¿Añoranza de la Dictadura Perfecta?

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Vargas Llosa y Octavio Paz, una cuestión pendiente.

Para Emilio Minor Molina

 

“La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe.”

Jacinto Benavente

 

Cuando el Nobel peruano Vargas Llosa dijo que en México había una dictadura perfecta, los más despistados y los amigos del totalitarismo cubano tomaron tal tesis como si un elogio. La palabra Perfecta debió parecerles muy cool. ¿O acaso no es la perfección un atributo de la idea de dios? No por nada cuando preparaba la tercera dictadura norcoreana del linaje, el papá del semidivinizado Kim Jong-un postuló a su retoño “la mente más perfecta del universo”…

Si en lo anterior nota un dejo de ironía el lector está en lo cierto. Y es que dos noticas de esta semana reinstalaron al columnista en la autodefensa. Ergo, desde este bastión me atengo en lo que sigue al buen gusto moral de Borges: “Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse de lejos y no tomarse en serio”.

Una notica infausta es la consulta fraudulenta, mocha y demagógica sobre el NAICM. La otra, no menos triste y absurda es la pendenciera y también demagógica permisividad de los gobiernos de Peña y López hacia la caravana centroamericana que cual lanceta ha clavado a México el chirrión por el palito.

Ambas señales son contrarias al ideal democrático basado en libertades y en el imperio de leyes. Al respecto cabe preguntar ¿cuánto lleva ya nuestra “transición a la democracia” y cuánto se prolongará aún? Acaso México hubiera culminado ya su interminable democratización si se hubiera planteado responder con rigor a una pregunta indispensable, de abc básico.

Gesta de Pemex, casa chica de la clase gobernante.

 

La pregunta incómoda es esta: Dado que políticos y periodistas, empresarios y diletantes, intelectuales y académicos  coinciden en que hacia 1994 inició México una transición hacia la democracia, ¿entonces bajo qué régimen vivimos antes de ese año?

¿Fueron tan dictadores como el general Porfirio Díaz o nomás poquito, los militares Plutarco Calles, Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila y Adolfo Ruiz? ¿También los civiles Miguel Alemán, Adolfo López, Gustavo Díaz, Luis Echeverría, José López, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas -y tal vez Ernesto Zedillo?

Todavía en 1990, en el marco del programa Siglo XX: la experiencia de la libertad, trasmitido a través de cable por Televisa, Mario Vargas Llosa se saltó la tranca fijada por Octavio Paz (la idea era hablar solamente de las dictaduras de Europa del Este tras el derrumbe del muro) al definir al régimen político de México como una “dictadura perfecta” agravada por la simulación.

Las palabras textuales de Vargas Llosa, reproducidas por el diario español El País, son estas: «Espero no parecer demasiado inelegante por decir lo que voy a decir. Yo no creo que se pueda exonerar a México de esa tradición de dictaduras latinoamericanas. Creo que el caso de México, cuya democratización actual soy el primero en aplaudir, como todos los que creemos en la democracia, encaja en esa tradición con un matiz que es más bien el de un agravante. México es la dictadura perfecta”.

https://elpais.com/diario/1990/09/01/cultura/652140001_850215.html

“La dictadura perfecta” –agregó- “no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México. Es la dictadura camuflada. Tiene las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Y de un partido que es inamovible.»

Por mi parte creo no haber exagerado al decir que algunos periodistas, políticos y sobre todo numerosos universitarios tomaron tal definición como un piropo (la universidad pública de México acogió desde un principio, desde el famoso debate Caso-Lombardo con simpatía desbordada los totalitarismos soviético y maoísta, lo mismo que sus sucesivas ramificaciones).

Confusión nacionalista.

 

Mas ¿a qué se refería Vargas Llosa al describir perfecta la dictadura mexicana? Apenas esbozó dado el escaso tiempo disponible, ante un Paz glacial y sin duda algo molesto, un par de indicios.

«Yo no creo que haya en América Latina ningún caso de sistema de dictadura que haya reclutado tan eficientemente al medio intelectual, sobornándole de una manera muy sutil.” «Es una dictadura sui géneris, que muchos otros en América Latina han tratado de emular. Tan es dictadura la mexicana, que todas las dictaduras latinoamericanas desde que yo tengo uso de razón han tratado de crear algo equivalente al PRI.”

El anfitrión del monopolio de Azcárraga, el mexicano Paz atinó a oponer al peruano apenas un lugar común extraído del marxismo de Gramsci. Negó que fuera dictadura porque a juicio suyo lo “fundamental y esencial” es que no era dictadura militar. «Lo de México no es dictadura, es un sistema hegemónico de dominación, donde no han existido dictaduras militares. Hemos padecido la dominación hegemónica de un partido.”

Mas ¿acaso sólo hay dictaduras militares? Y ¿son las dictaduras china, cubana y algunas teocracias musulmanas asimismo “hegemónicas”?

CTM pilar de la dictadura perfecta.

 

La debilidad de la réplica de Paz es muy evidente, pues precisamente las dictaduras comunistas del siglo XX, encabezadas a veces por “militares” como Mao y los Castro Ruz, la mayoría de las veces –sobre todo a partir de estabilizadas- estuvieron gobernadas por civiles.

La digresión engarza con la consulta del NAICM y también con la caravana centroamericana, porque aún más que a Juárez, López Obrador y sus camaradas remiten su ideario al general Lázaro Cárdenas.

Vuelta a la pregunta: ¿Cárdenas, el paradigma del lopezobradorismo fue un dictador?

El problema para definir en términos políticos al Tata Cárdenas es cierta aureola de héroe derivada del incidente de la expropiación petrolera, alimentada por imágenes de gente humilde contribuyendo con animales de granja y cualquier cosa de valor al fin de pagar los bienes expropiados a las compañías petroleras.

Dicha hazaña nacionalista (el nacionalismo suele ser ciego, si no siempre casi) oscurece la cuestión al relegar a un segundo plano la herencia propiamente política de Cárdenas, por entero contraria al ideal democrático y bastante más cercana al modelo soviético.

Campesinos, el otro pilar.

 

Hablo de la reestructuración del PNR de Calles como PRM. Téngase presente que merced al general, el progreso personal de una gran mayoría de mexicanos dependió a partir de 1936 de su incorporación a la CTM, la CNC (1938) y –sobre la base de la FSTSE y el SNTE- la CNOP (1943).

En efecto, la posibilidad de laborar en una fábrica de tamaño bastante para soportar un sindicato implicó para los trabajadores quedar automáticamente encuadrados en una corporación y por ese conducto en el partido “oficial”; y asimismo el campesino sin tierra que aspirara a una parcela de lo expropiado al calor de la reforma agraria. No sería muy distinto el caso de los burócratas, empleados públicos y profesionistas sujetados por la CNOP.

Tal situación perduró con cambios poco sustanciales tras la refundación del PRM como PRI en 1946, y durante todo el resto del siglo XX.

Que el México fraguado por los generales Calles, Cárdenas y Ávila fue cualquier cosa menos una democracia, salta a la vista al observar que apenas hasta 1989 cedió una gubernatura a la oposición; y que desde la elección extraordinaria de 1929 en que Pascual Ortiz obtuvo 94% de los votos, diez candidatos del partido en el gobierno ganaron sucesivamente con porcentajes netos atípicos en democracias genuinas y muy similares a los de dictaduras que emplean urnas (Cárdenas 98%, Ávila 94%, Alemán 78%, Ruiz 74%, López Mateos 91%, Díaz 88%, Echeverría 83%, López Portillo 95%, De la Madrid 74%). (Salinas ganó con 51% de la votación efectiva el año del crack del modelo, 1988; misma cifra neta obtenida seis años después por Zedillo.)

Partido oficial, aplanadora electoral.

 

Los mexicanos no estamos, pues, capacitados en cultura democrática. Lo que aprendimos fue algo quizás peor que vivir bajo una dictadura: la simulación a la vista de todos de las reglas y principios de la democracia occidental. Una mascarada que todos sabían (sabíamos) que lo era.

De hecho, el modelo organizacional de la dictadura perfecta perdura hasta la fecha detrás los entretelones de la “transición a la democracia”.

La pasada elección de julio dio prueba de dicha penuria democrática cuando los votantes agraviados por la corrupción y la impunidad de que gozan los criminales en el país, dio un salto masivo al vacío al renunciar a su facultad de elegir con responsabilidad a cada legislador y gobernador, en acatamiento a la convocatoria de “votar parejo” solicitada por el tercer López, sin duda el político más popular del último medio siglo mexicano.

El Tata, modelo de López Obrador.

 

Llegado a este punto debo decir que me abstuve de votar el pasado 1 de julio. Aunque estaba convencido de la imperiosa necesidad de una alternancia dado el fracaso mayúsculo del bloque PAN-PRI-PRD en las prioridades de frenar el narcotráfico y la criminalidad asociada al negocio, así como en hacer valer la justicia basada en leyes igualadoras, y asimismo veía con buenos ojos que AMLO llegara a la presidencia porque la democracia se basa en la voluntad libre de los conciudadanos, sin embargo albergaba serias dudas acerca de la cultura política del hoy presidente electo.

No me arrepiento de no haber votado.

En este momento lamento mucho que la saludable, esperanzadora expectativa de un cambio a fondo no se encamina a juzgar por los indicios más recientes, en un sentido democrático.

En efecto, la grosera mascarada de la consulta NAICM confirma que López tiene por la democracia genuina el mismo respeto que los comunistas del siglo xx tenían por la “democracia burguesa”. Su apuesta complementaria de usar a los pobres centroamericanos como misiles humanos contra “el imperio”, confirma las peores sospechas acerca de su identificación con el bloque de las dictaduras “sociales” cuyo paladín es en la Latinoamérica de nuestro tiempo el parlanchín y delictuoso Nicolás Maduro.

Entristece advertir que el México que el 1 de julio protagonizó una gallarda rebelión pacífica contra la asfixiante partidocracia, podría comprobar en carne propia el apotegma según el cual a diferencia del cuerpo humano que llegado a cierto punto colapsa y muere, el cuerpo social siempre puede enfermar un poco más, interminablemente.

Ahora la pregunta es: ¿así mismo como la consulta del NAICM estarán elucubrando López tercero y sus cuates hacer el referéndum de mitad de sexenio? Si les ganara la impudicia posiblemente será aprobado López en 2021 o 2022 con un porcentaje similar a las cifras oficiales de la dictadura perfecta.

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