La economía es una ciencia que estudia las relaciones de producción, tanto tangible como intangible, también se encarga de analizar la producción de ideas en la sociedad, puesto que, la producción de mercancías depende constantemente de la producción ideológica.
La sociedad está sometida a un bombardeo de ideas que la determina, y es nula la opción de aprender a pensar, todo el tiempo se ve influenciada por cierta ideología dominante, o en todo caso, algunas doctrinas opcionales. Se suele olvidar que la fuente de conocimiento son las ideas en la mente de otras personas que tuvieron la oportunidad de ordenarlas y presentarlas, no obstante, es cuestionable si éstas tienen mayor validez que las que cualquiera pudiese generar. Desgraciadamente a lo largo de la historia, las personas se han visto ofuscadas, escasas de tiempo y recursos para dedicarse a cuestionar y desarrollar sus propios procesos mentales, por lo que se termina optando por conocer las cosas de manera superficial, acarreando vacíos conceptuales generados por el dogma.
Así pues, Ivan Illich expone el mito del progreso de la sociedad del perpetuo consumo: “Las instituciones industriales dotadas de herramientas supereficientes se vuelven contra sus propios fines y terminan produciendo lo opuesto de lo que se proponían: las escuelas promueven la ignorancia y la desigualdad, la medicina enferma y el transporte inmoviliza” (Beck, 2016:49). Podría parecer contradictorio el planteamiento que hace Illich a cerca del funcionamiento de la modernidad, pues en realidad lo es, sin embargo, así es como debe ser su modo de proceder, ya que, está basado en la insatisfacción de necesidades que deviene en un constante consumo, no existiría un ritmo tan acelerado de consumo si las necesidades se vieran del todo satisfechas a través de los bienes producidos. Es por esto que se requiere “una transformación de la naturaleza del deseo que genera una adicción existencial perpetua” (Beck, 2016:53), esto se hace posible al otorgar el monopolio de la satisfacción a las mercancías, así como la posibilidad de convertir cualquier actividad humana en mercancía. Entre más se consume, menos satisfacción se obtiene, esto mantiene a la sociedad en una condición tantálica, en la que el sistema se alimenta de la frustración.
Habiendo efectuado dicha declaración, Illich evalúa el sistema escolar, y lo responsabiliza del eficaz funcionamiento de la constante insatisfacción personal que aflige a la población. Pues se ha logrado que la única forma válida de saber sea el escolarizado, bajo un sistema en el que se persigue el acopio de pedazos de conocimiento cuantificables, el ascenso jerárquico en una pirámide burocrática y la interiorización de normas de consumo interminable desembocando en el atesoramiento de productos de las instituciones dominantes.
La escolarización no necesariamente tiene que ver con la educación, más bien, consiste en la acumulación de datos ordenados que develan una parte del conocimiento, en cuanto se adquiere un saber, también se es consciente de la ignorancia que lo envuelve, y para poder adquirir la información que desahogue dicha ignorancia es necesario consumir otros grados escolares, con su respectivo consumo en materiales educativos. Se trata pues, de un proceso escalonado en el que se alcanzan niveles de éxito social, así como una forma de otorgar el conocimiento institucionalizado sin revelar los medios para la obtención de dicho conocimiento. Poco importa en el sistema escolar el desarrollo de los procesos mentales para la formulación de ideas; el cuestionamiento parece innecesario ante una realidad establecida, la estructuración social tiene un origen teológico y esotérico que no es sometido a dudas ni sospechas.
¿Por qué nunca compramos lo que se nos vende sino un aproximado que deja lugar a un consumo futuro? ¿Por qué no caemos en la cuenta de que el consumo acumulativo nos hace sentir insatisfechos? Se debe a la arraigada idea de la modernidad, que reproduce la sociedad tal y como está de manera mecánica. No se está referenciando al consumismo como tal, sino a un sistema generador de necesidades, pues no todos tienen la capacidad de consumir, pero sí se encuentran subordinados a la creación de nuevas necesidades que justifican el sometimiento a jornadas laborales intensas con la promesa de generar ingresos con los que se podrán satisfacer tales necesidades: “un ser que se sacrifica a sí mismo en los altares del progreso” (Beck, 2016:55), de dónde proviene ese ideal de progreso sino del imaginario colectivo, no es una predisposición individual a consumir por creer religiosamente en la publicidad del medio, es el modelo económico concebido a forma de religión que tiene cono premisa que fuera del rito no hay salvación. Por esta razón, es necesario develar el proceder de las primicias, “hacer evidente el mecanismo de lo sagrado para así desactivarlo»(Beck, 2016:59); es preciso examinar el desarrollo y devenir de la economía. Sólo a través del cuestionamiento de la cotidianidad y del debate interno acerca de los estilos de vida se puede llegar a desenmascarar las presuntas necesidades que provocan el malestar de estar incompletos, se puede abandonar la tradición estricta del modo de ser de las ciencias y el arte, se puede imaginar la construcción de otro tipo de relaciones de producción, otro orden social con otra estructuración de la sociedad, puede suceder que el ser no se atenga a subjetividades y revocar las crisis identitarias.
En conclusión, no se está demandando la apropiación de un estilo austero, sino la identificación de las verdaderas necesidades, se invita a tener un consumo premeditado y no espontaneo. Se pretende inspirar al razonamiento y no a la simple adquisición de conocimientos, y tener en cuenta que los patrones de consumo no lo significan todo, a pesar de ser un gran peso en la estructuración del código social. Es por esto que la autora se despide con una pregunta —esperando que al lector le surjan más— ¿Qué te hace ser tú, cuando no puedes comprar tu estilo?
Referencia: Beck,H.(2016) Otra modernidad es posible. Barcelona. Malpaso Ediciones
Angie Andrey Espejel
Estudiante de Economía y finanzas

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