‘Gregory’ /Isabel Coixet (XL Semanal)

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Gregory. FOTO Armel Brucelle, Getty images

 

Los lugares pequeños perdidos en medio de la nada, los pueblos apacibles, las comunidades donde todo el mundo es primo de todo el mundo me han fascinado desde niña. Las calles vacías que sólo son cruzadas de tanto en tanto por una mujer con pañoleta o un hombre acompañado de un perro sin nombre mientras una campana lejana avisa de que es la hora del ángelus, las ventanas cerradas, la atmósfera engañosamente tranquila que apenas deja traslucir qué pasa detrás de la fachada: todas esas cosas forman parte de un imaginario que, quizás porque nunca lo he vivido, siempre me ha cautivado.

Sacando el cadáver del niño del río Vologne. FOTO AFP /elcorreo.com

 

Desde 1984, cuando en una comunidad francesa apareció el cadáver de un niño de cuatro años, atado de pies y manos, ahogado en un río, no ha habido día en que la prensa del país vecino no hable del caso. El pequeño Gregory, congelado con su peto y su sonrisa en la foto de colores brillantes que ha aparecido miles de veces en la televisión, ha estado presente desde hace treinta y seis años en la vida cotidiana de los franceses. Un crimen nunca esclarecido, al que siguió otro asesinato, años de cárcel, el suicidio de un juez, el coma de otro, decenios de dolor, calumnias, acusaciones…

20 de octubre de 1984, funeral de Gregory en Lepanges-sur-Vologne. FOTO AFP /lepoint.fr

 

Es una trama trágica que parece salida de una obra de Shakespeare con toques de novela de Simenon y de película de Clouzot y acentos de reality show televisivo; es un increíble tapiz de las relaciones humanas, de la resiliencia de una pareja, los padres del niño. Y también es una muestra atroz de hasta qué punto se pueden torcer las cosas en una investigación policial y judicial que lleva a todos sus protagonistas a sufrir lo indecible en nombre de nada.

La serie de Netflix ‘Gregory’, que ahora mismo se puede ver en la plataforma, es un retrato apasionante de todo esto y de mucho más.

Escena de la serie de Netflix. (marieclaire.fr)

 

A lo largo de seis capítulos, una galería de personajes –entre los que se halla la mismísima Marguerite Duras, algunos de una estupidez asombrosa, otros de una nobleza e integridad no menos asombrosa– nos lleva a revivir una tragedia que supera la imaginación de cualquier autor de novela negra. Policías, jueces, periodistas, investigadores, familiares se enfrentan desde el hoy a unos hechos que se reconstruyen ante nuestros ojos, una y otra vez, y que son un retablo despiadado de la ruindad de la que somos capaces los seres humanos en un entorno turbio, hosco, desabrido, a veces surrealista.

Y en medio de todo esto, Jean Marie y Christine Villemin, una pareja que ni aun en los peores momentos deja de darse la mano y de creer el uno en el otro.

Christine y Jean Marie junto a un retrato de Gregory. (20mn.fr)

 

No quiero desvelar más de esta serie, de esta historia. Pero el hecho de que los padres del pequeño Gregory hayan sobrevivido al suplicio que no hizo más que empezar con la muerte de su hijo, que hayan superado las calumnias y mentiras y el barro que se vertió sobre ellos, me hace creer en la fuerza del ser humano para remontar lo que sea.

 

 

ENLACE

‘Gregory’ /Isabel Coixet, XLSemanal (España), Enero 30

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