Afganistán / Luis Ventoso (España)

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Un califato musulmán global, propósito explícito de grupos yijadistas. FOTO israelnoticias.com

En efecto: imposible /Luis Ventoso, ABC (España), 1 Mar

 

Paupérrimos, pacientes, orgullosos, fieros, los afganos han vuelto a hacerlo. Primero, patada al Imperio británico. Luego, al coloso soviético. Y ahora acaban de doblarle la mano a Estados Unidos y a sus aliados tras casi 20 años de guerrilla y terrorismo.

Todo sabe a amargo surrealismo. Reagan y Bush I patrocinaron a los muyahidines para que echasen a los rusos. Pero los triunfadores cobijaron a Bin Laden. Tras el espanto del 11-S, Bush II invadió Afganistán a finales de 2001… para echar a los patrocinados por su padre… que ahora retornan y firman la paz con Trump.

Bajo su fachada bravucona, Trump es un práctico hombre de negocios, que sabe que las guerras no salen a cuenta. En un año pueden estar fuera sus 12.000 últimos soldados allí. En la que ha sido la guerra más larga de su historia, Estados Unidos se ha pulido una cifra inaprensible: 760.000 millones de dólares. Han muerto 2.433 de sus soldados (también 102 españoles). ¿Resultados? Relativos.

El país ha mejorado. Las ingentes remesas de la ayuda han creados hospitales, escuelas y carreteras. La esperanza de vida ha subido de 43 años a 53. El analfabetismo ha caído algo, aunque solo el 30% de las mujeres sabe leer. El opio sigue siendo la industria nacional -¿cuál si no?- y los talibanes mandarán de nuevo.

Mike Pompeo firmó el sábado con representantes talibanes un acuerdo para el retiro de tropas. FOTO elporvenir.mx

 

En los prolegómenos de la invasión, sus defensores esgrimían fotos de mujeres con burka: ¡hay que liberarlas! Hoy vemos burkas en Harrods, Serrano y las calles de París.

Poco después de la guerra viajé a Afganistán. En un villorrio de polvo al sur del país pregunté su edad a un paisano amistoso, de rostro chupado y cuarteado. Mentalmente le eché cincuenta tacos. Me asombró: «Creo que tengo 20. Pero no sé mi edad».

El cuartel general de la OTAN-Isaf tenía árboles, lujazo exótico en Kabul. Allí estaban los soldados españoles. Charlando con un agradable teniente coronel, Meijide -hoy el general que manda la UME-, me abrió los ojos: «Si hubiese que elegir entre salvar a un niño o un viejo, nosotros salvaríamos siempre al niño. Ellos, al viejo, porque es una realidad que aporta su experiencia al clan, mientras que el niño es solo una esperanza. Hay que entendernos. Tienen sus propios equilibrios…».

En un chalé extemporáneo, bunkerizado tras sacos terreros, barreras de hormigón y torres de ametralladoras, conocí al general de tres estrellas David W. Barno, que tenía a su cargo a los 17.000 hombres que buscaban a Bin Laden. En sus manos portaba dos anillos y una lata de Pepsi con letras en árabe; en sus muñecas, dos relojes (uno con la hora de Washington). «Estamos trabajando muy bien», resaltaba aquel neoyorquino de 49 años, luminaria de West Point.

Como admonición ignorada, adornaba su despacho un cuadro que recreaba la retirada de Kabul de los británicos en 1842. Es conocida como «La masacre del general Elphinstone»: la guerrilla afgana mató a 4.500 ingleses en la desolación nevada.

Sembrar una democracia allí parecía una quimera. Y lo era. Trump es realista. Pero su huida dejará un Estado fallido, otra crecida radical, un nuevo santuario terrorista islámico… y vuelta a empezar.

 

 

Link  abc.es/opinion/abci-luis-ventoso-efecto-imposible-202003010049_noticia.html

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