Adiós Martha

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Con ella puedes aprender muchas cosas, desde política hasta asuntos culinarios, por ejemplo, el epazote se pone en el último hervor de la comida o de lo contrario se amarga.

Aprendimos a conocernos, uno comparte ciertas etapas de la vida con personas que te cambian la manera de verla. Llegan por algo y por algo se van.

Ella es, en toda la extensión de la palabra una mujer en quien puedes confiar política y personalmente, franca, aguerrida, humana, sensible y humilde. Esta última cualidad es la que más le admiro como mujer y persona.

La humildad para ganar y perder, caerse, mantenerse y continuar. Qué lección más bonita.
Tengo en la cabeza el día que nos presentaron y un montón de anécdotas que me arrebatan sonrisas; su mirada cuando mis ocurrencias rebasaban su capacidad de asombro e incluso, el tono de su voz para solicitarme las cosas.

No creo haberle enseñado nada, al contrario, trabajar con personas como ella te obliga a hacer ágil la mente.

Pese a las tempestades siempre confió en mí y me dio libertad para actuar y pensar por cuenta propia.

Decimos adiós cuando algo concluye, para despedirnos, saludar o agradecer, pero también como parte de los grandes procesos de cambio.

Esos que debemos afrontar porque nada es para siempre, excepto el amor por la familia, otra virtud que le puedes aprender.

Personalmente este camino me llenó de satisfacción, aprendí y me equivoqué lo suficiente, acepté el reto y crecí, conocí personas increíbles, hice nuevos amigos, algunos que conservaré para el resto de mi vida.

Gracias Martha, por la forma generosa de enseñarme para qué sirve el poder, gracias por ponerlo al servicio de la gente, por las dosis de realidad que pude vivir colaborando contigo, por la amistad y consejos, por acogerme en tu casa, tu mesa y tus afectos.

Para ti y los tuyos siempre mi gratitud, respeto y cariño. C´est fini.

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