Yo me Salvé con Cayetana

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Nairod, restaurante barcelonés. FOTO lavanguardia.com

Salvador Sostres /ABC (España), 23 Mar

Mientras Torra se dedicaba a hacer el mono con los cartelitos fui a almorzar con Cayetana a Nairod, extraordinario. Y viéndola tan hermosa, tan brillante y tan valiente pensé que si de verdad los independentistas quisieran la independencia, colgarían carteles con su retrato en las fachadas de todos los edificios oficiales. La libertad no es una frontera o un sello sino un estado del espíritu y cualquiera que más o menos viva intentando ser libre sabe que todo es inútil sin inteligencia, rodeado de verduleras que te dan la razón. Cayetana encarna lo que hace que este mundo merezca la pena y el trampolín en el que hay que tomar impulso para alcanzar su nivel es la posibilidad entre un millón que tenía el independentismo de conseguir su propósito, pero prefirieron a Pilar Rahola.

Y cuando Rahola es tu inspiración ya sólo es cuestión de tiempo que todo lo demás se convierta en folclore. Lo dramático para el independentismo no es el ridículo que están haciendo sus líderes sino que la turba ciega y sorda les continúe votando. Han perdido el último resorte de dignidad, el tope del final de la vía, y no lo digo como un insulto sino desolado ante el erial en el que tan difícil -y tan largo- va a ser reconstruir.

Una parte importante de la sociedad catalana, que no es mayoritaria pero tampoco despreciable, ha sido arrasada, humillada, reducida a carne amontonada por ella misma y más que un 155 necesita un exorcismo, una redención, un profundo movimiento interior: y no hace falta que se españolice, ni siquiera que renuncie al objetivo legítimo de la independencia, sino el más elemental renacimiento moral que le permita darse cuenta de cuándo está siendo insultada, pisoteada y escupida como lo fue ayer por Torra con los carteles de la Generalitat.

Pilar Rahola, periodista y política catalana. FOTO elnacional.cat

La inteligencia cuesta, los retos hay que sufrirlos y el deber de la libertad es agotador, angustioso y hay días que crees que no vas a conseguirlo. No se puede ser un hombre cualquiera para almorzar de vez en cuando con Cayetana, exactamente en la misma medida en que difícilmente se regresa de la derrota de haber preferido a Pilar Rahola.

El independentismo tomó hace años sus decisiones, eligió a sus ídolos, su camino, sus flores. Y el exilio y la cárcel, los lacitos, los cartelitos, la tremenda humillación de no distinguir el dolor de los demás sentimientos o la indigencia de Puigdemont y Torra son el final merecido, pero sobre todo inevitable de un largo y tristísimo camino.

Yo ayer me salvé almorzando con Cayetana. Nairod. La galantina de pato es un diez. Ellos estaban viendo, como cada tarde, a Rahola en TV3.

Link  https://www.abc.es/opinion/abci-salve-cayetana-201903230120_noticia.html

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