Comer chocolates mejora el flujo sanguíneo, disminuye la presión arterial, inhibe la depresión y eleva la autoestima de las personas al favorecer la liberación de endorfinas que nos hacen sentir felices, informó la delegación Tlaxcala del IMSS.
Al recomendar el consumo del delicioso alimento compuesto básicamente de masa y grasa de cacao combinadas con azúcar, el IMSS parte del buen juicio de Luis Gonzalo Zúñiga Zamora, un dermatólogo adscrito al Hospital General Regional no. 1 de Cuernavaca, Morelos.
El Dr. Zúñiga ha concluido que dicho alimento cuya invención como bebida se atribuye a los olmecas y fue adoptado ampliamente por mayas y nahuas, es notablemente rico en nutrientes, antioxidantes y grasa vegetal que fortalece el sistema nervioso, y asimismo ayuda a controlar dos grasas naturales asociadas a problemas cardiacos, el colesterol y los triglicéridos.
Las conclusiones de Zúñiga desmienten una creencia común que preocupa sobre todo a los adolescentes, pues a decir del especialista el xocolātl de los prehispánicos no causa acné.

Sin embargo, el galeno advierte a los entusiastas que así como en cualquier alimento, los beneficios del chocolate dependen de la cantidad que se consuma. Al respecto, recomienda no exceder 20 gramos al día.
ALGO DE HISTORIA
El chocolate fue dado a conocer directamente por Hernán Cortés a la corona española, y durante el siglo xvi bebido secretamente (acaso a sabiendas de sus virtudes afrodisiacas) por las damas de la corte del prolífico Carlos V, genitor de seis hijos legítimos con Isabel de Portugal y algunos reconocidos en Germana de Foix, Juana van der Gheest, Orsollina della Penna y Bárbara Blomberg, así como incontables entre plebeyas guapas de todo el Sacro Imperio Romano Germánico.

Posteriormente, el chocolate fue exportado en grandes cantidades por las órdenes religiosas, particularmente los jesuitas que le preparaban en cuadritos para facilitar el traslado y le añadieron azúcar en sus conventos peninsulares.

En Inglaterra, un club de chocolateros sustituyó el agua por leche hacia mediados del siglo xvii, cuando aparecen los primeros trastes especializados, incluyendo unas chocolateras equipadas con molinillo para revolver y hacer más espumosa la bebida. Para entonces el cardenal Brancaccio había saldado un debate teológico derivado del apasionamiento de los monjes por la bebida, al concluir que “liquidum non frangit jejunum” (el líquido no infringe el ayuno).

Ya en el siglo xviii, el padre de la taxonomía, el gran naturalista sueco Linneo –del que ha dicho Strindberg fue “un poeta convertido en naturalista” y elogiaron Rousseau y Goethe- clasificó al cacao con el nombre científico Theobroma, que literalmente significa “alimento de los dioses”.



