El día de hoy es una fecha especial, ya que, en este día en 1926, en la ciudad de Poitiers, Francia, nace Michel Foucault. Uno de los filósofos más trascendentes en la historia de las ciencias sociales gracias a sus estudios sobre las relaciones de poder, y temas polémicos como la sexualidad. Debido a su gran trayectoria, escribiré -en su honor- una breve reflexión con base en el orden del discurso donde estableceré la relación de éste con el modelo económico actual y su divulgación.
El orden del discurso es una afamada cátedra de este autor, en la cual despide a su ya difunto maestro Jean Hyppolite a la vez que toma su lugar como profesor de dicha materia. En esta cátedra Foucault ofrece una vista del desarrollo de su investigación en torno a la composición del discurso y su funcionamiento en la sociedad.
El discurso es la forma en la que se estructuran los conocimientos de acuerdo a la “verdad” definido por la sociedad en la que se desarrolla. Dicho discurso tiene su origen en los griegos quienes comenzaron a hacer una clara distinción entre la verdad y la no verdad, sin embargo, la diferencia entre la verdad y la no verdad es ambigua, ya que, lo que es considerado verdad, no es más que un conjunto de instrumentos que delimitan lo verdadero. Este supuesto deseo de verdad es en realidad deseo de poder, pues el discurso cuenta con procesos de control y delimitación que aseguran su reproducción, y esto puede tener diferentes fines, entre los más específicos encontramos los políticos y económicos.
El discurso cuenta con principios de ordenación, esta ordenación se hace con base en la complejidad de distribución y el grado de dominación que ejerce el mismo. De acuerdo con este planteamiento, se divide en tres momentos: En primer lugar se encuentra el comentario, la presentación más cotidiana, en segundo lugar tenemos los autores, una versión más articulada y por último contamos con la disciplina, el más restringido.
El comentario se refiere a discursos que se repiten y no tienen un origen determinado, nadie sabe de dónde provienen con exactitud, es como si formaran parte de nuestras propias ideas y al comentarse, desaparecen. Un claro ejemplo de comentario en la economía es: “Los pobres son pobres porque quieren” esto va ligado al supuesto de que la gente pobre no trabaja lo suficiente ya sea porque es floja o porque no ha procurado educarse. Esto puede distar de la realidad, sin embargo a pesar de la desigualdad que se vive, este comentario ha sido suficiente para justificar el actuar de las fuerzas del modelo económico, y ha logrado predisponer a la gente a creer que si no logra un nivel de vida decente la culpa no está en la asignación sistémica de los recursos, sino en el individuo que no tuvo acceso a éstos. Otro comentario popular -que se emplea con motivos ya sea de superación personal o como solución a problemas en las comunidades- es: “El cambio está en uno mismo” este enunciado aparenta no tener relación con el anterior, no obstante, tienen el mismo fin, individualizar un problema social responsabilizando a cada persona por una problemática que probablemente escapa a su control. La creencia de que un cambio personal puede beneficiar al colectivo nos lleva a pensar que estos cambios particulares devienen en un cambio general. Y al ser el cambio una responsabilidad de cada individuo, la falta de una mejora social es simplemente atribuida al egoísmo de los individuos y no a la posible causa sistémica que hay detrás.
Después del comentario el cual tiene firmes conjeturas que se viven en el día a día, existe un enrarecimiento en el orden del discurso que da paso al segundo momento de su clasificación, el autor. El autor es un principio de agrupación de fórmulas técnicas que se transmiten en el conocimiento y sirve para darle origen a sus significaciones; a diferencia del comentario, se tiene una noción de la procedencia de las ideas, aunque muchas veces quede en el anonimato de una teoría y no se tome en cuenta como tal al autor específico. Así pues, en la economía es común convocar a Adam Smith cuando se trata de discutir sobre el libre mercado, pues fue él quien nombró el funcionamiento de las fuerzas del mercado como la mano invisible, y es por esto que de su teoría destaca la no intervención del gobierno en la economía. Sin embargo, este argumento es una versión descontextualizada e insuficiente de toda la teoría que desarrolló Smith, quien también expresó su preocupación por la formación de privilegios derivados de la acumulación de la riqueza y la inminente intensificación de la desigualdad. Si bien se ha malinterpretado se debe a que muchos de los que lo mencionan no lo leen de primera mano, sino que atienden a interpretaciones de terceros lo que provoca el enrarecimiento del discurso.
El análisis del autor nos da un mayor acercamiento a la disciplina, pues el discurso en este momento comienza a tener un origen y una teoría respaldada por un creador, que da pie a la formación de una dominación más contundente pero menos explícita. Por último tenemos que el tercer momento del discurso es la disciplina, definida como una serie de recursos infinitos para la creación de los discursos a los cuales solo se tiene acceso tras cumplir complejas y graves exigencias para pertenecer a ésta. Esta modalidad del discurso es únicamente difundida a través del sistema educativo que determina las condiciones de su utilización e imposición de cierto número de reglas que lo enrarece. En el caso de la economía estas herramientas se ven representadas por los modelos econométricos, a los cuales poca gente tiene acceso en cuanto a su compresión y aún menos gente tiene acceso a su creación. Esto no quiere decir que esta parte del discurso no se vea manifestada, simplemente no se ve divulgada la técnica. Un ejemplo de la manifestación de este tercer momento es la aparición de la tabla de acciones de la bolsa de valores en una esquina del televisor cuando se sintonizan las noticias, dicha tabla es inútil a primera vista, pues alguien que invierte en la bolsa no se informará de su estado a través de ese pequeño e ilegible recuadro, mientras que para alguien que no invierte en la bolsa ese recuadro es irrelevante. Sin embargo, la función de esta tabla no es informar sino únicamente hacer visible la posición de poder que tiene la bolsa de valores en una economía, y este mensaje de superioridad no requiere de un complejo estudio para ser entendido.
En conclusión, podemos afirmar que no todas las partes del discurso son igualmente accesibles e inteligibles, pero gracias a los estudios de Michel Foucault y otros filósofos podemos identificar la disolución de las relaciones de poder institucionalizadas y así cuestionarnos la adquisición de nuestros conocimientos y la formación de nuestros principios. Con esto dicho, espero que el lector se sienta próximo a contestar la pregunta con la que se abrió este artículo y haya disfrutado su lectura.
Fuente: Foucault, M. (2016) El orden del discurso. Ciudad de México. Marginales Tusquets.

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