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Cristina Contra Lali: la Guerra Inesperada

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Fernando González /Clarín (Argentina), 12 Nov

Como en todas las familias bravas, el kirchnerismo ha entrado en una batalla de todos contra todos.

Y el primer desafío verdadero para Cristina vino del lugar más inesperado. No fue Lázaro Báez, preso desde hace casi dos años. Ni fue Amado Boudou, preso desde hace diez días. Ni fue ningún gobernador, ningún intendente, ningún sindicalista. La bandera de la rebelión la levantó del piso Alessandra “Lali” Minnicelli, la esposa del anteúltimo de los detenidos K, el alguna vez poderoso superministro Julio De Vido.

Lali no es una improvisada. Y, como Cristina lo ha proclamado alguna vez en la Universidad de Harvard, también podría decir que es una abogada exitosa. Fue número dos de la SIGEN (Sindicatura General de la Nación), el organismo que debía controlar los contratos entre el Estado y las empresas privadas, es decir, muchos de los contratos que autorizaba su marido cuando era ministro de Planificación. Rincón estratégico del Estado que ocupó mientras Néstor Kirchner fue presidente. Hasta que, vaya sorpresa, Cristina llegó a la presidencia y decidió que era de hora de sacar a Lali del Gobierno. De Vido se quedó pero su esposa volvió al desierto inhóspito del sector privado.

Lali jamás se olvidó de aquel desaire de Cristina. Sobre todo porque, como bien lo retrataba en su crónica de ayer en Clarín el periodista Nicolás Wiñazki, nació en Río Gallegos y conoció a la familia Kirchner antes que Cristina. Viejas afrentas patagónicas que afloran en la guerra de estos tiempos. Lo cierto es que Minnicelli se recibió de abogada en la Universidad de Buenos Aires y tiene un Summa Cumme Laude en la Universidad de Salamanca. Y no solo se ubicó como presidenta de la Consultoría en Estrategia Legal Fonres. Cuando Cristina la eyectó de la SIGEN, también se convirtió en la asesora más cercana y confiable que tiene De Vido.

Julio De Vido y su esposa Alessandra Minnicelli . FOTO EFE

Dicen los habitantes del universo legal y del derecho administrativo que Lali fue la autora intelectual de muchas de las iniciativas que De Vido tuvo como ministro en tiempos de Cristina. Una de las más recordadas fue aquella por la que se invitó en 2011 a quienes tenían subsidios al consumo energético a que renunciaran a mantenerlo en beneficio de la Patria. Lo hicieron alegremente la organización Greenpeace, el roquero Fito Páez y hasta el hoy malogrado Boudou, pero la osadía de la medida fue perdiendo impacto cuanto más se conocían los manejos oscuros del presupuesto estatal en manos del kirchnerismo.

La parábola del buen samaritano no tuvo cabida en el torbellino de la decadencia cristinista.

Lali aguantó a pie firme las acusaciones contra su marido y las evidencias de que se aproximaba un destino de cárcel. Soportó el abandono del peronismo en el Congreso; la quita de los fueros legislativos que anunció el final y el timbrazo de los gendarmes en el portero eléctrico de su departamento en Palermo Chico. Pero estalló cuando escuchó a Cristina esquivar por radio una mínima defensa de su ex ministro y decir, muy suelta de cuerpo, que sólo ponía las manos en el fuego por su familia. Allí se terminó la prudencia y empezó la guerra de verdad.

Por eso, las frases que eligió Lali para responderle a Cristina fueron cuidadosas, frías y explosivas. Habló mucho en las dos entrevistas que la semana pasada le dio a Luis Novaresio en radio La Red, y a Antonio Laje en el noticiero de América. Pero los dos puntos más altos fueron “el gesto (de Cristina) tuvo bastante de inhumano…”. Y un planteo que llegó para quedarse en la historia breve de la épica kirchnerista. “Julio tiene mucho para contar…”. Así, con tranquilidad pasmosa pero en tono de amenaza.

Ni siquiera Luis D’Elía se había atrevido a tanto, cuando se sirvió del argot porteño para pedirle a la ex presidenta “que no se haga la pelotuda”.

Ahora, tanto la familia De Vido como el gobierno de Mauricio Macri creen que es inminente la citación de un fiscal para que el ex ministro revele algunos de los muchos datos que, como apuntó Lali, tiene para contar. Ella es quien conduce la estrategia de los abogados defensores de su marido y quien ayuda a algunas otras de las familias con ex funcionarios en prisión. Entre ellas, la familia de su propio hermano, Claudio “El Mono” Minnicelli, preso en Marcos Paz después de estar diez meses prófugo y de ser arrestado en Chapadmalal por maniobras fraudulentas con cargamentos en la Aduana.

Mientras Lali y Cristina libran su batalla personal, De Vido intenta desde la cárcel involucrar al peronismo en su defensa. Escribe cartas de puño y letra; invoca la memoria de Néstor Kirchner y ubica en la categoría de “monjes negros” a los dirigentes que pasaron por el gobierno kirchnerista y hoy están muy lejos de la hoguera que los consume. Pone a Sergio Massa y a Florencio Randazzo en el lugar de los enemigos y consigue la solidaridad de Guillermo Moreno y de Gabriel Mariotto, quien lo defendió con un verso juvenil y conmovedor del Indio Solari (“todo preso es político”). Y sumó hasta la sorprendente comprensión del senador Miguel Angel Pichetto, el indiscutido campeón de resistencia en la interna depredadora del peronismo.

No la tiene fácil Cristina.

Va a ser difícil para la ex presidenta despegarse del ministro más cercano que los Kirchner tuvieron durante 12 años. El que conoce todos los secretos y ahora está enojado en una cárcel común. El que todavía tiene a su lado a su esposa, una abogada que ha jurado venganza y promete arrastrar a todos y a todas al infierno insuperable del naufragio.

Link https://www.clarin.com/opinion/cristina-vs-lali-guerra-inesperada-abogadas-exitosas_0_rysYcASyG.html

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