
Dos días después de las elecciones generales del 18 de octubre, mientras el cómputo final de los comicios corroborara el triunfo del Movimiento al Socialismo anunciado por las encuestas en boca de urna, dirigentes de ese partido y del Pacto de Unidad comenzaron a reclamar puestos en los ministerios y en reparticiones de las empresas públicas. La repartija del botín electoral que es el aparato estatal desde siempre llegó esta vez a provocar conflictos entre los ganadores.
La dirección regional de El Alto, la Central Obrera Boliviana (COB) y la confederación de mujeres campesinas “Bartolina Sisa” solicitaron públicamente al menos 10 ministerios.
Los masistas alteños asumieron que les correspondía disponer de cinco ministerios, “porque hemos ganado con absoluta mayoría, con el 70% de votación”, afirmaba su principal dirigente.

Y en Cochabamba, cinco días antes de que el Presidente del Estado posesionara a su Gabinete, los profesionales del MAS se declararon en estado de emergencia porque dos hijos de exministros del anterior gobierno masista estaban en La Paz, “buscando, presionando, coimeando para obtener algún cargo en esta nueva gestión”, anunciaba uno de sus dirigentes.
Reclamar “cupos” en la administración del Estado es una vieja práctica que durante los anteriores Gobiernos del MAS adquirió nuevas dimensiones determinadas por la misma estructura de ese partido y por la bonanza que vivió el país debido a los altos precios internacionales de las exportaciones de materias primas. Bonanza que hacía mayor el interés en ejercer cargos públicos, pues como lo constató, hace tres décadas, un académico que defiende la ideología del partido azul: el Estado es en Bolivia una de las principales fuentes de enriquecimiento, ilícito, por su puesto.
Hoy no existe aquella bonanza, al contrario, la economía está en una crisis que apenas comienza y ese es un buen argumento para intentar cambiar la dinámica del “cuoteo” de la administración pública.

“Me he reunido con varias organizaciones sociales y he calculado 149 ministerios que tendría que tener, (pues) todos piden ministerios. (Pero) lo cierto es que nosotros vamos a ser muy austeros en eso”, decía el Presidente 18 días antes de posesionar a su gabinete. Un gabinete que provocó descontentos y reclamos y al que advirtió de la austeridad que imponen las circunstancias.
Esa actitud del Presidente podría ser un precedente para ampliar las perspectivas del proceso de cambio masista y eliminar para siempre la repartija del Estado convertido en recompensa por los esfuerzos y los apoyos en las campañas electorales.
Eso será posible sólo con la institucionalización de la administración pública, y ayudaría a poner freno a la corrupción.
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El botín de la discordia / Editorial, Los Tiempos (Bolivia), Noviembre 12


