadas al margen de las urnas a las FARC- y el reavivamiento de la discusión en torno a las extradiciones de capos hacia E.U., y asimismo sobre el trasfondo del desoído no plebiscitario al perdón incondicional de un grupo ex comunista que tras la caída del Muro de Berlín hizo del secuestro una industria y un arma indiscriminada del terrorismo. Para colmo, la elección del nuevo presidente ocurre en una coyuntura de confrontación con la dictadura de Nicolás Maduro en la vecina Venezuela.

Al respecto, Código Tlaxcala reproduce sendas editoriales de hoy de los periódicos colombianos El Mundo y El Nuevo Siglo. La Redacción.

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Votar Libremente /El Mundo

Los votantes optarán por el voto útil, característico de la segunda, más que por el voto de opinión, propio de la primera jornada.

Los colombianos estamos convocados este domingo 27 de mayo a elecciones de primera vuelta presidencial, que definirán el país que vamos a ser en los próximos cuatro años. Aunque cinco candidatos, que personifican ideas y acciones diferentes, concurren a la elección, sólo dos de ellos han logrado convocar a la opinión pública y ser firmes opciones de alcanzar la Presidencia: Iván Duque, que representa una seria propuesta de transformación y reinstitucionalización del país, y Gustavo Petro, quien de otra manera pretende convocar el descontento popular, como furia antisistema. Los candidatos Vargas Lleras, Fajardo y De la Calle se esforzaron, sin éxito, en promover aspiraciones que en buena medida representaron continuidad del gobierno Santos. En estas condiciones, sería mejor que los votantes optaran por el voto útil, característico de la segunda, más que por el voto de opinión, propio de la primera jornada.

A lo largo de esta campaña hemos estudiado las agendas, propuestas y perfiles de los cinco aspirantes presidenciales, para llegar a la decisión que hoy presentamos con la transparencia que debemos a nuestros lectores y con la expectativa de que cada ciudadano se acerque hoy a las urnas para elegir libremente y a conciencia. Respetamos y valoramos las opiniones en contrario a las nuestras, como lo ratificamos día a día en el pluralismo que ejercemos en nuestros contenidos de opinión.

Iván Duque representa el camino de las transformaciones que Colombia necesita para recuperar su institucionalidad y la confianza de lo ciudadanos en el estado de derecho, toda vez que tiene capacidad de reconocer sus necesidades y aspiraciones, para decidir en consonancia con ellas. Especialmente nos acercan al candidato Duque sus propuestas de revisar los acuerdos Santos-Farc, para llevar a ellos las exigencias presentadas por los votantes del NO, la mayor parte de los cuales acompañan esa candidatura, y quienes a pesar de ser victoriosos en el plebiscito fueron desconocidos por las partes del acuerdo para cesar el conflicto armado con las Farc. Su postura, por cierto, es diferente y niega la pretensión que tienen las Farc de obtener nuevas canonjías en una renegociación que revise la condiciones para la extradición de los reincidentes. Complementaria a la idea de Iván Duque sobre los acuerdos con las Farc es su bien explicada decisión de reconocer a las víctimas y garantizar sus derechos, hasta ahora conculcados, a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.

La jornada de hoy es paradójica. En ella se encontrarán la esperanza de adelantar la elección de presidente de la República consagrando a quien ha demostrado seriedad, espíritu de renovación y respeto por las instituciones, de un lado, y las amenazas, cada día más fuertes, del candidato Gustavo Petro, quien ha confirmado que montará una registraduría paralela, y sin control de ciudadanos o autoridades, para que ella emita sus propios resultados y ponga en duda los oficiales, buscando así alentar las manifestaciones, con ánimo de asonada, que el candidato y sus jefes de campaña han venido convocando a través de las redes sociales.

Elegir a Iván Duque en primera vuelta tiene gran importancia para el futuro inmediato del país, pues una carrera presidencial suya frente a Gustavo Petro le serviría a este y sus aliados extremo-izquierdistas para arreciar la polarización en que, junto al santismo, han sumido al país. Ya en la campaña de primera vuelta han relucido fanatismos, descalificaciones a quienes discrepan de sus ideas, en forma tal que cierran las posibilidades de convivir reconociendo que la democracia es obra de los diferentes que logran dialogar y construir juntos, y no el resultado de las imposiciones de algunos, que acarrean el desconocimiento de sus distintos.

En virtud de la reforma política de 2011, en esta elección se presenta, por primera vez, la doble posibilidad de votar en blanco, pues en el tarjetón aparecen la opción histórica consagrada en el Artículo 258 de la Constitución, y la que el Partido de la reivindicación de las etnias inscribió haciendo uso de la potestad otorgada en esa reforma política a grupos significativos de ciudadanos, movimientos o partidos políticos con personería jurídica. De acuerdo con la ley, la Registraduría contabilizará independiente las dos casillas del voto en blanco, a fin de reconocer reposición a quienes se inscribieron como promotores, y luego sumará para determinar si el voto en blanco obtuvo mayoría de los votos, caso en el que se obliga una nueva elección presentando otros candidatos, o si obtiene el segundo lugar, situación sin consecuencias jurídicas, según la Constitución. El resultado de este experimento inédito y exótico responderá algunas de las preguntas sobre la validez de la figura de promotor del voto en blanco, los riesgos para la libre competencia y el sentido de que sea promovido por organizaciones políticas, cuya finalidad es buscar el poder a través de sus personeros; por su importancia y riesgos, a este tema habremos de referirnos más a espacio.

 

Link  http://www.prensamundo.com/ver.php?url=http://www.elmundo.com

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Colombia cerró frontera con Venezuela, por conflicto de narcoguerrillas. (sputnikers.com)

Colombia se Juega su Futuro /El Nuevo Siglo   

Cada uno de los 36,2 millones de ciudadanos que hoy pueden asistir a las urnas para votar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales tiene una gran responsabilidad. El sentido de su sufragio, sin duda, estará marcando el futuro del país no sólo para el próximo cuatrienio, sino a más largo plazo. Colombia, en consecuencia, se está jugando mucho en esta jornada democrática. En ese orden de ideas, lo que está hoy sobre el tapete no solo es definir cuáles de los candidatos pasan al balotaje final para escoger al sucesor de Juan Manuel Santos, sino el empezar a señalar el rumbo político, económico, social e institucional de la Nación.

En atención a ello, lo primero que habría que recalcar al electorado es que no es el momento de improvisar ni de aventurar política ni electoralmente. El país tiene muchos desafíos estructurales y coyunturales que exigen del próximo gobierno la toma de decisiones importantes y prontas. Decisiones en materia de reformas a los sistemas electoral, político, gasto oficial, tamaño estatal, pensional, laboral, judicial, ambiental, minero, regalías, de salud, educativo, tributario y en otros campos. Decisiones en materia de ajustes a la implementación del acuerdo de paz, el combate a los actores de violencia que siguen operando y cómo redoblar la lucha contra el narcotráfico. Decisiones en materia de acompasar la activación de las políticas públicas estatales a las prácticas de buen gobierno que establece la OCDE, organización a la que Colombia por fin ingresó y que, sin duda, marcará un punto de inflexión en el manejo de lo público. Decisiones en materia de agilizar los proyectos de infraestructura vial, aeroportuaria, portuaria, de vivienda, acueducto, alcantarillado, urbanística y turística. Decisiones en materia de repotenciar la estrategia diplomática y de relaciones exteriores que ponga al país en el estatus geopolítico que se merece.

Para abocar semejantes desafíos se requiere de un Presidente de la República que tenga experiencia en el manejo de los altos asuntos de Estado. Que tenga un perfil gerencial capaz de ejecutar los grandes proyectos con eficacia, transparencia y vocación de largo plazo. Que tenga el suficiente carácter y autonomía de criterio para asumir las grandes decisiones. Que sea capaz de generar consensos multipartidistas en el Congreso para sacar avante las reformas que requiere el país en muchos campos. Que en lugar de apostar por generar más polarización y división entre los colombianos se ponga a la tarea de encarnar la unidad nacional que requiere Colombia para solucionar sus principales problemáticas. Que tenga experticia en construir sinergias transparentes y proactivas con el sector privado para arrancar y llevar a buen puerto los megaproyectos. Que tenga ascendencia entre las Fuerzas Militares y de Policía para allanar la construcción y puesta en marcha de una estrategia de seguridad urbana y rural efectiva y moderna… En fin, que tenga mentalidad de estadista, reconocida capacidad de liderazgo, que no genere temor, incredulidad ni prevención entre el empresariado. Que entienda la importancia de la seguridad jurídica para atraer inversión estructural y de largo aliento. Que en  materia de lucha contra la corrupción tenga resultados concretos y medibles, y no apenas formulaciones discursivas y efectistas. Que aplique en cada acción y decisión la supremacía de la Constitución y la ley como marcos regulatorios que garantizan la marcha de la sociedad, ya que el delicado momento nacional lo que menos requiere es de dirigentes que violen la independencia y autonomía de los poderes públicos o traten, caprichosamente, de pasar por encima de la normatividad con políticas ideologizadas o gaseosas tesis de “estados de opinión”.

Como se ve, la cita en las urnas hoy no es trámite ni una formalidad democrática más. Tampoco una elección de ‘ensayo y error’ que puede corregirse en la segunda y definitiva vuelta presidencial del 17 de junio. Todo lo contrario, dadas las grandes diferencias entre los perfiles, programas, trayectorias, experticias en temas de Estado y posturas de los candidatos presidenciales, lo que hoy se defina será determinante para el futuro inmediato del país. Como se dijo, no hay lugar a la improvisación ni al aventurerismo.

Tras una campaña intensa como la que hoy llega al momento culminante de la primera fase, ya la opinión pública tiene una idea clara de quién es quién en la contienda. Ello permitirá un voto informado. Lo importante es que, además, sea acertado.

 

Link  http://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/5-2018-colombia-se-juega-su-futuro

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